El segundo pulso del invierno: las guardias pediátricas se llenaron de chicos con fiebre y tos en plena primavera
En cinco semanas, las atenciones de urgencia por virus respiratorios en menores saltaron 187% en la provincia. El Virus Sincicial Respiratorio se adjudicó la ola que el año pasado había ocupado la influenza, y los bebés de menos de un año siguen siendo los más expuestos.

Me lo cuenta una mamá del barrio de San Martín mientras acomoda a su beba, Renata, en el regazo, después de cuatro horas de espera en la guardia del hospital público. Ella se llama Yesica, tiene 29 años y es de la comunidad de Villa Loyola. Me dice que lo que más le asustó fue ver cómo a la nena, de apenas cuatro meses, se le hundían las costillas cada vez que intentaba respirar. El cuadro empezó con mocos y una tos seca que no paraba, y terminó en un diagnóstico de bronquiolitis, esa palabra que en la salita de espera se repite como un eco y que los médicos definen como la inflamación de los bronquios más chiquitos, los que todavía están aprendiendo a funcionar.
Lo que le pasó a Renata no es un caso aislado. En apenas cinco semanas, las consultas pediátricas de guardia por enfermedades respiratorias prácticamente se triplicaron en toda la provincia: pasaron de 561 a 1.612 atenciones por semana, lo que representa un salto del 187%, según los datos que maneja el ministerio de Salud local. Si uno mira el conjunto de las guardias, sumando chicos y grandes, las atenciones respiratorias también se duplicaron en el mismo período: de 1.620 a 3.339 por semana.
Un virus que siempre vuelve
Lo que está pasando es un segundo pico estacional que llegó con atraso. El primero de la temporada se había registrado en la semana 21, alrededor de fines de mayo, y aquella vez el gran protagonista había sido el virus de la influenza. Ahora, en cambio, el que se quedó con la calle es otro viejo conocido: el Virus Sincicial Respiratorio, que en los papers médicos aparece como VSR pero que en los pasillos de las guardias los pediatras nombran como si fuera uno más de la familia.
El VSR se transmite con una facilidad que da bronca: alcanza con que alguien tosa o estornude cerca, o con tocar una superficie donde alguien enfermo dejó sus secreciones, para que el virus encuentre un nuevo dueño. En los adultos y en los chicos más grandes suele provocar un cuadro parecido al de un resfrío común: congestión, tos y malestar general. El problema serio aparece cuando el virus se mete en un bebé o en un nene chiquito, donde puede bajar hacia los pulmones y complicarse.
Por qué los más chiquitos la pasan peor
- Bronquiolitis: es la inflamación de las vías respiratorias más pequeñas, los bronquiolos, y dificulta la respiración. Es la complicación más frecuente en lactantes.
- Neumonía: una infección pulmonar que puede requerir internación.
- Riesgo de asma futura: los estudios muestran que los chicos que pasan infecciones graves por VSR tienen más chances de arrastrar silbidos en el pecho y crisis asmáticas en los años siguientes.
- Mayor vulnerabilidad en menores de un año y, sobre todo, en recién nacidos, que son los que pueden hacer cuadros más severos.
La herramienta que ya está disponible
Frente a este escenario, las autoridades sanitarias insisten en algo que para muchas familias todavía es una novedad: existe una vacuna gratuita para personas gestantes de entre 32 y 36 semanas y media de embarazo, que le pasa anticuerpos al bebé antes de que nazca y lo protege durante los primeros seis meses de vida, justo cuando es más vulnerable. Desde el ministerio remarcan que aplicarla a tiempo es la manera más efectiva de evitar que un cuadro como el de Renata termine en terapia.
El comportamiento de este año se parece mucho al de 2024, cuando la temporada respiratoria también se estiró con un formato de dos picos: primero la influenza, después el VSR, como dos olas de un mismo mar que todavía no se retira.
Lo que la comunidad de Yesica y de tantas otras mamás como ella le pide al sistema de salud es sencillo de decir y difícil de cumplir: más turnos, menos espera y, sobre todo, que la información sobre la vacuna llegue a tiempo a cada sala de atención primaria, porque nadie quiere volver a ver a un recién nacido con las costillas hundidas mientras lucha por meter aire.
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