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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Una propuesta templada de garbanzos y zanahoria con sello de sésamo, al horno en media hora

La preparación combina legumbres y verduras con una cocción breve y un aderezo cremoso a base de tahini, limón y salsa de soja, y se sirve con hojas verdes, cereal o crackers de semillas.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente · · 3 min de lectura
Una propuesta templada de garbanzos y zanahoria con sello de sésamo, al horno en media hora

Desde San Salvador de Jujuy, y a unos 1.250 kilómetros hacia el centro del país, la cocina cotidiana incorpora cada vez más preparaciones que mezclan legumbres, verduras de raíz y aderezos de origen vegetal, en una línea que combina la tradición de Medio Oriente con productos de producción local. En ese cruce aparece esta ensalada templada de garbanzos y zanahoria, una receta que se resuelve en apenas treinta minutos de horno y que tiene al sésamo como hilo conductor, tanto en la pasta que integra la salsa como en el aceite que se utiliza para terminar el plato.

El plato se apoya en una base de garbanzos ya cocidos, a los que se suman láminas finas de zanahoria y cebolla de verdeo picada, todo dispuesto en una fuente y llevado a horno fuerte. Antes de entrar al horno, los ingredientes se condimentan con pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, y se rocían con dos cucharadas de aceite de oliva. La cocción prevista es de media hora, con una pausa a la mitad del tiempo para revolver y asegurar una distribución pareja del calor y los condimentos.

El aderezo, un paso aparte

En paralelo se prepara la salsa, que es la que termina de darle identidad al plato. En un recipiente chico se mezclan tahini, jugo de limón, salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. A esa base se le suma agua caliente y se bate con decisión. Durante los primeros golpes de batidor la preparación puede mostrar una textura cortada, pero al insistir en el mezclado se vuelve cremosa y adquiere un color blanquecino, producto de la emulsión del sésamo con el líquido.

Cuando la fuente sale del horno, el aderezo se vuelca sobre los garbanzos y las verduras y se integra con movimientos envolventes hasta cubrir de manera uniforme la preparación. El cierre llega con un toque de pimienta negra recién molida y un hilo de aceite de sésamo, que aporta aroma y un acabado brillante antes de llevar el plato a la mesa.

Cómo llevarla a la mesa

La ensalada admite distintas lecturas según el acompañamiento, lo que la vuelve versátil para diferentes momentos del día. Las opciones que propone la receta son tres:

  • Hojas verdes: permiten armar una versión más ligera, casi como entrada o plato único fresco, donde la mezcla templada contrasta con la frescura de la verdura cruda.
  • Porción de cereal: arroz integral, quinoa o cuscús transforman la preparación en un plato principal más abundante, con mayor presencia de hidratos de carbono.
  • Crackers de semillas: una opción sin cocción adicional, ideal para llevar la ensalada a la mesa como picada o para servir en reuniones informales.

Datos útiles para el viajero y la cocina de casa

La receta resulta práctica para quienes se alojan en casas o departamentos con horno, ya que no requiere equipamiento especial. El tahini y la salsa de soja se consiguen en dietéticas y locales de productos importados, mientras que el aceite de sésamo, por su intensidad, se usa en pequeñas cantidades y se reserva para el final. Quienes quieran reducir el sodio pueden reemplazar la salsa de soja por una versión baja en sal o por un equivalente fermentado de producción regional. Servida templada, la ensalada conserva mejor la textura cremosa del aderezo y el contraste con el acompañamiento elegido.

ML
Micaela LlampaTurismo y ambiente

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