El hechizo vuelve a escena: la serie de Harry Potter se anima a lo que las películas dejaron afuera
El histórico productor David Heyman admite que la adaptación de HBO gana donde el cine perdió: tiempo. Estreno el 25 de diciembre, con segunda temporada ya en marcha y un reparto que se renueva por completo.

Lo encontré por casualidad, mientras caminaba por el centro y una vidriera de un café mostraba una tarde entera de gente trabajando con notebooks. En una de las mesas, dos chicas jóvenes reían viendo una secuencia del primer trailer de la nueva serie de Harry Potter que prepara HBO. Y la verdad, me llamó la atención ver a esa generación enganchada con un mundo que yo ya tengo asociado al living de la casa de mis viejos, a las VHS gastadas de fin de año y a las colas en el cine. Hay algo en esa franquicia que nunca termina de irse del todo y que, de tanto en tanto, vuelve a golpearnos la puerta.
Ahora le toca el turno a la pantalla chica. El estreno del primer episodio está previsto para el 25 de diciembre, y la apuesta es fuerte: adaptar libro por libro, empezando por La piedra filosofal, con un elenco completamente nuevo y con una promesa que no es menor. La serie llega de la mano de David Heyman, el mismo productor que estuvo detrás de las ocho películas que se estrenaron entre 2001 y 2011. O sea, no se trata de un improvisado que venga a reinventar la rueda, sino de alguien que conoce el terreno como la palma de su mano.
Más tiempo, más aire para respirar
En el podcast Harry Potter: From Film to Series, Heyman fue bastante claro con lo que considera una ventaja concreta del formato televisivo frente al cinematográfico. Según él, contar con más tiempo permite algo que en el cine resultaba casi imposible: quedarse en una emoción, respirar en una escena, hacer que el espectador conviva un rato largo con lo que sienten los personajes. "Estoy muy orgulloso de las películas, pero creo que tener más tiempo te permite profundizar en los personajes y sentir con mayor intensidad lo que ellos sienten", reconoció. Y agregó, sin vueltas: "Puedes convivir con esa sensación, algo que no ocurría con las películas, que, al condensarse en un margen de tiempo más corto, siempre tenían dificultades con la narrativa".
(Digo esto con todo el cariño del mundo hacia las películas, que tienen un lugar enorme en la memoria de cualquiera que haya crecido en los 2000. Pero es verdad: uno las recuerda más como postales que como novelas. Hermosas, sí, pero siempre con la sensación de que faltaba algo entre cuadro y cuadro.)
Lo que el cine tuvo que dejar afuera
Heyman puso ejemplos concretos de lo que, a su entender, las películas no pudieron sostener por una cuestión de tiempo, y que la serie tiene la oportunidad de trabajar con otro ritmo. Mencionó tres escenas, tres climas internos que pedían más aire:
- La llegada de Harry a Hogwarts, con todo lo que esa experiencia implica: el agobio, la soledad, la enorme presión que carga un chico de once años que recién descubre ese mundo.
- La lucha interna de Hermione por encajar en Hogwarts siendo tan inteligente, esa tensión permanente entre destacar y sentirse fuera de lugar.
- El complejo de inferioridad de Ron frente a su propia familia, el lugar incómodo que ocupa el mejor amigo del héroe y que en el cine quedó apenas esbozado.
Esos tres climas tienen algo en común, y creo que vale la pena señalarlo: son estados de ánimo más que acciones. Y las películas, por una cuestión de formato, están obligadas a avanzar, a empujar la trama hacia el siguiente giro, hacia la siguiente escena de acción. La serie, en cambio, puede permitirse el lujo de quedarse un rato en esa incomodidad, en esa molestia sorda que sienten los personajes antes de que pase cualquier cosa.
La segunda temporada, en marcha
Mientras se termina de pulir el estreno, la segunda temporada ya está en producción. Y, como es de esperar en una adaptación que recorre los siete libros, se vienen cambios importantes. Entre los nombres que se confirmaron en las últimas semanas figuran Billy Barratt como Tom Riddle, Lenny Rush como Dobby y Bonnie Hill como Ginny Weasley. Una mención aparte para Warwick Davis, que regresa al proyecto y le da a la serie un puente directo con las películas originales, casi como un guiño cómplice al público de toda la vida.
Me quedo dando vueltas con una idea que tira Heyman y que, si se concreta en pantalla, puede cambiar bastante la experiencia. Las películas nos dieron un Harry Potter que siempre estaba en movimiento, corriendo de un lado a otro. La serie tiene la posibilidad de mostrarnos a un Harry Potter que, a veces, se queda quieto y siente. Y eso, para mí, es bastante. "Dicen que el tiempo es un gran curandero, pero para esta saga parece ser también un gran narrador", le diría a cualquiera que me pregunte por qué me enganché con un proyecto que todavía no vi ni un segundo.
Para ir viendo el fin de semana: hay material viejo para repasar las películas antes del 25, y hay varios podcasts en inglés sobre la franquicia si les interesa el detrás de escena. La conversación está abierta, y esta vez, por suerte, sin apuro.
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