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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Miedo a volar: las claves que dio un neurólogo para dejar de sufrir antes y durante el viaje

Conrado Estol repasó cómo la anticipación del embarque y las sacudidas del avión alimentan la ansiedad, y propuso ejercicios concretos para dimensionar el riesgo sin recurrir al alcohol.

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Celeste CondoríEducación y salud · · 2 min de lectura
Miedo a volar: las claves que dio un neurólogo para dejar de sufrir antes y durante el viaje

El miedo a volar rara vez empieza en el aire. Los controles, los trámites migratorios y la sola idea de llegar tarde al aeropuerto suelen quedar pegados a la ansiedad del viaje. Para el neurólogo Conrado Estol, esa anticipación puede pesar tanto como el vuelo mismo, aunque también reconoció que la claustrofobia aparece como un factor aparte.

Ponerle números y contexto al riesgo

Estol propuso un primer paso casi pedagógico: conocer las estadísticas de seguridad aérea sirve, pero no alcanza. El cuerpo puede seguir reaccionando con miedo frente a una experiencia que le resulta ajena a la vida cotidiana en tierra. La salida que sugirió fue observar una aplicación de seguimiento de vuelos para dimensionar cuántos aviones circulan en simultáneo y ubicar al propio dentro de ese movimiento permanente.

  • Mirar un radar de vuelos en el celular para ver la cantidad de aeronaves en el aire al mismo tiempo.
  • Ubicar el propio viaje dentro de ese flujo cotidiano y dejar de pensarlo como una excepción riesgosa.
  • Recordar que las estadísticas de seguridad aérea no eliminan la respuesta emocional, pero ayudan a contextualizarla.

Durante el trayecto, el segundo foco de ansiedad suele ser las sacudidas. El neurólogo distinguió dos tipos: las turbulencias asociadas a tormentas, que se anuncian con mal tiempo, y las que aparecen con cielo despejado, que también pueden hacer vibrar la cabina aunque por la ventanilla no haya nubes a la vista.

Cuánto dura una turbulencia y por qué se siente eterna

Estol describió que la expectativa sobre la duración del fenómeno suele agrandar la inquietud. Los episodios fuertes, según explicó, se extienden durante segundos o unos pocos minutos, aunque quien los atraviesa puede imaginarlos prolongándose durante horas. Como referencia cercana, propuso reparar en los movimientos que se toleran al viajar en tren y compararlos con los del avión.

Sobre las tormentas, el especialista indicó que los pilotos cuentan con herramientas para identificarlas y modificar el recorrido, y destacó que los protocolos de cabina apuntan a reducir distracciones durante la operación. En ese marco, desaconsejó el alcohol para sobrellevar el vuelo: advirtió que puede provocar insomnio y deshidratación, y advirtió que el miedo no debería terminar condicionando las vacaciones.

CC
Celeste CondoríEducación y salud

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