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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Meta tiene a tu suegra, a tu contador y a tu ex en un archivo: te contamos qué hace Muse con todo eso

Un investigador destapó que el asistente de inteligencia artificial de la empresa de Menlo Park arma fichas sobre familiares, amigos y hasta la pareja, con datos que se actualizan cada hora. La compañía dice que se puede revisar y borrar; los demás, no.

IA
Iván AramayoCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
Meta tiene a tu suegra, a tu contador y a tu ex en un archivo: te contamos qué hace Muse con todo eso

Vayan a una plaza de cualquier barrio porteño un domingo al mediodía y miren a la gente con el celular en la mano. Muchos están hablando con un chat, como quien le cuenta las cosas a un amigo de toda la vida. Lo que casi ninguno imagina es que ese amigo del otro lado de la pantalla está tomando nota: no solo de lo que uno dice, sino también de la suegra, del plomero, de la pareja y hasta del ex. Eso, ni más ni menos, es lo que hace Muse, el asistente de inteligencia artificial que acaba de lanzar Meta y que ya está dando que hablar (para bien y para mal).

Un memory flash con olor a espionaje doméstico

La movida se conoció gracias a Karan Joshi, un investigador independiente en seguridad informática e IA, que le pidió al bot, así, como quien no quiere la cosa, que le mostrara sus instrucciones internas. El bot, obediente, le tiró los archivos. Y lo que apareció adentro dejó a más de uno con la ceja levantada: hay una rutina que se ejecuta cada hora y se pone a armar fichas de familiares, parejas, amigos, compañeros de trabajo y, ya que estamos, de cualquier cuenta que uno siga en redes.

(Acá hago un paréntesis para los que, como yo, todavía se marean con la cantidad de aplicaciones nuevas: Muse es la apuesta de Meta, la empresa dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, para meterse de lleno en el negocio de los asistentes personales con inteligencia artificial. La idea es que nos ayude con el día a día, desde mandar un mail hasta recordarnos que el cumple de la tía es el jueves.)

“Las instrucciones dicen textualmente que hay que trabajar con evidencia y no inventar datos.”Documento interno de Muse obtenido por Karan Joshi
  • Cumpleaños y aniversarios, que siempre se olvidan en el momento menos oportuno.
  • Cambios de domicilio, por si nos mudamos y la factura llega a la casa de antes.
  • Objetivos de ahorro en común, para esos proyectos familiares que arrancan con entusiasmo y terminan en la mesa del psicólogo.
  • Desacuerdos anteriores, que el bot registra como buen almacenero de barrio: todo queda.
  • Intereses compartidos y asuntos pendientes, lo que en el barrio llamamos 'tener la agenda al día'.

Qué dice Meta y qué puede hacer uno, que es lo que importa

Daniel Roberts, vocero de la compañía, salió a explicar el asunto con la mejor de sus sonrisas: según él, la información viene de contenidos públicos y de lo que uno mismo comparte con el asistente. También dijo que cada usuario tiene su propia 'máquina virtual separada' y que nadie más puede meter la nariz ahí. Hasta acá, todo más o menos dentro de lo que uno esperaría leer en un comunicado corporativo.

El problema, y acá viene lo jugoso, es que los controles están todos del lado de quien instaló Muse. Si uno revisa la actividad, borra la memoria o corta la conexión con servicios externos, puede dormir más o menos tranquilo. Pero las personas que terminan fichadas en el sistema -la suegra, el contador, el ex del que uno no quiere acordarse- no tienen ni voz ni voto en el asunto. Sus datos circulan por un archivo que no controlan, que no pueden revisar y que, en principio, no pueden pedir que se borre.

Roberts aclaró, eso sí, que el sistema pide confirmación antes de hacer una locura, como mandar un correo o hacer una compra. Detalle no menor para los que todavía nos acordamos de la vez que un celular viejo le mandó un audio de tres minutos a la suegra en plena madrugada.

Como decía mi vieja, que en paz descanse: 'el que mucho abarca, poco aprieta'. Pero acá el que mucho recuerda, poco controla. Mientras Meta nos asegura que todo está bajo control y que la información se usa 'para ayudarnos', el dato de fondo es que cada vez delegamos más memoria en máquinas que funcionan como ese vecino memorioso que sabe la fecha de casamiento de todos en la cuadra, menos la de uno mismo.

Para el fin de semana, si la tecnología los agobia, les recomiendo una vuelta por cualquier feria de libros usados: ahí todavía nadie les pide usuario ni contraseña, y las fichas de los lectores las arma uno mismo, en libretitas con tapas de cuero, como debe ser. Y si igual les picó la curiosidad con Muse, métanse en la página de Meta y lean la letra chica antes de convidarle sus secretos al bot.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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