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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Las hermanas Owen dejaron la puerta abierta y el streaming les abrió la sala

La segunda parte de Prácticamente magia cierra los conflictos centrales pero deja varios arcos a medio camino, lo que reabre el debate sobre una continuación de la franquicia de las hermanas Owen.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
Las hermanas Owen dejaron la puerta abierta y el streaming les abrió la sala

Salí del cine con la sensación de que acababa de ver una función de magia en la que el mago se guarda el mejor truco para el siguiente show. Y ojo, no me quejo: a veces el truco mejor guardado es justamente el que no se muestra. La segunda parte de Prácticamente magia resuelve lo central, sí, pero deja la mesa servida para que en algún momento del futuro cercano (o lejano, vaya uno a saber cómo se manejan los tiempos en Hollywood) alguien se siente a escribir el tercer round de las hermanas Owen.

La franquicia vuelve en un contexto curioso: la película original, aquella de 1998 que protagonizaron Nicole Kidman y Sandra Bullock, tuvo una segunda vida gracias a las plataformas de streaming, donde una generación que no la había visto en su momento la descubrió décadas después. Eso explica, en parte, por qué se cocinó esta secuela casi treinta años más tarde: había público nuevo esperando revisitar la historia, y el Estudio decidió servir el segundo plato.

Qué pasa en esta entrega

La historia retoma a las Owen con una amenaza nueva: aparece Tom Bailey, un pariente lejano sin un gramo de magia en las venas, que quiere apoderarse del libro de hechizos para arreglar asuntos personales. El plan no le sale bien, porque las Owen lo desactivan con un conjuro entre todas. Hasta ahí, el conflicto más externo queda resuelto con cierta limpieza.

Pero lo más cargados de peso pasa en Massachusetts, en paralelo. Frances descubre que para romper la maldición que pesa sobre las mujeres de su familia (esa condena tremenda que dice que los hombres que aman mueren jóvenes) hace falta un sacrificio personal. Frances elige pagarlo, y eso es lo que permite que Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma desde hacía rato, finalmente despierte. La cosa pega fuerte, y no exagero.

De ahí en adelante la película vira hacia la reconstrucción: las más jóvenes empiezan a desplegar sus propios poderes, Kylie se casa con Gideon y Sally retoma su vida sentimental de la mano de Ian, un personaje nuevo que se suma en esta entrega. El cierre no incluye escena poscréditos, o sea que si te quedaste hasta el final esperando un guiño a lo Marvel, te fuiste con las manos vacías.

Los hilos que quedaron sueltos

  • El arco de Gillian no termina de cerrarse del todo, queda en un limbo narrativo.
  • Las integrantes más jóvenes de la familia apenas están empezando a explorar su herencia mágica.
  • No queda claro qué harán con el negocio familiar que identifica a las Owen.
  • La maldición sobre las mujeres de la familia, aunque rota en su mecánica central, deja preguntas sin responder del todo.

Estos elementos, más que un cliffhanger explícito, son los que mantienen la conversación sobre una tercera parte. No hay un gancho dramático tipo "pero qué pasó" sino más bien un "y ahora qué viene" que tira del espectador hacia adelante.

“Como dicen por ahí, no hay mal que por bien no venga, ni bruja que por streaming no regrenda.”Refrán de cocina revisitado

Ahora, la pregunta del millón que me llevo a casa: ¿debería haber una tercera parte o este final alcanza? Mi postura, y se la regalo gratis, es que depende. Si la tercera entrega sirve para cerrar el arco de Gillian y mostrar cómo las más jóvenes se hacen cargo del legado familiar, bienvenido sea. Pero si es simplemente porque la fórmula funcionó en streaming y alguien quiere repetir el negocio, prefiero quedarme con esta segunda parte que, con sus cabos sueltos, tiene la honestidad de dejar al espectador pensando en lugar de devolverlo en bandeja al mostrador de la nostalgia.

Qué ver y escuchar el finde

Si todavía no la viste, esta es la semana para ir a Prácticamente magia 2, ideal en compañía de alguien que haya visto la original (los guiños pesan más cuando los compartís). Para el resto del finde, mi recomendación es maratonear la primera entrega en streaming antes de cualquier conversación sobre el futuro de las Owen, y dejarse tentar por alguna maratón de películas de brujas y hechizos que las plataformas suelen guardar en sus catálogos: el contexto ayuda a entender por qué esta secuela llegó treinta años después y por qué, al menos para mí, todavía tiene algo para decir.

IA
Iván AramayoCultura y patrimonio

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