Lipnicki, el nene de Jerry Maguire, se anima a lo más oscuro: un depredador en la pantalla grande
A los 35 años y después de casi dos décadas en el bajo perfil, el actor que vimos crecer junto a Tom Cruise vuelve a los cines con Primetime, el thriller de Lance Oppenheim que se llevó siete minutos de ovación en Venecia y lo tiene como un pedófila frente a Robert Pattinson.

(Lo vi crecer en la tele de casa, el pibe de los anteojos grandes que le decía a Tom Cruise que le iba a romper la cara si no le pagaba la limonada. Y ahora me entero de que Jonathan Lipnicki, el mismo nene de Jerry Maguire, se puso en la piel de un tipo que cae en uno de esos operativos televisivos donde un periodista le tiende una trampa a pedófilos. Hay cosas que uno no se imagina ni queriendo.)
La película se llama Primetime y se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde se llevó una ovación de siete minutos, que no es poca cosa si tenemos en cuenta que se trata del debut en la ficción de Lance Oppenheim, un director que venía de hacer documentales. La historia se inspira en los conocidos operativos del periodista Chris Hansen, un hombre que se hizo famoso en Estados Unidos por citar a supuestos menores en un departamento y, cuando llegaba el adulto, sacarlo del aire con preguntas cada vez más incómodas, mientras la policía lo esperaba en la otra habitación.
Pattinson como Hansen y Lipnicki como la presa
A Robert Pattinson le toca ponerse en la piel de ese conductor, ese mismo que durante años fue sinónimo de show televisivo con ribetes de cacería. A Lipnicki, en cambio, le reservan el papel más incómodo: el de uno de esos hombres que caen en la trampa. O sea, de los que llegan al departamento pensando que van a encontrarse con un chico o una chica y se encuentran con una cámara, un micrófono y un señor con cara de juez. Para el actor, de 35 años, la propuesta fue casi una liberación profesional. "Había rezado por un material oscuro", dijo sobre el tipo de papel que esperaba desde hacía rato. Uno lo escucha y no puede evitar pensar en todos esos actores infantiles que, cuando crecen, se quedan varados en la nostalgia del público y nunca más encuentran un papel que los trate como adultos. Le pasó a la de Hollywood, y le podría haber pasado a él.
La película no esquiva el bulto: hay una escena de desnudo frontal de Lipnicki que, según contó el propio actor, lo intimidó más que la que había hecho para la obra teatral Lost Girls. Es que el contexto cambia: no es lo mismo sacarse la ropa para una escena de teatro sobre otras cosas, que hacerlo cuando estás interpretando a alguien que la justicia y la sociedad señala con el dedo. Y acá no estamos hablando de morbo: el desnudo funciona como una pieza más del dispositivo, un recordatorio de que ese cuerpo que el público conoció de chico ahora se expone en un papel que incomoda a propósito.
De Ray Boyd a Stuart Little y un paréntesis largo
- 1996: estampa mundial con Jerry Maguire, junto a Tom Cruise y Renée Zellweger. Se llevó un Critics' Choice Award y un Young Artist Award como actor infantil.
- 1999: el ratón Stuart Little le dio una recaudación cercana a los 300 millones de dólares en todo el mundo, con una secuela incluida.
- 2000 en adelante: pasaron casi veinticinco años con papeles sueltos en cine y televisión, y apenas dos películas suyas llegaron a los cines: una de ellas es, justamente, Primetime.
(Y eso duele un poco, porque uno recuerda a Lipnicki como uno de los chicos más expresivos de los noventa, el típico pibe que se ganaba al público con la cara y dos frases bien dichas. Después vinieron los papeles chicos, los telefilmes, los créditos que se pierden en la grilla del cable. Hasta que Oppenheim lo llamó para algo que, por lo que se vio en Venecia, parece pensado para incomodar a la platea y para devolverle a Lipnicki un lugar en la conversación.)
Lo que queda flotando después de leer todo esto es una pregunta que el propio material deja picando: ¿qué buscamos cuando prendemos la tele y vemos cómo un tipo queda expuesto como un criminal frente a millones de personas? ¿Periodismo, justicia, espectáculo, o las tres cosas servidas en el mismo plato? Oppenheim, por lo que se cuenta, no viene a hacer un panfleto: la película se apoya en hechos reales y deja que cada uno arme su propio juicio. Mientras tanto, Lipnicki dejó de ser, para bien y para mal, "el nene de los anteojos". Eso ya es mucho.
Como decía mi abuela chaqueña, "el que nace para mamón nunca llega a queso". Pero a veces, si le dan tiempo y un papel con riesgo, el mamón termina siendo un buen queso azul. Habrá que ver Primetime para saber si Lipnicki maduró de verdad o si esto es apenas un destello. Lo que sí confirmo: si te gusta el cine que te deja pensando de vuelta, anotá el nombre de Oppenheim en la lista. El fin de semana, si la traen a algún cine de la ciudad, vale la pena ir a verla con el estómago firme y la cabeza abierta. Y si no la traen, siempre queda el consuelo de una buena serie de true crime y un café bien cargado.
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