Lunes, 7 de septiembre de 2026
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Por qué algunos despiertan con el sueño fresco y otros solo con la duda de haber soñado

Un estudio de quince días con 217 adultos reveló que la edad, la divagación mental y la calidad del descanso influyen en la capacidad de retener lo soñado. La diferencia no es capricho: hay mecanismos concretos que se pueden entender.

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Celeste CondoríEducación y salud · 7 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

Levanté la vista de la pantalla y me quedó una idea clara: recordar un sueño depende de cómo durmió esa noche, no del azar. Eso afirma una investigación publicada en Communications Psychology, que siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana, los participantes anotaron si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle.

Qué encontraron los investigadores

El equipo cruzó tres tipos de datos: lo que cada persona contaba al despertar, mediciones obtenidas con dispositivos de monitoreo del sueño y pruebas psicológicas que midieron rasgos como la atención puesta en los sueños y la tendencia a la divagación mental, es decir, la inclinación de la mente a saltar de un pensamiento a otro en lugar de quedarse en uno solo.

  • La actitud atenta hacia los propios sueños: quienes registran y reflexionan sobre ellos los retienen más.
  • La divagación mental: mayor predisposición a pensar en cadena se asoció a recuerdos más nítidos.
  • La edad: a medida que pasan los años cambia la facilidad para fijar el contenido onírico al despertar.
  • La vulnerabilidad a la interferencia: estímulos como la luz, el ruido o el primer pensamiento consciente al abrir los ojos pueden borrar el sueño antes de que quede consolidado.

Sueño blanco y sueño con imágenes

La investigación separó dos experiencias que suelen confundirse. Una es recordar el contenido: escenas, acciones, emociones. La otra es lo que los autores llaman «sueño blanco»: la certeza de que algo ocurrió durante la noche, pero sin poder recuperar ningún detalle. Esa segunda experiencia fue más frecuente en ciertos grupos y sirvió para confirmar que soñar y recordar lo soñado no son lo mismo.

En cuanto a la estructura del descanso, quienes pasaron menos tiempo en sueño profundo (la etapa N3, asociada a la recuperación física y cerebral) y más en fases livianas tendieron a despertar con más material onírico en la cabeza. Las etapas superficiales parecen ofrecer condiciones más favorables para que la experiencia nocturna quede accesible al despertar.

“Recordar un sueño no es un talento misterioso: es una combinación de cómo dormiste, qué edad tenés y cuánta atención le ponés a lo que pasa al cerrar los ojos.”Celeste Condorí, Educación y salud
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Celeste CondoríEducación y salud

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