Jueves, 27 de agosto de 2026
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Diario Quebrada

La fiebre de la inteligencia artificial recalienta la red eléctrica de Estados Unidos y se topa con la pared de los pueblos

El consumo eléctrico de los centros de datos pasó del 1,9% al 4,4% en cinco años y el Departamento de Energía proyecta que podría llegar al 12% en 2028; mientras tanto, comunidades locales ya bloquearon proyectos por 156.000 millones de dólares solo este año.

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Walter GuanucoMinería y Puna · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Acu arriba, en el corazón del boom tecnológico que promete cambiarlo todo, la electricidad empieza a faltar. El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial convirtió a los centros de datos en grandes consumidores de electricidad y puso en jaque al sistema energético de Estados Unidos, que hasta hace poco daba por sobrada la infraestructura disponible. La expansión de estas megainstalaciones, que pueden construirse más rápido que una línea de transmisión, una subestación o una central generadora, corre mucho más deprisa que la red que tiene que alimentarlas, y la diferencia ya se mide en proyectos frenados, pueblos en pie de guerra y cifras de consumo que se recalibran año tras año.

Según un estudio del Lawrence Berkeley National Laboratory publicado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, los centros de datos consumieron alrededor de 176 teravatios hora en 2023, equivalentes al 4,4% del consumo eléctrico nacional; en 2018 esa cifra rondaba el 1,9%, de modo que en apenas cinco años el peso del sector sobre la red se multiplicó por más de dos y las proyecciones para 2028 ubican el consumo entre 325 y 580 teravatios hora, lo que representaría entre el 6,7% y el 12% de toda la electricidad utilizada en el país, un salto que las empresas de servicios públicos miran con una mezcla de entusiasmo y de preocupación porque no saben de dónde saldrá esa energía adicional ni a qué costo ambiental y tarifario.

Nvidia y la economía que se monta sobre los chips

El motor financiero de esta fenomenal demanda es la propia industria de los chips. Nvidia cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con 96.221 millones de dólares en ingresos, un 106% más que un año antes, y su división de centros de datos generó 89.000 millones de dólares, casi el 93% del total, con un crecimiento interanual del 117%. Jensen Huang, fundador y CEO de la compañía, señaló en la presentación de resultados que la capacidad de cómputo se convirtió en una fuente de ingresos por sí misma, una frase que condensa el espíritu de un negocio que mide su cotización en función de cuántos gigavatios puede prometer, no de cuántos efectivamente enchufa.

  • Consumo de los centros de datos en 2023: alrededor de 176 teravatios hora, equivalentes al 4,4% del consumo eléctrico estadounidense.
  • Proyección para 2028: entre 325 y 580 teravatios hora, es decir, entre el 6,7% y el 12% del consumo nacional.
  • Ingresos de Nvidia en el segundo trimestre fiscal de 2027: 96.221 millones de dólares, un 106% interanual más.
  • Facturación de su división de centros de datos: 89.000 millones de dólares, casi el 93% del total y un crecimiento del 117% respecto del año previo.
  • Proyectos bloqueados o demorados por oposición local durante 2025: 48, por unos 156.000 millones de dólares.

Cuando el pueblo se planta

A la presión sobre las redes se suma la resistencia de las comunidades donde se instalan estos centros. Durante 2025, al menos 48 proyectos por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por oposición local, según reportes de seguimiento industrial que relevan el fenómeno, y el patrón se repite en condados rurales y suburbanos donde los vecinos cuestionan el ruido de los ventiladores, la huella de agua para refrigeración, el impacto visual de las torres y, sobre todo, la promesa incumplida de los puestos de trabajo bien pagos que solían acompañar a las grandes inversiones. La oposición, que hace diez años era marginal y se concentraba en unas pocas localidades, hoy se organiza como un actor central del debate energético estadounidense y obliga a gigantes como Amazon, Microsoft, Google y Meta a recalibrar sus cronogramas, mover data centers hacia regiones más permisivas o directamente rediseñar proyectos.

Lo que queda en evidencia es un desfasaje entre dos velocidades: la de la inteligencia artificial, que se mide en trimestres fiscales y multiplica ingresos a tasas chinas como las de Nvidia, y la de las redes eléctricas y la política local, que se mide en años y en audiencias públicas. Mientras las empresas del Silicon Valley prometen centros cada vez más hambrientos de energía, las comunidades por donde pasan los tendidos altos y los transformadores piden cuentas, regulan y, cada vez más, dicen basta, un recordatorio incómodo de que la economía digital sigue dependiendo, en última instancia, de cobre, agua, turbinas y vecinos que aceptan vivir al lado del ruido.

WG
Walter GuanucoMinería y Puna

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