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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Diario Quebrada

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Dos jubilados contra el agua sucia: la serie británica que revisa tres décadas de descuido

Una ficción en tres episodios parte de una inquietud vecinal sobre el río Windrush y termina mostrando vertidos, falta de inversión y controles débiles en todo el Reino Unido.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 2 min de lectura
Dos jubilados contra el agua sucia: la serie británica que revisa tres décadas de descuido

Confieso que me enganché con esta miniserie por una razón bastante simple: habla de gente común que se pone a mirar un río que cambió de aspecto y no se queda de brazos cruzados (y uno, con los años, se reconoce bastante en eso). Negocios turbios sigue a Ashley Smith, un expolicía interpretado por David Thewlis, y a Peter Hammond, un profesor de matemáticas jubilado al que da vida Jason Watkins.

Del barro del Windrush a una cuestión nacional

La trama principal arranca en 2016, cuando ambos notan una turbidez en el río Windrush, en los Cotswolds, que no recuerdan haber visto antes. Las explicaciones de la compañía de agua no los convencen y deciden seguir por su cuenta. Uno aporta la experiencia policial y el otro la capacidad para analizar grandes volúmenes de datos, y con eso identifican patrones que apuntan a un problema de escala nacional. La ficción, según el material, incorpora imágenes reales grabadas por activistas.

La serie ubica el origen del problema en la privatización del sector del agua en 1989. Desde entonces, las empresas pasaron por sucesivas operaciones de compraventa mientras las infraestructuras acumulaban años de inversión insuficiente.

Las otras líneas de tiempo

Una de las líneas retrocede a 1999 y sigue a Mark y Julie Preen, que viajan con sus hijas a Dawlish, en Devon, a una playa que en ese momento tenía distinción de calidad del agua. Heather, de ocho años, entra en contacto con agua contaminada por un vertido visible en la orilla y muere dos semanas después por una infección de E. coli O157. El caso no llegó a esclarecerse por completo, y el veredicto determinó que la muerte fue accidental.

  • 2008: el organismo regulador ambiental empieza a trasladar a las compañías de agua parte de la detección de incumplimientos, mediante un sistema de autocontrol.
  • La serie muestra cómo esa decisión afecta la capacidad de fiscalización estatal.
  • La ficción también aborda la relación entre reguladores y empresas, el nivel de las multas y las remuneraciones de algunos directivos del sector.

Lo que más me queda dando vueltas es esa mezcla de paciencia y papeleo: dos señores que no tienen por qué meterse en líos, pero que no soportan que el agua de su barrio les mienta en la cara (y eso, aunque sea ficción basada en hechos reales, pega fuerte).

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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