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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Zoey, la chica que escucha con playlist ajena

Dos temporadas alcanzan para que una serie convierta los tapados que todos llevamos adentro en números musicales de The Beatles, Queen, Taylor Swift y Bowie. Una rareta encantadora que todavía espera su revival.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 3 min de lectura
Zoey, la chica que escucha con playlist ajena

Confieso que la descubrí un martes a la noche, medio dormido frente al televisor, y terminé despierto a las dos de la mañana tarareando a Cyndi Lauper como si nada. La extraordinaria playlist de Zoey es de esas series que te agarran desprevenido y no te sueltan hasta el último episodio de la segunda temporada. Son apenas dos temporadas, sí, pero dejan la huella de un itazo cultural que en Argentina todavía no terminó de rodar.

Emociones con banda sonora

La premisa es de esas que parecen un capricho y terminan siendo una pequeña obra maestra. Zoey Clarke, una piba común de San Francisco, sale de un escaneo médico y de repente empieza a escuchar los sentimientos más profundos de la gente que la rodea convertidos en canciones. No es una metáfora barata: literalmente suenan The Beatles, Queen, Taylor Swift, Billy Joel y David Bowie cada vez que alguien siente algo que no se anima a decir en voz alta.

Acá está la primera perlita: la serie usa la música no como adorno sino como confesión involuntaria. Zoey se entera de amores guardados, broncas silenciosas, miedos que ninguno de sus amigos, compañeros de trabajo o parientes se atreve a poner sobre la mesa. Y ella, pobrecita, carga con ese saber sin haberlo pedido.

  • Los Beatles abren la puerta con algo de su catálogo clásico, justo cuando el corazón necesita un sacudón.
  • Queen entra en escenas donde la épica y el ridículo se dan la mano, como debe ser.
  • Cyndi Lauper aparece cuando el desamor quiere ser cantado a los gritos.
  • Taylor Swift se cuela en los vericuetos románticos más millennials de la historia.
  • Billy Joel y David Bowie bajan la persiana con esos hits que hasta tu vieja reconoce tarareando.

Lo que más me enganchó es el equilibrio entre comedia romántica y drama familiar sin pisarse los palos. Los romances son frescos, con ese humor físico que ya casi no se anima en la televisión gringa, y los conflictos entre padres, hermanos e hijos tienen una densidad que no se escucha solo en los números musicales: se respira en las escenas de living, en las cenas incómodas, en los silencios del pasillo.

Un poder que también complica

Porque claro, saber lo que siente el otro no te regala el manual de instrucciones para ayudarlo. Zoey se topeta una y otra vez con esa: tiene el dato, le falta el modo. Y ahí la serie se pone interesante de verdad, lejos del gag fácil, cerca de ese cotidiana que todos conocemos cuando alguien que queremos atraviesa un quilombo y no sabemos ni por dónde empezar a ayudar.

“Saber no siempre es poder; a veces es un peso que te toca llevar en silencio.”Zoey Clarke

Para el fin de semana, si andás con ganas de algo liviano pero no boludo, te recomiendo maratonear las dos temporadas de La extraordinaria playlist de Zoey en alguna plataforma de streaming. Y si ya la viste, siempre queda el recurso noble de armarse una playlist propia con esos temas que nos hubiera gustado escuchar de boca de alguien que no se animó a decirlos. A veces la música sigue cumpliendo ese laburo bárbaro de decir lo que las palabras se guardan.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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