Flesh Made Fear: el survival horror que se niega a crecer y casi le sale bien
Un indie argentino (bueno, parece) se calza la mochila de los noventa y reaparece con cámaras fijas, controles tanque y guardado con cartuchos. Lo jugué y acá les cuento por qué me hizo acordar a la pieza de la abuela y por qué a varios les va a dar urticaria.

A ver, arranco con una confesión de la calle. Bajaba el sábado por el barrio y vi la vidriera de un viejo local de videos decorada con caretas de vinilo y luces de neón rosa. Casi me como la vereda. La imagen me quedó dando vueltas porque tiene la misma pinta que Flesh Made Fear, este survival horror nuevo que parece sacado de un cajón con polvo de 1996 y que se empecina en jugar como si internet no existiera.
Lo primero que aclara la gente del estudio es que acá no hay intención de aggiornar nada. Cámaras fijas, personaje que gira como un camión con la caja cargada, inventario que te entra en un bolsillo de jean y guardado con puntos predeterminados (o sea, esos malditos cartuchos que te dejaban a pata en el peor momento). No hay autoguardado compasivo, no hay mapa con lucecitas, no hay nada que te tape la deuda.
Los primeros veinte minutos: entre el déjà vu y la sonrisa cómplice
Arranca el juego y la sensación es rarísima. Es como entrar a la casa de una tía que no visitás hace quince años: todo te resulta conocido pero al mismo tiempo descolocado. Los primeros minutos son tan parecidos a los referentes de la era PlayStation que uno duda si es homenaje o parodia. Se pasa esa media hora inicial y la cosa se acomoda: el título empieza a tener personalidad propia en lugar de vivir de citas.
La estética tira para el lado serie B bien asumida, con esa mugre de grindhouse de los ochenta y noventa que ya casi nadie se anima a filmar (ni a jugar). Los sintetizadores de la banda sonora acompañan sin hacer berrinche, y la dirección artística arma un clima opresivo sin necesidad de marcas ajenas. No hay guiño gratuito: hay laburo.
Mecánica de época, tensión de época
Acá viene lo jugoso. Como los controles son rígidos y el personaje no esquiva un suspiro, cada paso por el escenario se vuelve una decisión. No es que el juego sea difícil en el sentido tramposo: es que te obliga a pensar antes de moverte, porque moverte mal te puede costar diez minutos y tres cajas de bala. La desorientación y la escasez no son Decoración, son el idioma en el que te cuenta la historia.
Los puzles cargan con bastante peso del ritmo. El combate es tosco y queda como un recurso secundario, casi un trámite, así que el avance se sostiene entre exploración y resolución de acertijos. Esa es la lógica clásica del género y acá se respeta a rajatabla. Si vienen del Resident Evil de 1998 o del Silent Hill de la primera Play, se van a sentir en casa. Si vienen del RE4 remake, posiblemente quieran tirar el joystick por la ventana (y con razón, no los culpo).
¿Para quién es este juego? (spoiler: no es para todos)
El material de base lo dice con claridad y lo subrayo: es un título de nicho, pensado para gente que tiene vínculo previo con los padres del género. Para esos jugadores, Flesh Made Fear es una joyita que casi no aparece en el catálogo actual, un recordatorio de por qué nos cagamos de miedo delante de la tele cuando éramos pibes. Para los formados en diseños contemporáneos, la falta de indicadores en el mapa y los saltos de cámara van a funcionar como una pared concreta, no como un detalle menor a perdonar.
¿Qué ir a ver o escuchar el fin de semana, ya que estamos? Si les copa la movida, busquen el canal de YouTube de un divulgador de retros que se llama ácido (sí, así, en minúscula) y que viene repasando justamente el legado del survival horror clásico con análisis largos y tranquilos. Y si están en Buenos Aires, dense una vuelta por el local de la calle Corrientes que tiene alquiler de vinilos y consolas de los noventa: a veces organizan noches de Resident Evil con pantalla grande. Dicen que la pizza del buffet está mejor que la última pelea contra el Tyrant. O casi.
(Nota del autor: Flesh Made Fear no es para todos, y está bien que sea así. A veces uno quiere un juego que lo trate como adulto y le diga 'arreglate'. Acá pasa eso.)
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