Oña, en Burgos: un monasterio que reúne románico, gótico, mudéjar y barroco
Con panteón real, claustro gótico y frescos del siglo XIV, el antiguo cenobio benedictino del norte burgalés ofrece un recorrido completo por distintos estilos artísticos.

En el norte de la provincia de Burgos, a una hora de la capital, se encuentra la villa de Oña, un pueblo de unos mil habitantes asentado en un valle de la comarca de La Bureba. Allí se levanta el monasterio que da sentido al lugar, un conjunto benedictino que figura entre los monumentos más completos de Castilla y León.
El cenobio fue fundado en 1011 por el conde Sancho García y su esposa, la condesa Urraca, como abadía dúplice, con comunidades de monjes y monjas bajo la dirección de la primera abadesa, la infanta Tigridia. Años más tarde, en 1033, el rey Sancho III de Pamplona dispuso la expulsión de las religiosas y vinculó la casa a la orden benedictina y a la regla cluniacense.
Un conjunto de estilos superpuestos
El monumento fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931. Su conjunto combina arquitectura románica, gótico hispano-flamenco, mudéjar y barroco en un mismo recorrido. La iglesia mide 83 metros de largo, 20 de ancho y 18 de alto, dimensiones más propias de una catedral, y el gran pórtico románico de la fachada anticipa esa escala al visitante antes de cruzar la puerta.
La capilla mayor, el panteón y el camarín
La capilla mayor reúne las piezas más destacadas del monasterio. Su bóveda, de 400 metros cuadrados, fue diseñada por Juan de Colonia y ejecutada por Francisco Díez de Presencio en 1450. Allí se encuentra también el panteón de la realeza castellana, realizado en nogal y boj con tallas detalladas, que se considera una muestra singular del arte funerario medieval en Europa.
El camarín conserva frescos de Francisco Bayeu, cuñado de Goya. En el crucero, el órgano barroco de 1786, con más de 1.100 tubos, sigue en uso para conciertos, mientras que en el muro lateral aparece un fresco gótico lineal que narra la vida de Santa María Egipciaca. Fue descubierto de manera casual durante unas obras realizadas en 1970 y se conserva en un estado llamativamente bueno.
Sacristía, sala capitular y claustro
La visita incluye la sacristía herreriana, hoy convertida en museo, donde se exhiben mortajas medievales de seda e hilo de oro. Antes de llegar al claustro gótico de Simón de Colonia, el recorrido pasa por la sala capitular románica, y el patio, decorado con sepulcros, se cubre con bóvedas de crucería.
Para planificar la visita, la entrada general cuesta 4 euros para adultos e incluye audioguía. Los sábados y festivos se ofrecen visitas guiadas, y los horarios son más acotados que en otros monumentos más concurridos, por lo que conviene consultarlos antes de viajar.
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