La fiebre de la inteligencia artificial revierte una década de progreso en memorias y obliga a las automotrices de chips a desempolvar plataformas viejas en la frontera de la oferta tecnológica
La demanda de los aceleradores de IA se lleva la capacidad de producción que antes alimentaba a computadoras, teléfonos y consolas, y empuja a Intel y AMD a rehabilitar el estándar DDR4 para no dejar a nadie afuera del mercado

En el corazón de la crisis de precios de la memoria RAM que golpea al consumidor argentino y mundial está un fenómeno que la industria tecnológica no había enfrentado en más de una década: la posibilidad concreta de que un estándar anterior sea más conveniente, desde lo económico y desde lo técnico, que el flamante sucesor que la propia industria se empeñó en imponer durante los últimos años. La escasez relativa de memoria convencional DDR5, cuyo precio se disparó hasta superar los 620 dólares por un kit de 32 gigabytes frente a los 260 dólares que cuesta el kit equivalente en DDR4, empujó a Intel a desempolvar el zócalo LGA 1700, un conector físico que la propia compañía había dado por discontinuado en 2024 cuando apostó a una transición exclusiva hacia el estándar más moderno, y empujó también a AMD a anunciar el relanzamiento de su veterana plataforma AM4, un conector que en el calendario de la industria tiene más de una década de antigüedad, con la confirmación además por parte de Gigabyte, fabricante taiwanesa de placas madre, de que dos de sus líneas van a dar soporte a los nuevos procesadores que Intel prepara para los primeros meses de 2027.
La raíz del problema está en los chips que mueven la inteligencia artificial
Lo que está ocurriendo no responde a un ciclo de mercado ni a una especulación coyuntural de los vendedores de componentes: responde a un cambio estructural en la asignación de la capacidad de producción de los grandes fabricantes de memorias a nivel global. Una ejecutiva de Samsung reconoció públicamente que la memoria de alto ancho de banda, que es la que utilizan los aceleradores de inteligencia artificial que demandan los grandes centros de datos, va a pasar de representar el 20 por ciento de la capacidad de producción del sector en 2025 a casi el 30 por ciento en 2027, y ese desplazamiento de prioridades deja menos espacio disponible para fabricar la memoria convencional que utilizan las computadoras personales, los teléfonos, los dispositivos de streaming y las consolas de videojuegos, que son los productos que están sufriendo el ajuste en el precio final que paga el consumidor.
El cuadro se completa con el testimonio que el director ejecutivo de Micron, Sanjay Mehrotra, les llevó a sus inversores: prevé que la demanda de su compañía supere a la oferta durante los próximos dos años, y agregó que el 75 por ciento de la producción de Micron para 2027 ya tiene comprador acordado a precios superiores a los actuales, dato que terminó de sellar la decisión de la empresa de abandonar completamente la venta de memoria RAM al consumidor final y orientar todo su negocio hacia los centros de datos que alimentan a los modelos de inteligencia artificial. En otras palabras, lo que está ocurriendo en la cadena global de suministro tiene menos que ver con un problema de las fábricas que con un problema de prioridades, porque las automotrices de chips están eligiendo deliberadamente a quién atender, y en esa elección el usuario final de una computadora de escritorio o de una notebook quedó relegado a un segundo plano.
Cómo impacta en la Argentina y en la región
- Las computadoras armadas en el país subieron de precio y algunos fabricantes ofrecen configuraciones con menos memoria que antes al mismo valor, una práctica que erosiona la relación entre el consumidor y la industria.
- Teléfonos, dispositivos de streaming y consolas de videojuegos también acusaron el encarecimiento por la misma razón estructural, lo que significa que el fenómeno no se limita al segmento de las PC.
- Volver a DDR4 implica que los usuarios que armen equipos nuevos van a tener que resignar parte del desempeño que la industria les había prometido con el salto al estándar moderno, algo que en condiciones normales no se justificaba desde lo técnico pero que hoy se justifica desde lo económico.
El regreso oficial de plataformas y zócalos más viejos al mercado marca un punto de inflexión inusual en la industria tecnológica global, porque por primera vez en mucho tiempo la tecnología más nueva no es necesariamente la más accesible ni la más razonable desde el punto de vista del usuario final que vive acá arriba en la frontera de la oferta tecnológica, y esa inversión de la lógica que rigió durante la última década es, en sí misma, la noticia más relevante de toda esta crisis, más allá del precio concreto que termine pagando el consumidor cuando arme su próxima computadora.
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