Zoro tiene doble apellido: uno se lo prestó un pirata caníbal y otro, el héroe de la máscara negra
El espadachín de tres katanas que secunda a Luffy en el Thousand Sunny debe su nombre a un corsario francés del siglo XVII famoso por su crueldad y al enmascarado que protagonizó más de cincuenta películas y catorce films españoles. Una historia de cruces, doblajes y hallazgos sonoros que recorre siglos y océanos.

Hay una escena que se repite cada vez que un chico se sube a un colectivo con una remera de One Piece: alguien mayor mira el dibujo, pregunta quién es el del pelo verde y, casi inevitablemente, otro pasajero contesta que es Zoro. Pocas veces ese alguien sabe que ese nombre es un rompecabezas con dos piezas que vienen de lugares muy distintos: una, de un filme mudo de 1920; la otra, de un pirata que comía corazones en el Caribe.
El Zorro, primero
La primera pista es la más visible y la más amable. El Zorro nació en papel, en 1919, en el relato The Curse of Capistrano, publicado por la revista estadounidense All-Story Weekly. Un año después, Douglas Fairbanks lo llevó al cine con El signo del Zorro, y desde entonces el personaje no paró de multiplicarse: más de cincuenta películas, series, cómics y adaptaciones en varios idiomas, incluidas producciones turcas, lo convirtieron en un arquetipo global del espadachín enmascarado. España, además, llegó a producir unas catorce películas propias sobre el héroe, casi todas en coproducción con Italia.
El guiño en One Piece fue tan directo que en el doblaje original al español de la serie el personaje se llamó directamente Zorro Ronoa, sin más vueltas. La referencia saltaba a la vista.
François l'Olonnais, después
La segunda pieza del nombre es histórica y bastante más oscura. François l'Olonnais fue un corsario francés del siglo XVII que llegó a comandar una flota de ocho barcos y 440 hombres con la que atacó embarcaciones españolas en el Caribe. En japonés, su apellido se pronuncia Roronoa, y de ahí Eiichiro Oda tomó la base del nombre para su personaje.
El hombre se había ganado a pulso el apodo de la plaga de España. Al desembarcar en Maracaibo, torturó a los habitantes para que revelaran dónde escondían sus pertenencias. Cuando las fuerzas españolas estuvieron a punto de capturarlo, tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con la espada y, según los registros de la época, comenzó a comer su corazón. El escuadrón retrocedió y l'Olonnais escapó. Murió después en Panamá, también de forma violenta.
Más allá de la destreza con la espada y de la coincidencia del sonido, no hay ningún vínculo temático entre el pirata real y el personaje de la serie. Oda tomó el apellido porque le gustó cómo sonaba, y construyó desde ahí a uno de los espadachines más reconocibles de la animación japonesa.
“A veces un nombre es solo un cruce de caminos: un sonido que viajó desde el Caribe francés del Seiscientos hasta una revista pulp de 1919, y de ahí a un manga que todavía se serializa.”Iván Aramayo
Para ver y escuchar este finde
- El signo del Zorro (1920), de Douglas Fairbanks, disponible en varios archivos digitales de cine clásico: la película que puso en marcha la máquina de los enmascarados.
- Las catorce películas españolas sobre El Zorro, en su mayoría coproducciones con Italia de las décadas del sesenta y del setenta: un capítulo insólito de nuestro cine de género que vale la pena revisar.
- El manga One Piece, de Eiichiro Oda, para revisar el arco de Baratie y el duelo de Zoro con Mihawk: el momento donde el personaje empieza a mostrar de qué está hecho.
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