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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una canción a elección baja el dolor de la aguja: lo que midieron en Zúrich

Un estudio con 218 pacientes que iban a una resonancia magnética comprobó que escuchar la música preferida redujo el dolor de la punción intravenosa. La música de relajación, en cambio, no ofreció alivio frente al silencio.

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Celeste CondoríEducación y salud · · 2 min de lectura
Una canción a elección baja el dolor de la aguja: lo que midieron en Zúrich

218 pacientes adultos pasaron por el Hospital Universitario de Zúrich para una resonancia magnética con contraste. Antes de que les clavaran la aguja en el brazo, el equipo de radiología les preguntó qué música querían escuchar. La mayoría eligió sus canciones de siempre. Y reportó, en una escala del uno al diez, menos dolor que quienes pasaron por la misma punción en silencio.

El dato, publicado en la revista Frontiers in Pain Research, es concreto: la música preferida redujo el dolor tanto a los treinta segundos como a los dos minutos de la inserción de la vía intravenosa. No importaba si el paciente llegaba con dolor previo o sin él: en los dos casos, el alivio fue estadísticamente significativo.

Cuatro grupos, una sola diferencia

El ensayo repartió a los pacientes en cuatro grupos: sin música, con su canción o artista favorito, con Mozart y con música de relajación tipo spa. La medición se hizo en cuatro momentos: antes de la punción, durante, a los treinta segundos y a los dos minutos de finalizado el procedimiento.

“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal.”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich

Mozart también alivió, pero solo en quienes ya tenían algo de dolor antes de la aguja. La música de relajación, en tanto, dio un resultado similar al silencio: no aportó ni quitó nada.

Por qué funciona la canción propia

Garcia Alzamora explicó que la música de relajación suele tener un ritmo lento, volumen bajo y pocas variaciones. Es fácil de ignorar. En cambio, una melodía conocida y emocionalmente significativa exige atención: uno la sigue mentalmente, tararea, recuerda. Esa distracción activa compite con la señal de dolor y le roba espacio en el cerebro.

El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró un límite del estudio: se midieron punciones de corta duración. Falta saber si el beneficio se sostiene en procedimientos más largos o más invasivos. El equipo también propuso comparar la música con algo tan simple como una persona que hable con el paciente durante la aguja. A veces, me parece, la compañía bien entendida puede ser tan eficaz como la mejor playlist.

CC
Celeste CondoríEducación y salud

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