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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el cansancio diurno esconde algo más: la apnea del sueño en mujeres suele pasar desapercibida

Roncar no siempre es la señal más visible. Somnolencia, dolor de cabeza al despertar y cambios de ánimo pueden ser manifestaciones de apnea obstructiva del sueño en mujeres. Los cuestionarios y algunas pruebas domiciliarias pueden no alcanzar para detectarla, y el embarazo o la menopausia incrementan el riesgo.

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Noelia SajamaComunidades y territorio · · 3 min de lectura
Cuando el cansancio diurno esconde algo más: la apnea del sueño en mujeres suele pasar desapercibida

A Lucía la conocí en un taller de huerta en Moreno, donde coordina un grupo de mujeres que comparten, sobre todo, cosas de la vida cotidiana. Tiene 52 años, dos hijas ya grandes y un trabajo que la obliga a madrugar. Hace meses me contaba, mientras regábamos rúcula, que se levantaba como si no hubiera dormido, con un dolor de cabeza raro y una irritabilidad que no era la suya. Lo atribuía a la menopausia y al estrés, hasta que una médica le preguntó si roncaba. Ahí empezó a mirar su cansancio con otros ojos.

Esa escena, que se repite en muchísimos hogares, es la que describen las especialistas cuando hablan de apnea obstructiva del sueño en mujeres: un trastorno respiratorio que interrumpe el descanso y que, lejos de ser patrimonio de los hombres, aparece con más frecuencia de la que se diagnostica. La palabra "apnea" significa, justamente, una pausa en la respiración: en este caso, la garganta se cierra o se angosta de manera repetida mientras una persona duerme, el oxígeno baja y el cuerpo reacciona con microdespertares que casi nunca se recuerdan.

Señales que suelen confundirse con otras cosas

El cansancio durante el día, el dolor de cabeza matinal, la dificultad para iniciar el sueño o para sostenerlo y los cambios de humor pueden atribuirse al estrés, a la menopausia o a un insomnio cualquiera. Una revisión reciente sobre el trastorno estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico y que alrededor del 40 por ciento no menciona las señales más conocidas, como los ronquidos intensos o la sensación de ahogo nocturno.

En las mujeres, la apnea suele ser más leve y las pausas respiratorias, en general, más cortas. Eso no significa que sea menos relevante: está asociada con hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares, y se vuelve un factor más a tener en cuenta en los controles clínicos habituales.

Por qué a veces los estudios no alcanzan

Los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero pueden identificar menos casos entre mujeres. Algunas pruebas domiciliarias, además, registran de manera incompleta ciertas alteraciones que se concentran en la fase REM del sueño, que es cuando soñamos y el cuerpo se relaja de otra manera.

Por eso, cuando el malestar persiste, un resultado inicial "sin alteraciones" no siempre descarta la apnea. El siguiente paso, si el cuadro lo justifica, suele ser un estudio nocturno en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso.

Embarazo, menopausia y otros momentos clave

El embarazo puede traer apnea de la nada o empeorar un cuadro que ya estaba. El abordaje, en esos casos, se coordina entre el equipo de obstetricia, que es el que acompaña el embarazo y el parto, y un especialista en medicina del sueño. Si hay una cirugía programada, es clave avisar al equipo médico porque algunos estudios requieren anestesias que conviene planificar. La CPAP, un aparato que mantiene abierta la vía respiratoria mediante una presión suave de aire, es uno de los tratamientos más usados, aunque siempre tiene que ser indicada por un profesional.

La menopausia, por los cambios hormonales y por una redistribución del peso, también puede aumentar el riesgo. Lo mismo sucede en mujeres con cuello más bien grueso, con sobrepeso o con antecedentes familiares del trastorno.

Lo que la comunidad pide, en este caso, es simple y a la vez enorme: que ningún equipo de salud descrea del cansancio. Si las señales se sostienen, lo que corresponde es consultar con un servicio de medicina del sueño o con una clínica especializada en el estudio del descanso, donde puedan evaluar el cuadro de manera integral. No hace falta esperar a roncar fuerte para pedir una opinión profesional.

NS
Noelia SajamaComunidades y territorio

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