Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Diario Quebrada

Halstead, tres meses antes: la nueva temporada de The Gentlemen y el aristócrata que ya no vuelve a casa

Eddie Horniman vuelve a Netflix con una entrega más oscura y europea, en la que intenta sacarse de encima la tutela de Bobby Glass y se codea con la mafia italiana. Repaso de una segunda temporada que le pide al Duque que elija entre los buenos modales y el poder de verdad.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · 10 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Parate un segundo en cualquier esquina de Palermo y mirá alrededor. Ahora imaginá que ese señor de saco impecable, con un pituco en la mano y cara de no haber roto un plato en su vida, es el capo de una red de cannabis que se extiende por toda Europa. Eso, más o menos, es lo que viene a proponer la segunda temporada de The Gentlemen, que ya está disponible en Netflix y que deja al Duque de Halstead bastante lejos del aristócrata despistado que conocimos hace un año y pico.

Un flashback con las botas embarradas

La serie abre con un Eddie Horniman (Theo James) medio muerto, arrastrándose por un campo de barro. A partir de ahí, se rebobina tres meses para explicar cómo llegó hasta ahí. Porque la primera temporada lo había dejado ya casado en el negocio con la familia Glass y cada vez más enganchado con Susie Glass, la hija del patriarca. Acá lo vemos con otra cabeza: quiere expandir el imperio, recuperar tierras alrededor de la finca y empezar a operar fuera del Reino Unido. Y para eso tiene que meterse en política, tejer acuerdos con el crimen internacional y, sobre todo, sacarse de encima a Bobby Glass, que está más preocupado por su despertar espiritual que por adaptar el negocio al nuevo escenario.

El conflicto central es de escritorio, pero también de fantoche. Eddie empieza a darse cuenta de algo que en esta zona del mundo se aprende rápido: los buenos modales, en este rubro, se leen como debilidad. Y acumular poder, en serio, implica dejar de bancar que otros decidan por vos. Esa pulseada entre Bobby y Eddie, con Susie en el medio, le da a la temporada una de sus mejores aristas.

“Dicen que cuando te parás en la esquina equivocada, aprendés dos cosas: a quién le debés y quién te debe a vos.”Copla callejera, autor anónimo

Llegan los italianos y el mapa se agranda

Uno de los grandes aciertos de esta entrega es ampliar el mapa criminal. Se suman dos personajes clave: el mafioso italiano Marco Moretti, al que le pone cuerpo y voz un Sergio Castellitto que está enorme, y su colaborador Cico Maldini, interpretado por Michele Morrone (sí, el de 365 días, pero acá está contenido y mide bien). Los Moretti aportan una dimensión europea, un turismo de relojes finos y amenazas discretas que le cambia el clima a la serie.

  • Theo James como Eddie Horniman, un Duque que deja de ser gentleman para empezar a ser capo.
  • Kaya Scodelario como Susie Glass, cada vez más cómoda en el sillón de mando.
  • Sergio Castellitto como Marco Moretti: el mafioso italiano con el que nadie quiere cruzarse.
  • Michele Morrone como Cico Maldini: el tipo tranquilo al que conviene no subestimar.
  • Guy Ritchie en la dirección, sosteniendo el estilo visual y el humor negro de la primera entrega.

Ritchie, el de siempre, pero con menos circo

El director mantiene la marca registrada: violencia estilizada, humor inglés con dientes apretados y un despliegue visual que pide pantalla grande. Pero esta vez parece más interesado en contar algo sobre el poder y sus consecuencias que en hacer piruetas. La transformación de Eddie recuerda a la de esos personajes clásicos del género que, cuanto más control ganan, más complicada se vuelve la salida. Es la ley de la serie mafiosa: o comés o te comen, y a veces las dos cosas al mismo tiempo.

Si te copó la primera, esta te va a gustar más. Y si nunca viste The Gentlemen, arrancá por ahí: la primera temporada es el prólogo indispensable para entender por qué este Duque está embarrado hasta las cejas. Un plan para el finde, con el termo al lado y la compañía que se banque las dos horas y pico sin mirar el celu.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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