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La península de Quetrihué reúne la mayor concentración de arrayanes de la Patagonia andina

A unos 470 kilómetros de Neuquén capital y sobre las aguas del lago Nahuel Huapi, el Bosque de Arrayanes de Villa La Angostura ofrece un paisaje singular por la coloración de sus cortezas y la posibilidad de combinar caminata y navegación lacustre.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente · 7 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A casi mil metros de altura sobre el nivel del mar y a unos mil trescientos kilómetros en línea recta hacia el sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, la pequeña localidad de Villa La Angostura se recuesta sobre la margen norte del lago Nahuel Huapi, en el extremo noroeste de la provincia del Neuquén, en un punto donde la estepa comienza a rendirse ante la humedad que llega desde el Pacífico y donde el modelado glaciar dejó penínsulas, bahías y brazos de agua dulce que hoy componen uno de los paisajes más visitados de la norpatagonia argentina.

Dentro de ese escenario se levanta la península de Quetrihué, una lengua de tierra rodeada por aguas frías y cristalinas que el Parque Nacional Nahuel Huapi administra como una de sus áreas más reconocidas, y que en sus pocas hectáreas concentra uno de los rodales más notables de arrayán (Luma apiculata) que se conocen en los bosques andino-patagónicos.

Un bosque de cortezas canela y luz filtrada

El protagonista del lugar es el arrayán, un árbol nativo de los bosques templados del sur que rara vez supera los diez metros de altura y que se distingue por una corteza lisa que se desprende en finas láminas, dejando al descubierto tonos canela, rojizos y anaranjados que varían según la humedad y la luz. Cuando el sol atraviesa el follaje, algunos sectores del bosque parecen iluminarse desde adentro, y el contraste con el verde oscuro del sotobosco y con el azul del lago termina de configurar un paisaje que los visitantes suelen describir como poco habitual para la Patagonia.

Aunque la especie aparece de manera dispersa en otros puntos de la cordillera y del litoral lacustre, la densidad y el porte que alcanza en Quetrihué hacen de este enclave un caso excepcional, donde los arrayanes conviven con coihues, cipreses y otras especies del bosque andino y comparten costas con aguas que rara vez superan los quince grados incluso en pleno verano.

Dos formas de llegar y una tercera en combinación

  • A pie o en bicicleta de montaña por el sendero que parte desde Bahía Mansa, se interna de manera progresiva en el bosque y atraviesa distintos ambientes naturales hasta alcanzar la península.
  • Por el lago Nahuel Huapi, embarcándose en una excursión lacustre regular desde el puerto de Villa La Angostura, con la cordillera, la costa boscosa y la propia península como parte de un mismo panorama.
  • Combinando ambos trayectos, caminando en un sentido y regresando en lancha, una opción frecuente entre quienes disponen de toda una jornada.

Cómo llegar desde San Salvador de Jujuy y desde la capital neuquina

El acceso más habitual para los viajeros que llegan desde la capital provincial se realiza por la ruta nacional 22 hacia el oeste, luego por la 237 y finalmente por la ruta nacional 40, en un recorrido de aproximadamente 470 kilómetros que demanda varias horas de viaje y que presenta condiciones muy distintas según la época del año, ya que en invierno y parte de la primavera la nieve puede dificultar la circulación por algunos tramos de montaña.

Recomendaciones para una visita responsable

La administración del Parque Nacional Nahuel Huapi solicita a los visitantes mantenerse en los senderos señalizados, no extraer ningún elemento natural, retirar los residuos generados y respetar la cartelería que indica los límites de circulación y el estado de los sectores habilitados. Antes de viajar se recomienda verificar el estado de las rutas y las condiciones meteorológicas, y confirmar la disponibilidad de los servicios de navegación, cuya frecuencia varía según la temporada.

Para quienes necesiten planificar, conviene tener en cuenta que la temporada alta coincide con el verano austral, cuando los senderos están plenamente habilitados y las excursiones lacustres operan con mayor frecuencia, mientras que en otoño el follaje y la luz bajas suelen regalar la postal más fotográfica del bosque, y en invierno el acceso puede quedar restringido por las condiciones de la montaña.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente

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