La vaca se va nadando: la crecida del Paraná golpea al ganado correntino y empuja la carne hacia arriba
Entre veinte y veinticinco mil cabezas evacuadas de las islas, menos hacienda en Cañuelas y un informe del USDA que anticipa dos millones de toneladas menos en el mundo: la tormenta perfecta que empieza a sentirse en la góndola del supermercado.

Las lluvias que arrastró el Paraná desde el norte encendieron una alerta que ya nadie mira de reojo: en la provincia de Corrientes, entre veinte mil y veinticinco mil vacunos y búfalos fueron evacuados de las islas y los campos anegados por la crecida, y el movimiento de tropas no solo alteró la logística de los productores rurales sino que comenzó a recalentar el precio de la carne en el principal mercado de hacienda del país. La corriente de agua se llevó los potreros, dejó a las vacas con el agua al cinto y obligó a un operativo de rescate en el que las adultas atraviesan trechos cortos nadando, mientras que los terneros recién nacidos tienen que ser embarcados en barcazas porque no aguantan la travesía.
La logística de salvar un rodeo en medio del agua
En la zona de Bella Vista, epicentro de la emergencia, el reloj corre contra la bajante. Fabián Gotardo, presidente de la Sociedad Rural local, describió la complicación más inmediata: conseguir campos alternativos donde reubicar la hacienda evacuada antes de que el agua avance sobre el casco urbano, una situación que se vuelve todavía más delicada si la crecida se prolonga, porque entonces también empieza a faltar el forraje para alimentar al ganado desplazado. El pico del río se esperaba para la semana entrante, con la incertidumbre adicional de que el agua podía comprometer la planta urbana de la propia Bella Vista.
Menos oferta, precio más alto en Cañuelas
El impacto de la evacuación no tardó en trasladarse al mostrador del Mercado de Cañuelas, donde esta semana ingresaron menos animales y los valores de la hacienda subieron entre dos y cuatro puntos respecto del promedio de la semana anterior. Los novillos ganaron tres puntos, los novillitos dos y las vacas cuatro, mientras que las vaquillonas se mantuvieron estables; en paralelo, los productores tendieron a vender el ganado gordo listo para faena y a retener el resto, una decisión lógica que terminó de ajustar la oferta disponible y profundizó la suba en un mercado que de por sí viene caliente.
Lo que dice el mundo: dos millones de toneladas menos en 2026
La pulseada correntina se monta encima de un escenario internacional que ya venía apretado. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos publicó su informe semestral sobre mercados cárnicos y proyecta que la producción mundial de carne vacuna caiga cerca de dos millones de toneladas en 2026, para quedar en torno a los 60,2 millones; el grueso del ajuste se trasladaría al consumo, que retrocedería más de 1,7 millones de toneladas frente al máximo de 60,4 millones alcanzado en 2025. Para 2027 el organismo prevé una estabilización alrededor de los 60 millones de toneladas.
Argentina, en el lote de los que crecen
Dentro de ese mapa global, la Argentina aparece del lado de los países con producción en alza: el USDA le proyecta unas 90.000 toneladas adicionales, en línea con India y Uruguay, mientras que Australia, la Unión Europea, Brasil y Estados Unidos registrarían caídas. La letra chica, igual, hay que leerla con cuidado, porque Brasil concentra la mayor parte del ajuste global dado su peso como principal exportador, lo que deja al Mercosur en una posición incómoda: menos oferta del gigante regional combinada con una demanda que no se desploma, el cóctel clásico que termina empujando los precios internacionales hacia arriba.
Conseguir campos donde reubicar la hacienda evacuada es la complicación más inmediata; si la crecida se extiende, también se complica el abastecimiento de forraje para alimentar al ganado desplazado.
Acá arriba, en la frontera chaqueña del Paraná, la lectura es incómoda: la provincia aporta al país un caudal de hacienda que en circunstancias normales circula sin sobresaltos, pero hoy el río comanda el calendario y define cuántos kilos de novillo llegan al gancho. La menor oferta en Cañuelas, la proyección de menor producción global y un rodeo correntino malherido por el agua dibujan una película que el consumidor argentino va a empezar a sentir, primero en la pizarra del frigorífico y, más temprano que tarde, en el precio que paga por el asado del domingo.
Lo que prometieron hace diez años y nunca terminó de llegar
Hace una década, cuando el fantasma de la crecida aparecía en los manuales de defensa civil, la promesa repetida fue la de un plan de infraestructura que ordenara los pueblos ribereños, fortaleciera las defensas y les diera a los productores correntinos alguna certeza frente al próximo pico del río. Acá arriba, en las islas que ahora están bajo el agua, esa promesa se licúa junto con los potreros: las defensas nunca se completaron, los caminos alternativos siguen siendo una idea a medio terminar y las compensaciones que llegaron fueron siempre más lentas que la bajante. El productor chico, el que tiene cien o doscientas vacas, vuelve a quedar atrapado entre el agua y un Estado que llega tarde, y la cadena termina pagando el costo de una improvisación que se repite con cada creciente.
El cierre, como siempre, vuelve al pueblo. Las regalías que la actividad ganadera deja en las comunas correntinas se calculan sobre la hacienda que efectivamente se mueve y se faena, no sobre los vientres que hoy están refugiados en campos ajenos o directamente perdidos; por eso, en las próximas semanas, la discusión en las sociedades rurales y en los municipios va a ser menos técnica y más política: qué se faena, qué se exporta, cuánto queda para el pueblo, y cuántas promesas más se pueden seguir escuchando sin que aparezca una defensa seria del Paraná. Por lo pronto, el Mercado de Cañuelas ya marcó la tendencia: menos cabezas, precios entre dos y cuatro puntos arriba, y una carne que empieza a sentir la presión de la creciente.
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