El fantasma de Gatsby que Jack Nicholson no se saca de la cabeza (y que terminó siendo de Redford)
A los 89 años y retirado desde 2011, el actor todavía se lamenta por haberse bajado de la adaptación que en 1974 le dio el papel a Robert Redford. Una historia de caprichos, egos y casualidades que bien pudo haber cambiado la historia del cine.

Vayan imaginando la escena: un tipo en una confitería de Saavedra, café con medialunas en la mesa, hojeando el diario, y se topa con la foto de Robert Redford vestido de dandi en una fiesta con piscina. Levanta la mirada, dice "ese papel tenía que haber sido de Jack" y sigue leyendo. No está tan equivocado. Porque a casi medio siglo del estreno, el gran Gatsby de mil novecientos setenta y cuatro sigue siendo una de esas películas que despiertan la pregunta obvia: ¿qué hubiera pasado si? Y el principal señalado por la historia es ni más ni menos que Jack Nicholson, el mismo que en el setenta y cuatro ya era una bestia escénica gracias a Chinos (que en realidad es Chinatown, pero acá le decimos Chinos, como manda la costumbre).
Pero vayamos por partes, que la historia tiene más vueltas que una medialuna (los que saben, saben).
Una novela, tres candidatos y un director con paciencia
La adaptación de la novela de Francis Scott Fitzgerald (F. Scott, para los amigos) fue una de esas producciones que parecían maldecidas desde el vamos. El primer nombre que sonó fue el de Warren Beatty, que amablemente dijo que ni loco. Ahí lo fueron a buscar a Nicholson, que según él mismo contó, venía escuchando desde los dieciocho años que él era el indicado para ponerse en la piel de aquel millonario misterioso que mira hacia una luz verde al otro lado de la bahía.
¿Y entonces? Misterio. El actor jamás explicó bien por qué dijo que no. El único dato que trascendió es que tenía ciertos reparos con la posibilidad de compartir elenco con Ali MacGraw, que en ese momento estaba casada con Robert Evans, el mismísimo productor del filme. Uno puede imaginarse la incomodidad de pasarse semanas de rodaje en una ficción sobre amores tormentosos mientras la película paralela en el pasillo de al lado tiene sus propios quilombos. Asi no se puede trabajar tranquilo, digan lo que digan.
Total que Evans mandó a buscar a otro grande: Marlon Brando. Pero Brando tenía sus propios bemoles y el proyecto se estancaba. Recién cuando las aguas se calmaron y Evans se separó de MacGraw, el papel de la Daisy recaló en Mia Farrow y el de Gatsby en Robert Redford, que no es un detalle menor: estamos hablando del galán rubio por excelencia del Hollywood de esa época, el tipo con cara de haber salido de un anuncio de Vitalidad en Frío. La película finalmente se rodó con Jack Clayton en la dirección y se convirtió en un clásico discutido, con Roger Ebert destrozándola en su momento y el público, con el paso de los años, encontrando en ella algo que seguir mirando.
“Ese es el único papel verdaderamente excepcional que rechacé y por el que me arrepiento.”Jack Nicholson
Ironías del destino: el año que dijo que no fue su año
Porque acá viene lo que tiene el destino, que es un guionista con muy mala leche. Ese mismo setenta y cuatro, mientras Redford se ponía el smoking blanco de Gatsby, Nicholson rodó Chinatown, la película negra delPolanski sobre el escándalo del agua en Los Angeles, que sigue siendo (con perdón de El resplandor, que es insuperable) una de las cimas de su carrera. Obtuvo una nominación al Oscar, que no se llevó porque ese año se lo llevó Art Carney por Harry y tonto (Harry and Tonto, para los puristas), pero la película quedó en el imaginario popular como pocas. O sea: mientras Redford estaba en la fiesta de Gatsby, Nicholson estaba en el ojo del huracán en otro clásico absoluto. No está nada mal.
Y sí, ya sé lo que están pensando. ¿Hubiera cambiado algo si Nicholson decía que sí? Esta uno se atreve a opinar: difícil saberlo, y es parte de ese juego de los universos paralelos. A lo mejor la química con Mia Farrow era distinta a la de Redford. A lo mejor la mirada de Nicholson sobre el dinero y el deseo nos daba un Gatsby más turbio, más. O a lo mejor el viejo Jack estaba tan empecinado en sus reparos con MacGraw que el rodaje se convertía en un calvario para todos. Lo cierto es que la versión que existe es la que existe y al menos le dejó un buen recuerdo a Nicholson para arrepentirse en público cada tanto.
Mientras tanto, Nicholson, hoy con ochenta y nueve tacos y retirado desde el 2011, después de Cómo sabes si... (How Do You Know, en su idioma original), sigue siendo ese mito que recorre las calles de Beverly Hills cada tanto, sentado en la tribuna de Los Lakers, con sus anteojos de sol y esa sonrisa que es marca registrada. Yo, en lo personal, cada vez que lo veo pienso lo mismo: qué papelazo te mandaste al guardar, maestro. Pero bueno, para eso está Chinatown, que bien mirado es el mejor premio consuelo que el cine le pudo haber dado. A veces la historia se escribe no por lo que hiciste, sino por lo que elegiste no hacer. Y eso, queridos lectores, también es cine.
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