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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Qué le ponés al huevo puede cambiar tu riesgo cardiovascular: la ciencia detrás del plato

Verduras, avena, palta y papa con piel suman nutrientes que ayudan a controlar la presión y el colesterol. Especialistas y organismos internacionales coinciden en mirar el conjunto de la comida, no solo la yema.

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Celeste CondoríEducación y salud · · 3 min de lectura
Qué le ponés al huevo puede cambiar tu riesgo cardiovascular: la ciencia detrás del plato

Una de cada tres personas adultas en la Argentina tiene la presión arterial elevada, según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo. Para los 40, 50 y 60 años, la cocina de todos los días se vuelve un terreno clave: el huevo solo no define el riesgo cardiovascular, lo define el plato entero.

Preparar huevos con verduras, cereales integrales y grasas insaturadas permite sumar nutrientes vinculados con el cuidado del corazón. La cantidad de sal y la presencia de fiambres o manteca también cuentan, y mucho. Te cuento qué aportan la avena, la espinaca, la papa con piel y la palta, y cómo usar condimentos y métodos de cocción para mejorar la composición del plato.

El poder del potasio y la fibra

El potasio cumple una función complementaria al control de la sal: favorece la eliminación de sodio por los riñones y ayuda a relajar las paredes de las arterias. La Organización Mundial de la Salud advierte que el consumo elevado de sal aumenta la retención de agua en la circulación y eleva la presión arterial. Por eso, sumar vegetales y moderar el sodio son decisiones que van de la mano.

La papa cocida con piel aporta potasio y fibra, y la espinaca permite incorporar ambos nutrientes sin necesidad de recurrir a salsas procesadas. Un truco simple: cocinarlas al vapor o al horno, y darles sabor con hierbas aromáticas, especias o jugo de limón. Estos recursos permiten reducir el uso del salero sin resignar sabor.

Colesterol: la yema no es la villana

La Escuela de Salud Pública de Harvard indica que el colesterol presente en la yema tiene un impacto reducido sobre los lípidos sanguíneos en personas sanas. Lo que sí pesa es lo que rodea al huevo en el plato. La fibra soluble de la avena, por ejemplo, puede ayudar a disminuir el colesterol LDL, el conocido como "malo".

La explicación está en el proceso digestivo. El beta-glucano de la avena forma una sustancia viscosa que favorece la eliminación de sales biliares, según Mayo Clinic. Para reponerlas, el hígado utiliza colesterol presente en la sangre. Ese efecto cobra sentido dentro de un patrón alimentario sostenido en el tiempo, no como solución de una sola comida.

Grasas que suman, grasas que restan

También importa qué grasas acompañan al huevo. Reemplazar manteca y embutidos por opciones con grasas insaturadas, como palta o salmón, mejora la composición de la comida. El salmón aporta, además, ácidos grasos omega 3 que contribuyen a reducir los triglicéridos, otro marcador clave para la salud del corazón.

  • Verduras al vapor o al horno: espinaca, acelga, zapallo, zanahoria.
  • Cereales integrales: avena arrollada, arroz integral, pan de salvado.
  • Grasas insaturadas: palta, aceite de oliva extra virgen, salmón, nueces.
  • Papa con piel: fuente de potasio y fibra, mejor que puré con manteca.
  • Condimentos sin sal: hierbas frescas, pimienta, limón, ajo, pimentón.

La elección de ingredientes y condimentos permite ajustar el plato cotidiano sin grandes esfuerzos. Como me dijo una nutricionista con la que conversé para esta nota, "el huevo es el vehículo, lo que importa es la compañía". Cambiar el fiambre por palta y la sal por limón puede parecer un detalle, pero a la larga marca la diferencia en los análisis de sangre y en el tensiómetro.

CC
Celeste CondoríEducación y salud

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