Un mismo salón, dos westerns: el rincón de Leone que se repite
El local donde Ninguno conversa con Don John ya había servido de escenario en una película de 1968, con Henry Fonda y Claudia Cardinale como protagonistas.

Hay películas que se ven una vez y se olvidan, y otras que, cuando uno presta atención, dejan detalles escondidos esperando a que alguien los encuentre. Con Mi nombre es Ninguno, el western de 1973 con Terence Hill y Henry Fonda bajo la producción de Sergio Leone, me pasó algo parecido: el salón donde Ninguno conversa con el pistolero Don John, alrededor del minuto 52, ya había aparecido cinco años antes en otra película de Leone.
Se trata de Hasta que llegó su hora, dirigida por Leone en 1968 y protagonizada por Henry Fonda, Claudia Cardinale y Charles Bronson. Allí, el mismo edificio funciona como escenario de la subasta en la que el personaje de Cardinale pelea por su propiedad, presionado por los hombres del villano Frank. Es el mismo lugar, pero con otra carga emocional, y eso es lo que más me llama la atención.
Qué se repite en el decorado
El salón fue reconstruido y modificado entre una filmación y la otra, pero conserva elementos que permiten reconocerlo sin dudas. Si uno se fija con atención (y yo me fijé, con lupa y todo), aparecen en las dos películas:
- Paredes de ladrillo blanco
- Columnas de madera
- Un balcón elevado
- Lámparas colgantes en el techo
La razón de la coincidencia es bastante simple: Leone produjo ambas películas, así que el equipo de producción tiró de un decorado que ya estaba armado. Mi nombre es Ninguno fue dirigida por Tonino Valerii, pero el productor tenía la última palabra sobre qué se reciclaba y qué no, y acá el reciclaje tuvo su gracia.
Lo que más me gusta de esta historia es el contraste. En 1968, el mismo espacio carga con tensión dramática y violencia implícita. En 1973, sirve para un intercambio cómico entre dos pistoleros. Son registros opuestos dentro del mismo género, y uno termina pensando que un buen rincón de cantina puede aguantar tanto el drama como la ironía, siempre que alguien sepa para qué lo está usando.
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