Darío Giordano salió a responderle a su hijo y el ruido se metió en la conversación que no queríamos tener
El productor difundió un comunicado en el que rechazó las acusaciones de violencia física y emocional que hizo públicas Valentín Yankelevich. Reconoció que pudo no haber estado a la altura emocionalmente durante el duelo por Romina Yan, pero negó los hechos. Pidió resolver todo en privado.

A veces uno camina por el centro y se cruza con un kiosco abierto, un café con medialunas a medio hacer y la radio que repite las mismas noticias. Esta semana, esa radio leía una y otra vez el mismo comunicado: el de Darío Giordano, el productor que de pronto dejó de ser un nombre de créditos al final de una novela para convertirse en el centro de un drama que nadie eligió mirar. (Aunque todos miramos, claro, porque somos así:.) El hombre agarró el teléfono, redactó un texto y lo mandó a los medios un día después de que su hijo mayor, Valentín Yankelevich, contara públicamente que había vivido situaciones de violencia física y emocional en la casa, sobre todo después de que la vida se les partió en septiembre de 2010 con la muerte de Romina Yan.
El comunicado: lo que dice y lo que deja entrever
En el escrito, Giordano arranca con un no rotundo. No, dice, no hubo violencia. Ni antes de la muerte de Romina ni después. El hombre describe ese momento como un agujero negro que se llevó todo lo que conocía. Y mientras trataba de no hundirse él mismo, tuvo que hacerse cargo de tres chicos: Valentín, Franco y Azul. Acá ya asoma, sin que la escriba lís quiera, una de las cosas más humanas que existen: el reconocimiento de que uno, en medio del dolor, no siempre puede ser el padre que querría ser.
“Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso.”Darío Giordano, en el comunicado
Esa frase es la más interesante de todo el texto, y por eso vale la pena quedarse un rato en ella. Porque Giordano no dice que maltrató; dice que quizá no alcanzó. Es el movimiento típico de alguien que pide disculpas por el modo sin admitir el fondo de la denuncia. Y al mismo tiempo, al pedir perdón, está abriendo una puerta que en las acusaciones de violencia no se suele abrir. ¿Inconsistencia? Puede ser. ¿Cinismo? También puede. Pero también puede ser algo más viejo y más simple: un padre queriendo quedar bien con el nene sin terminar de entender qué le pasó. (Quién sabe. La paternidad es un quilombo para el que nadie te da el manual.)
Lo que pide Giordano: hablar en privado, sin cámaras
El productor cierra el comunicado con un pedido concreto: nada de pelea pública. Lo que él quiere, dice, es sentarse con su hijo cuando se pueda, sin móviles encendidos y sin que nadie tenga que hablar por ellos. Una idea que, a esta altura del partido, suena casi a deseo piadoso. Porque el problema ya está en la calle, los títulos ya están escritos, y volver atrás parece tan difícil como tapar un pozo en la calle con las manos.
- El productor negó de manera tajante cualquier episodio de violencia física o emocional en la familia, tanto antes como después de la muerte de Romina Yan en septiembre de 2010.
- Reconoció que durante el duelo por la actriz probablemente no estuvo a la altura de lo que sus hijos Valentín y Franco necesitaban emocionalmente, y les pidió perdón por ello.
- Deslizó una crítica velada a quienes dan a conocer estas versiones: sostuvo que los contactos y el poder no convierten una versión en verdad.
- Pidió expresamente no seguir el cruce por los medios y resolver el conflicto en la intimidad, sin cámaras ni intermediarios.
- Valentín y su hermano Franco viven desde 2015 con su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, tras un acuerdo de tenencia que quedó a su cargo hasta que alcanzaran la mayoría de edad.
Lo de Azul, la hija menor, es lo más delicado y lo más silenciado: la chica vivió con Giordano hasta el año pasado, y el texto no entra en los motivos. Tampoco entra en los motivos el comunicado de la madre de Romina, ni los hermanos de ella, ni nadie. Porque cuando una familia habla a través de gacetillas, los huecos terminan hablando más fuerte que las palabras. Y acá, entre lo que Giordano dice y lo que no dice, hay un hueco del tamaño de una casa.
Me quede claro: una cosa es no pegarle nunca a un hijo, y otra muy distinta es entender qué necesita un pibe que se quedó sin madre a los diez años. Giordano parece estar pidiendo que le reconozcan esa diferencia. Valentín parece estar pidiendo que se la reconozcan a él. Y en el medio, los que miramos desde el colectivo o desde la mesa familiar del domingo, nos quedamos con la sensación de que esta es una historia que nadie quería contar y que, sin embargo, ya nadie puede dejar de escuchar. Como decía la vieja copla del valle, que mi vieja repetía mientras hacía el mate: cada uno cuenta la película como la padeció. Y acá, por ahora, las dos películas no se parecen.
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