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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Treinta y un años de pediatría en el Heller: Marcelo Sotomayor y las recomendaciones que nunca cambiaron

El médico que llegó al hospital en sus primeros días de funcionamiento repasa lo que aprendió en tres décadas: la lactancia como primera trinchera, la prevención de accidentes en casa y los límites claros con las pantallas antes de los cuatro años.

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Noelia SajamaComunidades y territorio · · 6 min de lectura
Treinta y un años de pediatría en el Heller: Marcelo Sotomayor y las recomendaciones que nunca cambiaron

Marcelo Sotomayor nació prematuro en 1966, con apenas un kilo cien gramos de peso, y cuenta que esa experiencia temprana le dejó una marca que todavía hoy, a sus casi sesenta años, sigue orientando buena parte de su trabajo como pediatra: la certeza de que ocuparse de la salud de un chico empieza mucho antes de que aparezca cualquier enfermedad, y de que la pediatría es, sobre todo, una tarea preventiva que se construye junto con cada familia y con cada comunidad que atraviesa las puertas del Hospital Heller, donde él atiende desde los primeros días de funcionamiento de esa institución neuquina.

A punto de jubilarse y con treinta y un años de especialidad a cuesta, Sotomayor repasa lo que cambió y lo que no cambió en estas tres décadas de consultorio, y lo hace con la misma convicción de siempre: la mejor medicina es la que se hace antes de que la enfermedad llegue, y para eso hace falta que las familias se involucren, que los equipos se articulen y que el Estado, tanto nacional como provincial y municipal, garanticen los recursos necesarios para que esa prevención no quede solo en los consejos que se dan en un consultorio.

Tres recomendaciones que se repiten en cada consulta

  • La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses sigue siendo una de las principales recomendaciones, porque es la forma más efectiva de proteger al bebé de infecciones y de construir un vínculo temprano que después facilita el diálogo en la crianza.
  • La prevención de accidentes domésticos, sobre todo quemaduras y caídas, continúa siendo una causa frecuente de consulta de urgencia en niños pequeños, por eso en cada visita se revisan los enchufes, la cocina, las escaleras y el lugar donde duerme el bebé.
  • Antes de los cuatro años, las pantallas no deberían usarse; después de esa edad, la supervisión de un adulto y los tiempos acotados son indispensables para que el crecimiento no quede condicionado por el uso de dispositivos.

Sotomayor estudió medicina en la Universidad de La Plata, hizo la residencia de pediatría en el Hospital Castro Rendón de la ciudad de Neuquén y se incorporó al Hospital Heller en 1995, cuando la institución recién empezaba a funcionar, en pleno proceso de construcción todavía de su identidad institucional como hospital público de referencia para la zona oeste de la capital provincial, y fue parte del grupo que participó de las primeras semanas operativas, cuando el equipo todavía resolvía problemas de infraestructura básica antes de recibir pacientes, y también del grupo que atendió al primer bebé nacido en ese hospital, un hecho que recuerda con orgullo porque marcó el inicio simbólico de una historia que hoy es parte del sistema de salud neuquino y, sobre todo, de las familias de la región.

Lo que cambió en estos treinta años

En tres décadas, el perfil de los problemas de salud infantil cambió de manera visible para cualquiera que acompañe a un pediatra en su recorrido, y Sotomayor lo resume con una frase que condensa el cambio de época: cuando empezó a trabajar, la desnutrición era una de las principales preocupaciones, sobre todo en los sectores más humildes y en las familias que llegaban desde el interior de la provincia, mientras que hoy ese lugar lo ocupa la obesidad, junto con situaciones nuevas y preocupantes que antes casi no aparecían en los consultorios, como el consumo problemático de sustancias durante la infancia y la adolescencia, que se volvió un motivo de consulta cada vez más frecuente en los últimos años.

“La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses sigue siendo una de las principales recomendaciones, y hay que establecer tiempos limitados con las pantallas porque antes de los cuatro años los dispositivos no deberían usarse.”Marcelo Sotomayor, médico pediatra del Hospital Heller de Neuquén

Con el paso del tiempo, Sotomayor sumó la docencia como una de sus tareas centrales y hoy se desempeña como instructor de residencias y como docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue, una de las universidades públicas más importantes de la Patagonia, donde muchos de quienes fueron sus estudiantes en las primeras camadas hoy son sus colegas en el mismo servicio del Heller, lo que le permitió ver de cerca cómo se forman las nuevas camadas de profesionales que van a atender a los chicos y chicas de la región, y también cómo se renueva el compromiso con la salud pública en un territorio que él conoce palmo a palmo después de tantos años de guardia, de recorridas y de atención puerta a puerta en las comunidades que dependen del hospital.

La jubilación, que ya debería haber llegado en julio, quedó postergada hasta enero por decisión propia porque dejar el hospital después de treinta y un años no le resulta sencillo ni desde lo afectivo ni desde lo profesional, y aunque empieza a aceitar el proceso de retirada, todavía se lo ve en los pasillos del Heller resolviendo casos, acompañando a las familias y, sobre todo, transmitiendo a los más jóvenes esa mirada que él define como profundamente preventiva, humana y arraigada en la comunidad, y que aprendió, en gran parte, de haber sido él mismo un bebé prematuro que necesitó del sistema de salud para empezar a vivir, un dato que no es menor a la hora de entender por qué insiste tanto con la lactancia, con los controles y con la presencia del Estado en cada barrio.

Fuera de las guardias y de las clases, Sotomayor encuentra equilibrio en dos pasiones que lo acompañan desde hace años y que recomienda a todas las familias neuquinas como parte de una vida sana: el jazz, que escucha y toca whenever puede, y el montañismo, una práctica muy arraigada en la cultura de la zona porque Neuquén está rodeado de cerros, valles y cordillera, y que él resume con una idea que repite cada vez que puede: la actividad al aire libre compensa buena parte del estrés de la vida urbana y ayuda a que los cuerpos, sobre todo los de los chicos, se desarrollen de manera más armónica y más saludable, en un entorno natural que es parte de la identidad patagónica y que está al alcance de casi todos los bolsillos cuando se lo organiza en comunidad.

Lo que la comunidad de pacientes que pasa por el consultorio de Sotomayor pide, y que él se encarga de trasladar siempre que puede, es que las políticas públicas de infancia en Neuquén sigan fortaleciendo la atención primaria, que se garantice el acceso universal a la leche materna y a los controles, y que se destinen recursos tanto al Ministerio de Salud de la Nación como a la cartera sanitaria provincial para sostener los equipos que durante treinta y un años vienen haciendo este trabajo silencioso y esencial en el oeste neuquino, y que él, con su historia personal como espejo, considera irrenunciable.

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Noelia SajamaComunidades y territorio

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