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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Doce ficciones para escaparle al calor del verano: del colapso social al consultorio de un veterinario

Una recorrida por series que mezclan suspenso, comedia y dramas familiares, con opciones para todos los tiempos y los ánimos: desde los veinte minutos de El colapso hasta las cuatro temporadas de Los Durrell en Corfú.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 5 min de lectura
Doce ficciones para escaparle al calor del verano: del colapso social al consultorio de un veterinario

Voy caminando por la calle y un vecino me frena para pedirme algo que, a esta altura del año, se repite como un mantra: che, decime qué mirar esta noche. La pregunta parece simple, pero elegir serie se volvió una epopeya. Hay tanto streaming suelto que uno termina mirando el techo antes que la pantalla. Por eso armé esta selección de doce ficciones que vengo masticando hace rato: hay para el que quiere algo corto y fulminante, para el que se banca maratones largas y para el que solo busca reírse un rato sin pensar en la del termómetro (los que vivimos en esta ciudad sabemos que el aire acondicionado a veces no da abasto).

Para empezar con algo corto: El colapso

Si el cansancio boinassense de la siesta les ganó, la puerta de entrada es El colapso. Son ocho episodios de unos veinte minutos, cada uno un relato independiente sobre personas que intentan sobrevivir cuando la sociedad se cae a pedazos. Lo curioso es que están rodados en plano secuencia, o sea, sin cortes: una apuesta formal que te obliga a mirar sin distraerte con el celular. Es ideal para una noche de lluvia, con el mate al lado y sin compromiso de continuidad.

Y ya que estamos con las comedias, Big Boys es una joyita que muchos todavía no vieron. Jack vuelve a la universidad después de pasar un año encerrado en su casa por la muerte de su padre, y ahí conoce a Danny, su compañero de cuarto. La serie tiene tres temporadas y trabaja el duelo desde la amistad y el humor, algo que en la pantalla argentina suele estar más ligado al drama clásico. Acá la pérdida se procesa entre clases, fiestas y conversaciones en el pasillo, con una naturalidad que emociona sin golpes bajos.

Para los que se bancan una maratón larga

Si la idea es instalarse en el sillón y no moverse hasta que cante el gallo, Los Durrell es el convite perfecto. Cuatro temporadas siguiendo a una familia inglesa que se muda a Corfú, basada en los libros autobiográficos de Gerald Durrell. Madre, hijos, un jardínero medio misterioso y una isla que es casi un personaje más. Para los que peinamos canas, hay algo profundamente reconocible en esa madre que intenta mantener la calma mientras los pibes arden la casa: la sentimos propia, la hemos visto en alguna tía, en alguna vecina.

Otra apuesta larga es Todas las criaturas grandes y pequeñas, con seis temporadas en la espalda. La serie sigue al joven veterinario James Herriot en la Yorkshire de los años treinta, atendiendo vacas, ovejas y los dilemas de los pueblerinos. Tiene el ritmo pausado de la Inglaterra rural y una calidez que se agradece cuando afuera hace grados (perdón, dije eso por error, lo correcto es treinta grados) y el asfalto se derrite.

Tres caminos distintos para los que buscan suspenso

  • La ruta del dinero, producción danesa: el hallazgo de un trabajador muerto en un parque eólico destapa una investigación sobre prácticas empresariales. Tiene ese ritmo nórdico que no apura ninguna escena.
  • Glue, creada por Jack Thorne: el cadáver de un chico debajo de un tractor en un pueblo rural inglés expone los secretos de un grupo de adolescentes. Crudo, sin estetizar la violencia.
  • Utopia, de Dennis Kelly: cuatro fans de un foro de internet descubren el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes, y una organización secreta los empieza a perseguir. Conspiraciones al palo.

Vínculos, pérdidas y personajes que se quedan

Hay dos ficciones que me tuvieron pensando varios días. The Virtues, con Stephen Graham en su mejor trabajo, sigue a un hombre que vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma de la infancia y reencontrarse con su hermana. Es de esas series que duelen en silencio, de las que te dejan mirando la pantalla un rato largo después de que termina. La dirección de Shane Meadows la sostiene con una sensibilidad fuera de lo común.

Y para el que quiera algo más amable, Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston, cuenta la historia de dos amigos adultos cuyas rutinas se ven alteradas por una muerte, una boda y un romance. Tiene la cadencia de la literatura británica bien llevada a la pantalla: cada diálogo parece un cuento breve. A mí me reconcilió con la idea de que la amistad adulta también merece ficción.

Russell T. Davies y el humor que incomoda

Para el tramo final, dos series de Russell T. Davies. Queer As Folk, que ya tiene sus años, retrató a tres hombres gays en Manchester y rompió esquemas cuando se estrenó. Nolly, en cambio, le da a Helena Bonham Carter el papel de Noele Gordon, una estrella de la televisión inglesa de los años ochenta. La actriz está descomunal, como siempre, y la historia de una mujer despedida de su propio programa tiene una vigencia que asusta.

Y si el humor es lo único que salva la noche, Such Brave Girls se centra en Josie, Billy y su madre soltera, en un retrato de familia tan ácido que duele y divierte a la vez. No es para todos los paladares, pero si te bancás la ironía fina, es un golazo.

“Para el que duda, el consejo práctico es simple: mirá la hora antes de elegir. Si tenés veinte minutos, El colapso. Si tenés toda la noche, Los Durrell. Si querés algo que te sacuda, Glue. Si querés algo que te abrace, Todas las criaturas grandes y pequeñas.”Iván Aramayo, Cultura y patrimonio

Me despido con la copla que me quedó sonando mientras escribía esto, porque un buen final se merece una estrofa. Y la propuesta para el finde, si andan por Buenos Aires y quieren completar la experiencia, es arrancar con un capítulo corto y terminar con un paseo por cualquier librería de barrio que tenga buena sección de series y novelas: a veces elijo la próxima ficción hojeando una página suelta, como quien se cruza con alguien en la vereda y se deja llevar por la conversación.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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