Vuelve la red social, pero ahora la que filtra es ella
Mikey Madison, fresca todavía su estatuilla por Anora, se mete en la piel de Frances Haugen en la secuela escrita y dirigida por Aaron Sorkin. Jeremy Strong y Jeremy Allen White completan un reparto que reemplaza al viejo Zuckerberg de Jesse Eisenberg.

Cuenten una cosa: uno va caminando por Corrientes, esquivando a un señor que ofrece perfumes truchos y a otro que vende pañuelos de papel como si fueran tratados de filosofía, y de repente le llega el aviso al teléfono. Mikey Madison, la chica que se llevó todo puesto con Anora, vuelve al cine. Y no con cualquier cosa: se calza el traje de Frances Haugen, la analista que en 2021 le dinamitó la tranquilidad a Facebook de la manera más educada posible, filtrando papeles. Octubres de 2026, bimestre fuerte, estreno grande. La pibe que ganó el Óscar a principios del año pasado y después dijo 'chau, me quedo en mi casa un rato' reaparece con un protagónico de aquellos.
De los dormitorios de Harvard a los pasillos del Congreso
(Acá conviene aclarar algo para el que no haya vivido pegado al celular las últimas dos décadas.) La película original, La red social, la de 2010, David Fincher detrás de cámara, Aaron Sorkin firmando el guion, contaba la fundación de Facebook y el juicio de los hermanos Winklevoss, ese tipo de peleas que parecen de patio de colegio pero mueven millones. Aquella fue la foto del comienzo: un Zuckerberg geek, universitario, medio arrogante, interpretado por un Jesse Eisenberg que se lució como nunca. Esta nueva entrega, El precio de la red, cambia de zoom: no mira el génesis de la plataforma sino una de sus crisis de reputación más serias. La de los papeles filtrados que demostraron, entre otras cosas, que la empresa sabía bastante más de lo que decía sobre el daño que certaines contenidos hacían en la cabeza de la gente.
Madison, que tiene 27 y nueve largometrajes en el lomo, encarna a Haugen, la ingeniera que se sumó a la compañía en 2019 justamente para empujar políticas contra los contenidos dañinos y que, un rato después, entendió que la casa no estaba tan ordenada como prometían los comunicados de prensa. Su decisión de hablar ante el Senado de Estados Unidos y de llevarse copias de documentación interna fue, para muchos, el primer gran temblor real que sacudió a las big tech. Que la elegida para ponerle cuerpo y cara sea la misma actriz que hace poco ganó la estatuilla más codiciada del planeta dice bastante de cómo se movió la aguja del casting.
Cambios de elenco y una silla que se mueve
- Eisenberg afuera: el actor confirmó que no vuelve a ser Zuckerberg. Sus razones no se detallaron demasiado, pero el personaje cambia de época y, parece, de tono.
- Jeremy Strong adentro: el célebre Kendall Roy de Succession se calza el buzo de cuello alto del fundador de Facebook. Será interesante ver qué hace con un tipo que ya interpretó otro, de otra manera.
- Jeremy Allen White completa el reparto principal: el chef atormentado de El oso se suma a la troupe con un rol todavía no confirmado en detalle.
- Aaron Sorkin como director: el guionista de la primera entrega ahora firma también la dirección, lo que asegura diálogos filosos y ritmo de tribunal.
Lo que me resulta más jugoso de todo esto no es la secuela en sí, que ya de por sí tiene lo suyo, sino el cruce generacional. La peli del 2010 hablaba de jóvenes brillantes que fundaban algo sin terminar de medir las consecuencias. La del 2026 habla de alguien que vio las consecuencias de cerca y decidió no bancárselas más. Son dos caras de la misma moneda, la del sueño californiano versión Silicon Valley. Y que Madison, una actriz que se consagró interpretando a una trabajadora sexual en Anora, ahora se ponga en la piel de una whistleblower tiene su poesía: dos mujeres que se plantan frente a sistemas mucho más grandes que ellas, cada una con sus herramientas.
Como decía mi abuela, que no sabía nada de redes sociales pero sí de gente: 'el que mucho abarca, poco aprieta'. La frase le habría caído como anillo al dedo a más de un ejecutivo de Menlo Park, y probablemente forme parte, de alguna forma, del espíritu de esta nueva entrega.
A qué estar atentos este finde
Mientras El precio de la red no llega a las salas argentinas (todavía sin fecha confirmada para nuestro país), vale la pena repasar dos cosas. Primero, volver a ver La red social original: la dirección de Fincher sigue siendo de manual y los diálogos de Sorkin siguen picando como ajo crudo. Segundo, y si se animan, darse una vuelta por el último preestreno que tenga cerca el multicine del barrio: el bimestre viene cargado de títulos pesados y conviene no llegar tarde. Y si tienen recomendación puntual, ya saben: a la redacción, que el café y la crónica esperan.
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