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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Fito Páez se sentó al piano, cantó sus clásicos y se le escapó un deseo: quiere dirigir orquestas

El rosarino pasó por Otro día perdido, repasó su vínculo con Charly García, habló de la memoria de las canciones y le tiró al conductor y a los panelistas los temas que le pidieron al oído.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 5 min de lectura
Fito Páez se sentó al piano, cantó sus clásicos y se le escapó un deseo: quiere dirigir orquestas

Me lo cruzo a Fito Páez en la pantalla y ya estoy sonriendo. Es que verlo al piano es como reencontrarse con un viejo conocido que uno no ve hace meses: te habla, te toca algo, y de repente estás otra vez en el living de tu casa con un vinilo sonando de fondo. Esta vez el escenario fue Otro día perdido, el programa que conduce Mario Pergolini, y el rosarino se sentó frente a las teclas como si estuviera en su casa de Rosario, en su taller de siempre.

La noche arrancó con una de las suyas: Al lado del camino sonó en su versión más desnuda, esa que parece escrita para que un tipo con el piano al lado de la cama la interprete a las tres de la mañana. Después vino la charla, y ahí Fito se sacó el casco y mostró lo que trae debajo: los proyectos que tiene entre manos y, sobre todo, un deseo nuevo que todavía no termina de agarrarle la mano.

El anhelo orquestal

“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona”, tiró Páez cuando Pergolini le preguntó qué se le había dado por aprender a esta altura de su carrera. Y uno se queda pensando: claro, este es un tipo que viene del rock pero que ya lleva rato coqueteando con arreglos de cuerdas, con orquestaciones, con esa cosa enorme que pasa cuando a tus canciones las toca un ensemble entero. Es un paso lógico para alguien que ya escribió un musical sobre el Che y que tiene en la cabeza la Lituania del disco que se viene.

(Dicho sea de paso: cuando un artista con la historia de Fito dice que quiere aprender algo nuevo, no lo dice de manera decorativa. Lo dice porque de verdad va a sentarse con un director orquestal y va a preguntar hasta el último detalle, como cuando era pibe y se encerraba a tocar horas y horas hasta que le salía una progresión. Es esa misma obstinación, pero pasada de los cuarenta y con la espalda un poco más dura.)

El recuerdo de Charly y las espaldas al público

Pergolini le tiró una pregunta filosa: por qué Charly García tocaba de espaldas al público en aquella gira que compartieron hace ya varias décadas. Fito arrancó con una salida de tono que es puro sello de su humor: “Hay que preguntarle a Charly”. Después, en serio, contó que el Flaco nunca terminó de explicar bien por qué lo hacía, aunque él se había formado su propia teoría. La que más le cierra, dijo, es la visual: que el público viera una melena en movimiento, esa melena que fue logotipo de toda una época del rock argentino.

“Me sirvió porque aprendí un montón.”Fito Páez

La frase la soltó como al pasar, pero lleva adentro todo lo que fue esa experiencia para él. Compartir escenario con García no fue solo un honor ni una anécdota: fue una clase gratuita de cómo se piensa un show de rock, de cómo se decide dónde poner el cuerpo, de qué manera se le habla al público aunque no lo mires a los ojos. Para un pibe que estaba armando su propio lenguaje escénico, esa gira fue una especie de posgrado a campo abierto.

La memoria de las canciones y el miedo a que se pierdan

Fito contó algo que me dejó pensando largo rato. Hace unos quince años, cuando todavía se estilaba eso de armar recitales con repertorios ajenos, él se mandó uno entero con temas de Charly. Eran canciones que para mi generación son himnos, pero cuando las tocó en vivo se cruzó con gente que no las reconocía. Y eso le hizo ruido. Mucho ruido. Lo contó casi como una preocupación: la de que un cancionero enorme, de los que sostiene una cultura entera, se vaya borrando de a poco del oído de la gente. La reflexión que dejó cae de maduro en un país que suele olvidarse de sus propios himnos a la velocidad de un trend.

Ahí entendí por qué Fito sigue tocando las mismas canciones hace cuarenta años con la misma entrega. No es nostalgia: es militancia. Es hacerse cargo de que alguien tiene que seguir cantándolas para que la rueda no se detenga. Y ese es, creo, el mejor resumen que se puede hacer de su carrera: un tipo que no deja de pisar el escenario ni de pedirle al público que no se olvide.

El final, otra vez al piano

  • Al lado del camino fue la carta de presentación y sonó con esa intimidad que solo aparece cuando el piano está solo.
  • Los temas del cierre los eligieron Pergolini, Evelyn Botto y Agustín “Soy Rada” Aristarán, que le fueron pidiendo al oído las canciones que querían escuchar.
  • Fito respondió al teclado como quien responde en su casa, sin protocolo, con la naturalidad de un ensayo abierto.

Copla del fin de semana, porque no hay otra forma de cerrar esta nota: “Al lado del camino / siempre yo te encuentro / y al lado del camino / no me mires así”. Si andan por Buenos Aires y tienen piano cerca, pídanle a alguien que toque esa. Si no, pónganla en el auto camino a la costa. Si están en Rosario y ven a Fito asomarse por alguna ventana con una taza de café en la mano, no lo molesten mucho: parece que está ocupado aprendiendo a dirigir orquestas, y eso, en un país que casi nunca le da pelota a sus rockeros, ya es toda una noticia.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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