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118 años y mil milanesas por mes: la historia del Bar Alemán de Villa Devoto, el bodegón que no se rinde

Fundado en 1908 como cervecería con cancha de bochas en una esquina de Villa Devoto, el Bar Alemán atraviesa más de un siglo de historia con un plato emblema que se reinventa sin perder la esencia: la milanesa napolitana para compartir.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente · · 4 min de lectura
118 años y mil milanesas por mes: la historia del Bar Alemán de Villa Devoto, el bodegón que no se rinde

A unos quince kilómetros hacia el noroeste del centro de San Salvador, en la esquina de Pedro Morán y avenida San Martín, en el corazón de Villa Devoto, el Bar Alemán se yergue como uno de los bodegones más antiguos del área metropolitana de Buenos Aires. El local fue inaugurado en 1908 como una cervecería con glorieta, cancha de bochas y barriles enfriados con hielo mediante una serpentina de 120 metros que recorría el sótano. Las palmeras centenarias que hoy identifican la esquina desde lejos eran, por entonces, apenas brotes que no superaban el metro de altura.

De cervecería a bodegón: la transformación del menú

La carta original giraba en torno a las tradiciones germanas: salchichas, chorizo alemán, ahumados, costillas de cerdo y chucrut. Con el paso de las décadas, la oferta se fue ampliando hasta convertirse en la propuesta criolla que hoy distingue al local, donde la milanesa napolitana se alza como el plato emblema. Los mozos recomiendan pedirla para tres personas, aunque la porción suele alcanzar para cuatro comensales y dejar un remanente para llevar. En total, el bodegón vende alrededor de mil milanesas por mes, cifra que da cuenta de la vigencia de un corte que combina carne, jamón, queso y salsa de tomate en una misma preparación.

El legado familiar y la nueva era desde 1983

La etapa contemporánea del Bar Alemán comenzó en diciembre de 1983, cuando Carlos y Manolo adquirieron el fondo de comercio mediante un contrato de alquiler que vencía en mayo. El primer fin de semana de gestión atendieron setecientos cubiertos, con una plantilla inicial de siete mozos que debió ampliarse a catorce para hacer frente a la demanda. En diciembre de 1984, el propietario original les renovó el contrato, y dos años más tarde les vendió la propiedad; la deuda se saldó con un alquiler proporcional, sin necesidad de hipoteca.

Durante los años ochenta y parte de los noventa, el local llegó a servir hasta veintiún mil cubiertos sólo en el mes de diciembre, una cifra que la actualidad ya no alcanza. Sin embargo, un sábado a la noche todavía convoca entre 350 y 400 personas, y los dueños descorchan champaña para celebrarlo, en una costumbre que se mantiene como ritual de resistencia frente a la transformación del barrio.

Detalles preservados y la cocina que cambió

El bodegón conservó elementos que los clientes pidieron mantener a lo largo de generaciones: los boxes de ligustrina y el piso de canto rodado que varios parroquianos recuerdan desde su infancia. La cocina, en cambio, se expandió de 30 a 80 metros cuadrados para acompañar el crecimiento de la demanda, y la incorporación de aire acondicionado transformó un negocio casi estacional en un restaurante de funcionamiento anual. En una ciudad donde las temperaturas estivales suelen superar los 35 grados y la amplitud térmica anual ronda los 13 grados, la climatización resultó determinante para la supervivencia del local.

El fenómeno de las redes y la milanesa viral

La exposición en plataformas digitales le sumó un público joven que llega al local atraído por las imágenes de platos que circulan en internet. Según reconoce el dueño actual, cuando una preparación se viraliza, ocho de cada diez mesas la piden, lo que obligó a afinar la ejecución de la milanesa napolitana, cuya formulación actual es más precisa que en los primeros años de la nueva gestión.

Información práctica para el viajero

  • Ubicación: esquina de Pedro Morán y avenida San Martín, Villa Devoto, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a unos quince kilómetros del centro porteño.
  • Plato sugerido: milanesa napolitana para compartir entre tres o cuatro personas.
  • Aforo aproximado: entre 350 y 400 personas los sábados por la noche, cuando suele descorcharse champaña.
  • Edad del local: 118 años, fundado en 1908 como cervecería con cancha de bochas.
  • Clima de la zona: templado pampeano, con veranos calurosos que superan los 35 grados; se recomienda reservar en los meses de diciembre a marzo.

El Bar Alemán se erige así como un testimonio de cómo un bodegón puede atravesar más de un siglo de historia sin perder su identidad, en un contexto donde el avance de las cadenas gastronómicas y los cambios en los hábitos de consumo amenazan la supervivencia de los locales tradicionales. La combinación de un plato emblema, un equipo de mozos con cuatro décadas de antigüedad y un acervo arquitectónico preservado por pedido de los propios clientes configura una propuesta que, según la periodista Micaela Llampa, especializada en Turismo y ambiente, merece ser visitada por quienes buscan una experiencia gastronómica con raíz histórica en la ciudad de Buenos Aires.

ML
Micaela LlampaTurismo y ambiente

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