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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Seis butacas ocupadas y una caja de veinte dólares: la paradoja de «Zyzzyx Road»

Una película de bajo presupuesto convirtió su estreno en una rareza de manual: una sola sala en Dallas, seis espectadores en toda la semana y una recaudación que no alcanza para pagar un café con leche. Sin embargo, del otro lado del mostrador, la historia cierra con números mucho más amables.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 3 min de lectura
Seis butacas ocupadas y una caja de veinte dólares: la paradoja de «Zyzzyx Road»

Dicen que en Hollywood las cifras mandan, pero pocas veces una planilla de recaudación cuenta una historia tan delirante como la de «Zyzzyx Road». Imagine la escena: una sala alquilada por mil dólares, una función diaria al mediodía durante una semana, entradas a cinco verdes y, al final del partido, seis personas sentadas en las butacas. Treinta dólares. Después de devolverles el importe a dos conocidas del elenco, quedaron veinte. La película más vacía de la historia del cine moderno, según los registros que circulan, es estadounidense. Y la ironía es casi poética: el mismo título que parecía un trabalenguas terminó siendo un caso de estudio.

La historia detrás de ese papelón —perdón, de esa rareza— empieza con un guion de John Penney que mezclaba dos elementos caros al cine de género: una pareja atravesada por un crimen y un cadáver que, convenientemente, desaparece cuando vuelven a buscarlo. Elenco corto y conocido: Leo Grillo, Katherine Heigl y Tom Sizemore. La Heigl de hoy, la de las comedias románticas y los dramas médicos, entró al proyecto después de que Thora Birch dijera que no, justo cuando Birch ya había filmado el piloto de «Anatomía de Grey». Una de esas decisiones de casting que después se cuentan con una copa en la mano.

Veinte días en el desierto y una sola sala

La producción se cocinó rápido: 1,2 millones de dólares, veinte jornadas de rodaje en el verano de 2005 y el desierto de Mojave como paisaje. Para Penney, que venía de escribir guiones y de trabajar con gente como Brian Yuzna y Joey Travolta, era el salto a dirigir su propio material. Nada fuera de lo común en el circuito independiente, salvo el plan comercial que se inventó Grillo para financiarse sus próximos proyectos con animales: estreno limitado en Estados Unidos como trampolín para vender la película afuera. La lógica era rara, pero no irracional.

Así fue como «Zyzzyx Road» aterrizó el 25 de febrero de 2006 en el Highland Park Village Theater de Dallas, una sala que alquilaron por mil dólares para proyectarla al mediodía durante una semana. Cinco dólares la entrada, función única, público escaso. Cuando bajaron la persiana el 2 de marzo, los números eran los que eran: seis espectadores, treinta dólares facturados y veinte en caja después de la devolución a la maquilladora Sheila Moore y a una amiga que se habían acercado a acompañar.

  • Estreno en una sola sala de Dallas durante una semana completa.
  • Seis espectadores en total y una recaudación inicial de 30 dólares.
  • Tras devolver dos entradas, el saldo efectivo quedó en 20 dólares.
  • Venta internacional: alrededor de 368.000 dólares por derechos de DVD en 23 países.

(Y sin embargo, del otro lado del mostrador, la cosa pinta otra cara: los derechos internacionales para DVD movieron unos 368.000 dólares en 23 países. Sigue sin ser un blockbuster, claro, pero comparado con los veinte dólares de Dallas, es otro país.) Como decía mi abuela, que tenía frase para todo: «no es lo mismo el ruido que las nueces». Aquí las nueces estaban afuera, aunque la función en casa haya sido un experimento tan pequeño que casi no entra en el libro de las rarezas.

Para el finde, si quiere ejercitar la curiosidad cinéfila, vaya a la fuente: busque «Zyzzyx Road» en algún sitio de archivos o en el catálogo de clásicos de serie B. Dura poco más de una hora y pico, y se deja mirar como una postal del costado más under de Las Vegas. Si lo que le interesa es la trastienda del negocio, hay entrevistas con Penney y Grillo circulando por ahí donde cuentan, con bastante humor, cómo se cocinó aquella estrategia. Y si nada de eso lo convence, siempre queda la pregunta del final: a usted, ¿qué le importa más de una película, el argumento, el elenco o la historia de cómo se hizo?

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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