Teeto, la masa azul que se traga el escenario y revive la magia de la consola de tu infancia
El estudio neozelandés Eat Pant Games presentó un plataformas en tercera persona con mecánica de absorción, cooperativo local y una dificultad que no te va a hacer transpirar la remera. Una carta de amor a los 64 bits que se juega sin apuro.

A veces uno va caminando por el centro y se cruza con un tipo que lleva una remera de Banjo-Kazooie, y entonces entiende que la nostalgia no es un souvenir: es una moneda corriente. Eso debe haber pensado la gente de Eat Pant Games, un estudio con sede en Nueva Zelanda, cuando decidió parir a Teeto, una masa azul con ojos enormes que se traga rocas, fuego y lo que le pongas adelante para mutar sus propias habilidades. La idea es simple como un alfajor y, justamente por eso, funciona.
El juego se mueve en tercera persona y propone 24 niveles repartidos en cuatro actos, con pantalla dividida para jugar en cooperativo local (sí, en el mismo sillón, como en los tiempos en que convidabas al hermano y se peleaban por el joystick). La historia es la mínima indispensable para sostener el paseo: Teeto y su compañera Nory, una coneja, le hacen frente a una corrupción de sombras mientras el escenario va cambiando de color y de humor.
La mecánica de la absorción, o por qué importa mirar antes de saltar
Lo que separa a Teeto de cualquier plataformas del montón es esa cosa de absorber objetos del entorno para modificar las propiedades del personaje. No es un power-up temporario ni una poción que se gasta en tres segundos: es leer el escenario, decidir qué te conviene y recién después mover el stick. Esa lógica aparece también en los combates contra jefes, así que el sistema no se queda en los pasillos sino que se mantiene hasta el final.
El movimiento se banca con dobles saltos y planeos que permiten negociar los desniveles sin necesidad de Timing de cirujano, y los niveles están poblados de coleccionables y criaturas para rescatar escondidas en cada rincón. La curva de dificultad es deliberadamente amable (casi tanto como un domingo a la mañana), lo que vuelve al juego muy accesible pero puede dejar con ganas de más a quien viene curtido del género.
- Plataformas 3D en tercera persona con estética ochentosa/noventosa
- 24 niveles repartidos en cuatro actos, con exploración por doquier
- Mecánica central de absorción: comés elementos para mutar habilidades
- Cooperativo local con pantalla dividida para revivir la época del sillón compartido
- Doble salto y planeo para moverse sin exigir reflejos de piloto
- Curva de dificultad amable, más paseo que maratón
¿Te copa un plataformas sin que te haga transpirar la camiseta, o preferís que el género te exija un poco más? Si la respuesta es la primera, este finde vale la pena bajarlo y jugarlo con alguien al lado, porque la pantalla partida todavía tiene ese encanto de cuando ibas a la casa de un amigo y se armaba la final del mundo por el mando.
“Caminante, no hay camino, se hace camino al mutar.”(copla prestada de Antonio Machado, con permiso del poeta y de la masa azul)
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