Endeudamiento familiar: el servicio de la deuda ya se lleva uno de cada cinco pesos de ingresos
Un informe de la consultora Eco Go con datos del Banco Central a junio de 2026 muestra que las obligaciones de las familias pasaron del 12% al 20% de los ingresos en poco más de un año y que la cantidad de personas con cuotas vencidas se quintuplicó desde fines de 2024, sin que la mora ponga en riesgo al sistema financiero pero sí al consumo

El servicio de la deuda de las familias argentinas, entendido como la suma de las cuotas de capital y los intereses que se pagan cada mes por créditos personales, prendarios, hipotecarios y no bancarios, alcanzó el 20% de los ingresos totales de los hogares hacia junio de 2026, según un informe de la consultora Eco Go elaborado a partir de los registros de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina. El indicador se ubicaba en torno al 12% un año atrás, de modo que en poco más de doce meses se acumuló una suba de ocho puntos porcentuales, equivalente a un salto del 66% relativo en la presión financiera que soporta cada hogar.
El peso del servicio de la deuda supera hoy al de las tarifas de servicios públicos sobre el presupuesto familiar, ya que la carga crediticia prácticamente duplica a la que representan los consumos de agua, gas, electricidad y comunicaciones combinadas, una comparación que la propia consultora pone en relieve para dimensionar la magnitud del fenómeno en un contexto de ingresos deteriorados.
Mora en expansión y perfiles de atraso
La cantidad de personas con al menos una cuota vencida pasó de aproximadamente 4 millones a fines de 2024 a cerca de 21 millones hacia mediados de 2026, lo que configura una multiplicación por cinco en apenas un año y medio. La consultora aclara que la expansión no implica necesariamente un colapso del sistema financiero, dado que buena parte de los atrasos son de carteras no bancarias, pero sí marca un recorte efectivo del gasto de los hogares, porque una parte del ingreso que antes se destinaba a consumo queda comprometida con la cancelación, la refinanciación o el incumplimiento de cuotas previas.
- Créditos personales en bancos: mora del 15,9%.
- Prendarios en bancos: mora del 7,7%.
- Hipotecarios en bancos: mora del 1,6%.
- Crédito comercial bajo CUIT personal, como el de cadenas de electrodomésticos: mora del 27,9%.
- Créditos no bancarios para personas, que incluye fintech y billeteras virtuales: mora del 33,3%, más del doble que el 15,2% registrado en empresas del mismo segmento.
El negocio no bancario y el cambio en el mercado laboral
La participación del crédito no bancario en el financiamiento al consumo pasó del 16% a comienzos de 2024 al 25% hacia mediados de 2026, una suba de nueve puntos porcentuales drivenada por tasas de interés más atractivas que las ofrecidas por cuentas corrientes y cajas de ahorro tradicionales, en un contexto en el que los depósitos en pesos perdieron relevancia relativa frente a la búsqueda de rendimiento por parte de las familias. El número de deudores no bancarios pasó de 3,5 millones a 5,3 millones en poco más de dos años, mientras que las personas que ya tenían deuda bancaria y además acumularon deuda no bancaria crecieron de 4,7 millones a 7,6 millones, una combinación que la consultora describe como un indicador claro de sobreendeudamiento creciente.
Sobre ese cuadro se monta un factor estructural adicional, vinculado con la transformación del mercado laboral: a medida que se reduce el empleo asalariado formal y se expanden las modalidades independientes, por cuenta propia o basadas en plataformas, los bienes que hacen al trabajo, desde un vehículo hasta el teléfono o la maquinaria específica, dejan de ser provistos por una empresa y pasan a ser financiados por cada persona con crédito al consumo. Cuando el balance familiar se deteriora, también se deteriora la herramienta con la que esa persona genera ingresos, una dinámica que la consultora identifica como uno de los principales mecanismos de propagación del problema en los segmentos de menor formalización laboral.
En la lectura del equipo que dirige Sebastián R. Martínez, la mora comenzó una leve descompresión a partir de marzo de 2026, con refinanciaciones caso por caso en bancos públicos y privados que todavía no revirtieron la tendencia, mientras que en la feria se paga cada vez más caro el costo de sostener un nivel de vida similar al de la temporada anterior, dado que la misma cantidad de ingreso disponible permite financiar menos bienes y servicios como consecuencia del traspaso de recursos hacia el pago de obligaciones financieras.
De cara a la próxima temporada, la atención deberá centrarse en la evolución de tres indicadores que el propio informe jerarquiza: la tasa de mora consolidada del sistema, la relación entre servicio de la deuda e ingresos de los hogares y el ritmo de crecimiento del crédito no bancario, en particular el otorgado bajo CUIT personal y a través de plataformas digitales, dado que esos tres vectores son los que mejor sintetizan el pulso de un endeudamiento familiar que hoy recorta el consumo sin amenazar la estabilidad del conjunto del sistema financiero, pero sí la velocidad con la que la economía puede recuperar dinamismo en los meses venideros.
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