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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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A 325 kilómetros de Buenos Aires, San Lorenzo se ofrece como un viaje al corazón sanmartiniano del Paraná

La ciudad santafesina invita a recorrer el Campo de la Gloria y el Convento San Carlos Borromeo, atravesar una costanera con vista abierta al río y sentarse a la mesa con los sabores del Paraná y la pampa gringa.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente · · 4 min de lectura
A 325 kilómetros de Buenos Aires, San Lorenzo se ofrece como un viaje al corazón sanmartiniano del Paraná

A 325 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y a unos 180 kilómetros hacia el norte de San Salvador de Jujuy por la traza del corredor bioceánico, la localidad santafesina de San Lorenzo se presenta como una parada ineludible para el viajero interesado en la historia rioplatense y en la cocina con identidad regional. Ubicada sobre la margen derecha del Paraná, en un punto donde el río desciende en un cauce amplio hacia el estuario del Río de la Plata, la ciudad resguarda el único campo de batalla librado por el general José de San Martín en suelo argentino y, a la vez, una mesa que apuesta a los pescados de río, las parrilladas y la cerveza artesanal.

El Campo de la Gloria, donde la historia se hace bronce y piedra

El punto de partida obligado es el Campo de la Gloria, el predio arbolado donde el 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo derrotaron a las tropas realistas que habían partido desde Montevideo. Hoy la explanada funciona como plaza pública, recorrida por familias que comparten mates y dejan volar barriletes, pero dos piezas sostienen el peso del recuerdo: el monumento ecuestre en bronce inaugurado en 1965 y el pino histórico, protegido por una reja de hierro forjado, bajo cuyas ramas San Martín redactó el parte oficial del combate. La visita suele comenzar temprano por la mañana, cuando la temperatura es amable y la luz permite leer las placas con detenimiento.

Un complejo museológico para entender la batalla y la región

Cruzando la avenida Sargento Cabral, el visitante accede al Complejo Museológico, que reúne cuatro salas en un mismo recorrido y permite reconstruir el hecho de armas en su contexto. El Convento San Carlos Borromeo conserva las dependencias que oficiaron de cuartel y hospital de campaña, las habitaciones donde se alojaron San Martín y sus oficiales, el comedor reconvertido en enfermería y el sitio donde cayó herido de muerte el sargento Juan Bautista Cabral. El Museo Sanmartiniano exhibe cartas personales del Libertador, una copia del parte de batalla y la túnica del fraile Pedro García, figura clave en la atención de los heridos. El Museo de Historia Regional recorre la megafauna prehistórica que habitó la región pampeana, el paso de las comunidades originarias y las primeras olas inmigratorias que dieron forma al perfil productivo del sur santafesino. El Museo de Árboles Históricos cierra el circuito con especies centenarias del monte ribereño, testigos vegetales del paisaje que recibió a los ejércitos hace más de dos siglos.

La costanera, el Paraná de cerca y un atardecer con túnel de agua

La Costanera de Boulevard Urquiza y Ricchieri se desarrolla en dos niveles de pasarela con barandas bajas y vista directa al río Paraná: cielo, islas y agua ocupan el primer plano visual. Al final de la jornada, la plaza Ovidio Lagos se transforma en escenario cuando se enciende el denominado túnel de veinte chorros de agua, una fuente que atrae a familias y turistas durante las tardes de verano.

La mesa sanlorencina: río, parrilla y cerveza de la casa

Para quienes buscan sentarse a la mesa, la ciudad ofrece una paleta que dialoga con su geografía. La cervecería Bowie sirve una dorada artesanal sin filtrar, de bajo contenido alcohólico, recomendada como aperitivo frente al río. El café y vivero Arboredo Jardinería propone opciones dulces y saladas en un salón poblado de plantas. La panadería La Italiana despacha empanadas de pescado de río, una preparación que en la región suele llevar sábalo o surubí. El restaurante Carbón trabaja el pescado del Paraná grillado con papas rústicas y limones quemados, y una colita de cuadril con papas gratinadas como alternativa de carne. El Bodegón del Club Libertad se hizo conocido por su parrillada y por las llamadas pizzanesas, milanesas dispuestas sobre una base de pan que se sirven con distintas guarniciones. El Viejo Bodegón suma locro, pastas caseras y empanadas fritas a la oferta tradicional.

Información práctica para el viajero

Cómo llegar: desde Buenos Aires, la conexión más directa es por la autopista Rosario-Santa Fe y luego la ruta nacional 11 hasta San Lorenzo; el viaje ronda las cuatro horas en automóvil. Desde Rosario, la distancia es de aproximadamente 25 kilómetros por la autopista a Santa Fe. En colectivo, varias líneas conectan con la terminal local durante todo el día. Cuándo ir: los meses de otoño y de primavera concentran los días más templados, mientras que el verano invita a la costanera y a la pesca en el Paraná. Dónde dormir: la localidad cuenta con hoteles de dos y tres estrellas, hospedajes familiares y una oferta de cabañas en zonas más arboladas; se recomienda reservar con anticipación en fines de semana largos. Qué llevar: ropa liviana para el día, un abrigo liviano para la noche, repelente de insectos en verano y calzado cómodo para los recorridos peatonales del complejo museológico. Qué comprar: como recuerdo, dos variedades de alfajores artesanales llevan los nombres San Martín y Malvinas, y parte de lo recaudado se destina a escuelas rurales y organizaciones sin fines de lucro de la zona, una manera de llevarse el viaje con un fin solidario.

ML
Micaela LlampaTurismo y ambiente

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