Las cinco geografías del mundo donde la vida se estira y qué enseñan a los argentinos de 55 para arriba
Fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana son las claves que comparten Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa, según el cardiólogo Jorge Tartaglione. La genética pesa apenas un 25%: el resto depende de cada uno.

Me lo crucé a Jorge Tartaglione, cardiólogo de cabecera de miles de argentinos, mientras desgranaba una idea que a mí, como periodista que recorre barrios y comunidades, me sigue pareciendo revolucionaria: la vejez larga y sin achaques no es un accidente ni un premio de la lotía genética. Es, en buena medida, una decisión cotidiana. Y él me lo explicó con cinco lugares del mundo donde la gente, simplemente, vive más y mejor.
La frase que me quedó rebotando en la cabeza fue una: "Definimos nosotros el 75%". El profesional arrancó por ahí, dejando claro que la herencia que recibimos de viejos aporta apenas un cuarto de nuestra longevidad. Lo demás, según sostuvo, lo escribimos nosotros con lo que hacemos cada día. Y apuntó algo que me parece clave para los lectores de entre 55 y 56 años que pasaron por esta nota: existe una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad, siempre que se adopten ciertos hábitos. O sea: no es tarde, ni siquiera cerca.
Cinco geografías, una misma fórmula
Tartaglione repasó cinco zonas del planeta reconocidas por la expectativa de vida de sus habitantes y buscó el hilo invisible que las une. En Loma Linda, una ciudad de California donde la comunidad es mayoritariamente religiosa, el cardiólogo atribuye a esa fe una diferencia de hasta diez años respecto de la media. La espiritualidad, me dijo, no aparece como un dato decorativo: funciona como ancla emocional, como red de contención, como motivo para cuidarse.
En Costa Rica, mientras tanto, el consumo habitual de frutas tropicales y un ritmo de vida apacible empujan a muchos vecinos a pasar los 80 años sin grandes sobresaltos. En Icaria, una isla de Grecia con subidas y bajadas pronunciadas, la geografía misma obliga a moverse: sus residentes caminan durante buena parte del día sin que eso parezca un ejercicio sino una manera de estar en el mundo. En Cerdeña, región italiana de vida larga, la dieta se arma con lo que la tierra entrega de forma natural, sin grandes procesamientos.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Así definió Tartaglione a esos alimentos frescos, sin conservantes ni aditivos, en contraposición directa con los ultraprocesados que inundan las góndolas argentinas.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
El quinto punto del recorrido fue Okinawa, en Japón, donde el concepto de propósito diario ordena la vida de los habitantes. "No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo", describió el profesional, que mencionó personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música como si fuera lo más normal del mundo.
- Fe o pertenencia espiritual, como en Loma Linda, California, donde la comunidad religiosa vive hasta diez años más que la media.
- Frutas tropicales y ritmo tranquilo, como en Costa Rica, donde muchos superan los 80 años.
- Movimiento constante marcado por la geografía, como en Icaria, Grecia, donde las subidas y bajadas obligan a caminar.
- Alimentos que salen directo de la tierra, como en Cerdeña, Italia, donde la dieta se arma sin ultraprocesados.
- Un propósito diario, como en Okinawa, Japón, donde los vecinos se levantan cada día con una motivación concreta, por pequeña que parezca.
Cuando uno pone estos cinco lugares en fila, el patrón que aparece es bastante claro y, en el fondo, bastante al alcance de la mano: movimiento cotidiano, comida poco procesada, vínculos sociales activos y algún tipo de motivación que organice la jornada. Ninguno de esos hábitos exige recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales, y por eso me parece que la lectura que deja Tartaglione no es una promesa exótica sino una invitación bastante terrenal. La comunidad, en cada uno de estos rincones del mundo, le termina pidiendo a las autoridades sanitarias algo muy concreto: que estos conocimientos dejen de ser curiosidades de libros y pasen a integrar las políticas públicas de prevención, porque la longevidad no se decreta, se construye día a día, y empieza mucho antes de los 55.
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