El pesquero que volvió de otro tiempo: Mark Jenkin vuelve al mar con MacKay y Turner
Dos hombres se embarcan en una embarcación que regresa después de tres décadas en 'Rose of Nevada', la nueva película del realizador de 'Bait', rodada en 16 milímetros y ambientada en la costa británica.

Hay una escena que todavía no vi pero ya me imagino: la proa de un pesquero entrando despacio a un puerto que dejó de esperarlo, con la pintura comida por el óxido y los remaches como chiquitos dientes amarillos. Eso es 'Rose of Nevada', la nueva película del británico Mark Jenkin, y créanme que vale la pena sentarse a verla aunque uno no haya pisado para nunca un muelle en su vida.
La historia arranca con un disparate que a mí, personalmente, me cerró los ojos de alegría: un barco pesquero desaparece en el mar y reaparece treinta años después, tal cual, sin un rasguño. No es metáfora ni es poesía: vuelve, y punto. El pueblo costero se frota los ojos, lo repara como puede y sale a buscar tripulación. Pero los pescadores ya no abundan (la crisis hizo de las suyas) y los que quedan tienen los hombros rotos de tanto tirar de las redes.
Hasta que aparecen dos voluntarios con motivos bien distintos. Uno es un padre joven que necesita plata para arreglar el techo de su casa (algo tan argentino que duele). El otro quiere tomar distancia de su propia historia, ponerle kilómetros por medio a lo que le pesa. Los dos se embarcan en el Rose of Nevada y, claro, el viaje les modifica la vida de un modo que ninguno de los dos había ido a buscar.
Pesca, Cornualles y una vuelta de tuerca al género
Jenkin ya había mostrado que sabe mirar el mar con la cámara en 'Bait' y 'Enys Men'. Ahora vuelve a plantar su trípode en la costa de Cornualles y se da el gusto de cruzar dos cosas que pocas veces se dan la mano en el cine: la vida cotidiana de un pueblo que depende de la pesca y un viaje en el tiempo de los más clásicos, con todos los condimentos. Lo consigue sin despeinarse, y lo mejor es cómo cuenta ese paso del tiempo: la película no respeta el orden lineal y la imagen en 16 milímetros tiene esa textura gastada que parece recién sacada de un archivo de los años setenta.
- George MacKay y Callum Turner como los dos tripulantes, cada uno con su urgencia propia a bordo.
- Rodaje en 16 milímetros con grano y color desaturado, bien lejos del pulido digital.
- Un montaje que mezcla el presente del pueblo con secuencias que rompen la línea temporal.
- Reparto con caras conocidas de las películas anteriores de Jenkin, fiel a su troupe de Cornualles.
- La crisis de la pesca británica como contexto, no como adorno: condiciona las decisiones de los personajes.
Lo que más me gusta es que Jenkin no se limita al truco del género. La pregunta que deja flotando (qué hacemos cuando el pasado reaparece y nos pide algo) la responde con gente de carne y hueso, con necesidades de pagar el arreglo de un techo o de soltar lo que uno carga en la mochila. Por eso 'Rose of Nevada' funciona tanto para el que busca cine raro como para el que se conforma con una historia bien contada sobre dos tipos que se hacen a la mar para cambiar de vida.
“Volver a Cornualles con MacKay y Turner fue la excusa para volver a preguntar de qué están hechos los pueblos cuando se les va el trabajo.”Mark Jenkin
Me voy a permitir cerrar con una copla vieja que me viene al pelo cada vez que aparece un barco que vuelve: 'No me digas que no, marinero, que tu barca ya llegó'. Es la pura verdad: a veces lo que regresa del mar te cambia el rumbo aunque no quieras. Si este fin de semana se les cruza la posibilidad de ver 'Rose of Nevada', háganse un lugar y llévenla hasta el final: hay un boliche porteño que la está programando en pantalla grande y un streaming internacional que la tiene en catálogo. Yo, por las dudas, ya tengo mi entrada.
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