Adentro de la ballena: la nota pendiente con el padre
Brian Duffield mete a su protagonista en el estómago de un cetáceo y de ahí lo saca a empujones, entre flashbacks y diálogos con un fantasma. Austin Abrams carga con todo el peso. Crítica desde el llano.

Había una vez un tipo que se metió en una ballena. No como Jonás, sino como Avery, el personaje de Austin Abrams en "Whalefall", que arranca la película ya adentro del bicho, sin escalas, sin prólogo. Uno lo ve aparecer entre jugos gástricos y penumbras y piensa: acá no hay respiro. Y no lo hay. El filme de Brian Duffield, que se vio en el Festival de Toronto y empieza a rodar por distintas pantallas, propone exactamente eso: supervivencia pura, claustrofobia con olor a podrido y un reloj corriendo en contra.
Hasta ahí, todo dentro de lo esperable para un thriller de encierro. Lo interesante, y lo que a mí me terminó enganchando más allá de los trucos, es que Duffield no se queda en la excursión de género. Le agrega encima un drama familiar que pesa como un ancla: el pibe adentro de la ballena mantiene conversaciones con su viejo muerto. El padre reaparece en flashbacks, en diálogos imaginados, en reproches a medio decir. La ballena es una trampa, sí, pero también es la excusa para revisar una relación que se rompió sin ceremonia.
Un Abrams solo contra todos
Austin Abrams carga con la película entera encima, y no es metáfora barata. Lo conocimos en papeles más jóvenes, juveniles casi, y acá se nota el estiramiento: el tipo hace de hijo dolido, de náufrago involuntario y de interlocutor de un fantasma, todo al mismo tiempo. Le creo el cuerpo tenso, le creo el cansancio, le creo las ganas de putear al padre y de pedirle ayuda en la misma frase. Cuando el filme funciona, funciona por él.
“Andá contando lo que no dijiste a tiempo, que la ballena te lo va a cobrar.”copla que me quedó sonando
- El arranque es de los más arriesgados que vi en el año: meterse en la panza de una ballena sin aviso y dejar al espectador acomodándose en la butaca como puede.
- El diseño del interior del cetáceo está muy bien resuelto, con esa sensación de orgánico y viscoso que mete olor, no sólo imagen.
- La dupla acción-drama funciona cuando el peso emocional corre por cuenta del vínculo padre-hijo y no por golpes de efecto.
- El tramo final apela a imágenes generadas por computadora que crecen en escala, aunque no siempre convencen del todo.
- La lectura final depende mucho de la butaca: a algunos los va a sacudir, a otros los va a dejar fríos.
A mí, si me preguntan en la barra del bar, me recordó bastante al clima de "Ad Astra": ese padre lejano, esa distancia que se mide en años luz, esa búsqueda que es también una despedida. Si a ustedes esa frecuencia les entra, van a salir sacudidos. Si no, van a sentir que la ballena fue una excusa demasiado extravagante para una historia chica. Y las dos lecturas son honestas, ojo. El filme no pide perdón por ser raro, y eso ya es muchísimo en un mercado que tiende a redondear los bordes.
Lo que no me cierra del todo es la zona de los escapes: hay secuencias que uno ve venir desde la butaca de al lado y que se reiteran con el margen de maniobra que da una panza de ballena, que no es mucho, dicho sea de paso. Pero incluso cuando la mecánica se vuelve repetitiva, queda el hueso del asunto: hablar con los que ya no están, pedirles lo que nunca pedimos, y aceptar que la respuesta llega tarde, si llega.
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