Una semana bajo el agua en Neuquén: el operativo que sostiene a los barrios y los teléfonos que los vecinos no deberían olvidar
La capital neuquina lleva siete días de lluvias ininterrumpidas y el municipio mantiene cuadrillas de Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura trabajando en la calle. Mientras el pronóstico anuncia más variable hasta el viernes, los anegamientos se concentran en la Meseta y Valentina Norte, donde el barro complica el ingreso de maquinaria pesada y obliga a las cuadrillas a trabajar con motobombas.

Marta vive en la Meseta neuquina desde hace más de veinte años y esta semana volvió a sacar la pala del galpón. Como ella, decenas de familias del oeste y del norte de la capital neuquina amanecieron con las calles de tierra convertidas en un barrial que el agua no termina de soltar. La palabra quechua 'pacha' —tierra, tiempo, mundo— aparece cada vez que los vecinos mayores describen lo que sienten cuando la lluvia se vuelve permanente: es la pacha la que se empapa, y con ella la paciencia, los trapos del piso, las zapatillas de los gurises. Por eso, mientras afuera siguen cayendo gotas, en el municipio se activó un esquema que pocas veces se ve con tanta coordinación: Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura trabajando en conjunto desde el primer día del alerta meteorológico, con equipos de limpieza, desagote y supervisión distribuidos por toda la ciudad, y la promesa oficial de mantener las líneas 103 y 147 habilitadas las 24 horas para recibir reportes de los vecinos.
El subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, Francisco Baggio, explicó a este portal que la infraestructura de drenaje de la ciudad está calculada para absorber entre 15 y 20 milímetros acumulados por día sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. 'Esta semana se puso a prueba esa capacidad y la evaluación es positiva en el casco céntrico', sostuvo el funcionario, que aclaró que el comportamiento del sistema depende de la intensidad de cada tormenta y del estado de limpieza de rejillas y ductos. La gran prueba piloto fue la avenida Mosconi, donde las obras recientes renovaron el sistema pluvial: las colectoras conectadas a ese corredor derivaron el agua hacia los colectores principales con rapidez, lo que evitó la acumulación histórica en el Bajo, una zona acostumbrada a los cortes de tránsito y a las pérdidas de los locales comerciales cada vez que el cielo se descarga.
El operativo: rejillas, Vactor y motobombas en los barrios
Las tareas prioritarias de las cuadrillas, según detallaron desde el área, incluyeron la desobstrucción de rejillas, la limpieza de bocas de tormenta y el mantenimiento de los ductos principales a lo largo de toda la ciudad. Uno de los puntos más sensibles fue la intersección de las calles Chubut y Santa Cruz, donde se debió intervenir con equipos Vactor —camiones con succión de alta potencia— para extraer sedimentos y restos de materiales de obra que habían reducido la capacidad de captación del pluvial y generaban anegamientos puntuales. En ese mismo sentido se trabaja sobre los dos colectores que recibe la ciudad: el arroyo Durán y el canal Villa María, ambos con descarga final en el río Limay. Cuando el Limay sube de nivel, la ciudad activa las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que funciona como amortiguador natural: absorbe el excedente, baja el nivel del arroyo y acelera el drenaje en los barrios del sur, un mecanismo que esta semana funcionó a pleno y permitió descomprimir el sistema sin que se reportaran desbordes de magnitud.
El escenario cambia de manera marcada en las zonas sin cordón cuneta ni asfalto, principalmente sobre las calles de tierra de la Meseta y de Valentina Norte, donde el barro acumulado impide el ingreso de maquinaria pesada. En esos sectores, las cuadrillas trabajan con motobombas para retirar el agua estancada y garantizar al menos el paso de los vecinos y del transporte, mientras que las tareas de nivelación y reparación definitiva del suelo quedan postergadas hasta que la tierra esté firme. La diferencia es visible: en el centro, rejillas limpias y Vactor; en los barrios altos del oeste y del norte, palas, mangueras y motobombas, con la paciencia de las familias como variable de ajuste.
Qué puede hacer cada vecino y qué pide la comunidad
- Reportar anegamientos, calles cortadas o desbordes de cámaras sépticas al 103 (Defensa Civil) o al 147 (atención al vecino), líneas activas las 24 horas, todos los días de la semana.
- Evitar circular por calles de tierra de la Meseta y Valentina Norte hasta que el suelo se seque, para no empantanar vehículos ni bloquear el ingreso de las motobombas.
- No tirar escombros, ramas ni bolsas en rejillas o bocas de tormenta: la obstrucción de un solo punto puede retroceder el agua varios metros y afectar a todo un tramo.
- Acompañar a los adultos mayores y a las familias con criaturas, que son quienes más sufren el aislamiento cuando el barro corta las salidas del barrio.
Lo que la Meseta y Valentina Norte le piden al municipio, según lo que repiten los referentes barriales que recorrí mientras preparaba esta nota, es concreto: mantenimiento preventivo del cordón cuneta antes de cada temporada de lluvias, presencia regular de máquinas para nivelar las calles de tierra, y un cronograma público de obras que les permita saber cuándo les toca. Le piden, en definitiva, que la respuesta no empiece cuando el agua ya entró a las casas. Yo, Noelia Sajama, seguí cubriendo lo que pasa en los barrios y vuelvo a dejarles los teléfonos 103 y 147 para que la próxima gotera no los agarre sin un número al que llamar.
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