La vez que Nintendo compró cine porno para que nadie lo viera
A comienzos de los noventa, la empresa japonesa desembolsó una cifra desconocida para hacerse con dos parodias explícitas del fontanero más famoso del mundo. La movida fue silenciosa, efectiva y sigue dando que hablar.

A veces la mejor manera de ganar una batalla es comprando al enemigo. Y a veces ese enemigo es una película porno. Sí, leíste bien. A comienzos de los años noventa, mientras los chicos discutían si era mejor jugar al Mario en la Super Nintendo o en la Game Boy, en algún estudio de Hollywood un señor llamado Buck Adams tuvo una idea que, vista en retrospectiva, parece salida de un sueño húmedo: hacer una versión para adultos del fontanero bigotudo. El resultado fueron dos cintas que hoy son una rareza casi mitológica.
Cuenta la historia (y aclaremos que todo esto viene de fuentes estadounidenses que llevan años rastreando el caso) que Adams produjo "Super Hornio Brothers" con un presupuesto de aproximadamente 20.000 dólares y un rodaje que se completó en apenas dos jornadas. El material grabado fue tan abundante que terminó dividido en dos películas, la segunda titulada "Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns". El protagonista fue nada menos que Ron Jeremy, figura de sobra conocida del cine adulto de la época.
El detonante fue un fracaso en la pantalla grande
Lo que probablemente nadie en Nintendo imaginó es que 1993 sería un año para el olvido. Ese mismo año se estrenó la adaptación cinematográfica oficial de Super Mario Bros., dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel, un descalabro de crítica y taquilla que dejó la imagen del personaje por el piso. Con el fontanero ya golpeado, la aparición de unas parodias explícitas era lo único que faltaba para completar el papelón. La reacción de la empresa japonesa no se hizo esperar: adquirió los derechos de ambas producciones en silencio, sin bombos ni platillos.
(Acá viene lo más jugoso del asunto: Nintendo no compró esas cintas para distribuirlas. Las compró para esconderlas. La estrategia fue deliberadamente discreta, casi quirúrgica, porque cualquier ruido adicional sobre las películas les daba publicidad gratuita. Y la movida funcionó. Durante más de una década, muchos dudaron de que esas producciones siquiera hubiesen existido. Parecía un rumor mal contado, una broma entre fans. Hasta que internet hizo lo suyo.)
Una copia perdida y muchas preguntas abiertas
En 2009 apareció en la red una copia de la segunda entrega, que incluía además un resumen de la primera. Para sorpresa de varios, el propio Ron Jeremy salió a confirmar lo que pocos creían: que los derechos efectivamente pertenecen a Nintendo y que, mientras eso sea así, no hay forma legal de reeditarlas. La primera película, en tanto, sigue completamente desaparecida. Un fantasma que nadie puede ver, ni siquiera pagando.
Lo que queda flotando es una pregunta incómoda para la industria del entretenimiento: ¿qué hace una empresa de videojuegos comprando cine para adultos? La respuesta, según los entendidos, es bastante simple y bastante pragmática. A veces proteger una marca implica meterse en terrenos que nadie quiere pisar. Nintendo eligió el camino menos vistoso pero más efectivo: comprar y archivar, en lugar de litigar durante años en tribunales que, inevitablemente, le darían más exposición al asunto.
- Las cintas se filmaron en 1993 con un presupuesto de unos 20.000 dólares y un rodaje de dos días.
- Se estrenaron el mismo año que la película oficial de Super Mario Bros., que fracasó en taquilla.
- Nintendo adquirió los derechos poco después del estreno para evitar más daño a la marca.
- La estrategia de silencio hizo que muchos dudaran de la existencia de las cintas durante más de una década.
- Una copia de la segunda parte apareció en internet en 2009; la primera sigue desaparecida.
Dicho todo esto, confieso que la historia me resulta fascinante. Hay algo casi poético en una multinacional japonesa gastando dinero en comprar una película que nadie debe ver. Es el tipo de movimiento que parece salido de una novela de espionaje, sólo que(Perdón, se me cruzó el chino del traductor; quería decir que parece sacado de una novela de espías.) Mejor lo repito en cristiano: parece sacado de una novela de espías,. Una rareza que, admitámoslo, también es un pedacito raro de la historia de los videojuegos. Para el fin de semana, si te interesa el tema, te recomiendo buscar el especial que el medio Vice le dedicó al asunto allá por 2019, donde varios involucrados dieron su versión. Y si te cruzás con un VHS de "Super Hornio Brothers" en una feria americana, avisame: tenemos una conversación pendiente.
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