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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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El sueldo se evapora antes del día 20: la radiografía de una Argentina que vive pidiendo prestado para comer

Un relevamiento de Zentrix Consultora muestra que dos de cada tres hogares se quedan sin liquidez antes de la tercera semana del mes y que el crédito dejó de ser una herramienta de consumo para convertirse en un salvavidas. Los más jóvenes y los sectores de menores ingresos son los más golpeados.

WG
Walter GuanucoMinería y Puna · · 5 min de lectura
El sueldo se evapora antes del día 20: la radiografía de una Argentina que vive pidiendo prestado para comer

El sueldo entra y, antes de que termine la tercera semana, ya se fue. Esa es la postal que devuelve el Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, relevado en septiembre sobre un universo amplio de hogares argentinos: dos de cada tres personas consultadas confesaron que se quedan sin dinero disponible antes del día 20 del mes, un escenario que deja al descubierto hasta qué punto el ingreso dejó de alcanzar para cubrir el ciclo mensual completo en la Argentina de hoy, donde la diferencia entre lo que se cobra y lo que se necesita pagar se transformó en un agujero estructural que se repite mes tras mes para la mayoría de las familias, con la particularidad de que, cuando llega fin de mes, solamente uno de cada tres encuestados logra llegar con algún margen y apenas uno de cada diez consigue ahorrar, una proporción que, traducida en números concretos, pinta una economía doméstica asfixiada por la velocidad con la que se licúan los ingresos frente a una inflación que, según la percepción de los propios encuestados, nunca termina de ser alcanzada por los salarios.

El dato más crudo del informe, y el que mejor describe la lógica con la que se mueven hoy las familias argentinas, es el que muestra que el crédito dejó hace rato de ser una herramienta para comprar una heladera, un auto o refaccionar la casa, que era el motivo histórico del endeudamiento de los hogares, y pasó a convertirse en un puente para llegar a fin de mes: del 56,2% de los encuestados que tomó deuda en los últimos seis meses, más de la mitad —exactamente el 55,1%— lo usó para pagar alimentos o gastos de salud, mientras que otro 21,3% lo destinó a tarifas y servicios, y solamente un 11,8% pidió plata prestada para adquirir bienes durables, una inversión de prioridades que dice más sobre la realidad del país que cualquier discurso oficial sobre recuperación del poder adquisitivo.

La fractura por nivel de ingresos

La película cambia según la clase social a la que se pertenezca, y cambia de manera brutal. En los sectores más bajos, el 59,6% de los encuestados reconoce que no llega ni siquiera al día 15 del mes, y el 83,3% no supera el día 20, una cifra que coincide casi exactamente con el promedio general y que muestra que, para los hogares de menores ingresos, la quincena es apenas una estación de paso antes del cero. En ese mismo estrato, el 68,1% tomó deuda en el último semestre —dos de cada tres para cubrir necesidades esenciales como comida o salud— y el margen de ahorro es inferior al 1%, un dato que termina de dibujar un cuadro en el que la idea misma de guardar plata se volvió una fantasía reservada para unos pocos.

En la clase media la situación mejora apenas, y solo en los márgenes: el 51,4% se queda sin ingresos antes del fin de mes y, entre quienes se endeudaron, el motivo más frecuente fue pagar servicios —el 29% de los casos, una proporción más alta que en los otros dos estratos—, lo que muestra que para este segmento la presión viene por el lado de las tarifas y los impuestos más que por la comida, aunque el resultado de fondo termina siendo el mismo: plata que no alcanza. En la clase alta, en cambio, solo el 20% llega sin dinero al cierre del mes y el 61,9% logra ahorrar; cuando este sector recurre al crédito, lo hace principalmente para comprar bienes durables —el 63,4% de los casos—, que es justamente el uso que los manuales de economía siempre le asignaron al endeudamiento y que, en el resto de la pirámide, ya es un lujo perdido.

Los jóvenes, los más apretados

Los menores de 40 años son, según el relevamiento, el grupo que carga con la presión más fuerte: el 60,9% tomó deuda en los últimos seis meses, solo el 3% tiene capacidad real de ahorro y el 72% no supera el día 20 con plata en el bolsillo, una combinación que los deja sin reservas para imprevistos y convierte cualquier gasto inesperado —una reparación, un problema de salud, un viaje de colectivo más— en nueva deuda, en un loop que se retroalimenta y que va erosionando de a poco cualquier posibilidad de planificar a mediano plazo, que es, en definitiva, lo que separa a quien puede proyectarse del que vive resolviendo el día a día.

Qué espera la gente del Estado

Sobre el rol que debería jugar el Estado frente a este nivel de morosidad cotidiana, el 67% de los encuestados dijo esperar alguna forma de intervención, y dentro de ese grupo la mayoría —el 61,3%— apuntó a regular las condiciones de otorgamiento de crédito, mientras que apenas el 7,5% pidió directamente una condonación de deudas, una proporción que muestra que la demanda social no es mágicamente la de borrar lo que se debe, sino la de poner reglas más claras en un sistema financiero que, en muchos casos, termina siendo parte del problema.

El cuadro de situación se completa con otro dato que atraviesa a toda la muestra: el 81,8% de los consultados siente que sus ingresos no acompañaron a la inflación, una percepción que desde marzo no bajó del 81% y que llegó al 87,4% en julio, es decir, en el peor momento del segundo semestre, lo que confirma que la mejora nominal que algunos indicadores macro muestran no se traduce todavía —ni cerca— en la experiencia cotidiana de pagar el supermercado, cargar la SUBE o llegar a fin de mes sin tener que llamar a alguien para que le preste hasta el próximo sueldo.

WG
Walter GuanucoMinería y Puna

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