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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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El Coyote cansado de rebotar contra el cartel: ahora quiere juicio y representante

La película que junta al personaje de los Looney Tunes con Will Forte convierte el humor blanco del dibujo animado en una historia de juicios, intentos fallidos y mucha, pero mucha paciencia.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 4 min de lectura
El Coyote cansado de rebotar contra el cartel: ahora quiere juicio y representante

Vayan a buscar a un amigo que todavía siga diciendo que el Coyote y el Correcaminos son 'el mismo bicho' y cuéntenle esto: el Coyote se cansó de perseguir al Correcaminos por el desierto y se metió en un juzgado. Lo que durante décadas fue una seguidilla de cortos de pocos minutos, con un plan, un artefacto y un final contra el piso, ahora se estiró hasta superar los noventa minutos y se mezcló con actores de carne y hueso. La fórmula no cambia; el formato, sí.

Ahí aparece Will Forte como el partenaire humano, el que comparte el centro de la historia con un dibujo animado que lleva más de setenta años cayendo por barrancos. La dupla organiza todo el relato, y la primera sorpresa para el desprevenido es que las reglas del juego son distintas para cada uno (uno se estrella contra el precipicio y vuelve a correr, el otro responde a la lógica del estudio legal). Sin embargo, comparten un punto en común que los termina emparentando más de lo que parece: los dos quieren zanjar algo, y los dos chocan una y otra vez contra la pared.

La sombra larga de Space Jam

Mezclar animación con gente real no es ninguna novedad para los Looney Tunes. Ya pasó con Space Jam, cuando los dibujos se calzaron la camiseta de los Chicago Bulls junto a Michael Jordan, y volvió a ocurrir en Looney Tunes: De nuevo en acción. En ambas, los humanos llevaban la voz cantante del conflicto y los dibujos aportaban el caos necesario. Lo que hace esta nueva entrega es algo distinto: en lugar de tomar a los Looney como coro de estornudos, pone al Coyote como protagonista único y lo obliga a sostenerse durante todo un largo metraje. No es moco de pavo, y eso que el Coyote tiene experiencia en sostener cosas (aunque más le valdría soltar la piedra antes de mirar hacia abajo).

“Porque uno se propone cazar al Correcaminos, el otro se propone ganar el juicio. Y los dos, exactamente igual, vuelven a empezar el lunes.”Lector de piropos a las pelis

El truco, la caída, la vuelta a empezar

Para entender de qué va esto hay que mirar al Coyote como es: alguien que se levanta a la mañana y diseña la mejor trampa posible. Lo que sigue es conocido por cualquiera que haya visto un corto: el artefacto no funciona, aparece un imprevisto, y el final termina con una piedra redonda saliendo del fondo del cuadro. En esos pocos minutos, cada intento convive con su propia derrota, y eso fue durante décadas el motor de todo el asunto.

Lo que cambia acá es que esos fracasos repetidos dejan de ser el chiste y pasan a ser el motor del personaje. Las caídas, los golpes y los segundos donde la física decide hacer de las suyas siguen ahí porque ahí estaban, pero ahora también empujan el recorrido del Coyote y lo empujan a decidir seguir. La película, en el fondo, le toma el pelo a uno de los grandes temas de los Looney Tunes: ¿qué hacés cuando la postal de siempre, la del Coyote deshecho en el asfalto, se vuelve una decisión? (Spoiler: seguir intentándolo, qué otra cosa iba a hacer).

Y la verdad es que el cotejo con los cortos originales funciona como anillo al dedo. La fórmula siempre fue esa: plan, obstáculo, fracaso. Lo que hacen los guionistas es estirar el método hasta llevarlo al terreno del cine de juicios, donde los reveses también existen, solo que vienen con abogado y con juez. Ahí aparece Forte, cuya tarea es la más ingrata del filme: ser el partenaire de un dibujo animado que lleva más tiempo cayendo que cualquiera de nosotros en la alfombra del living. Le toca empatizar con un personaje que no tiene texto, solo cara de piedra y mirada de 'otra vez será'. Y, contra todo pronóstico, le sale bien.

Qué mirar este finde

Si todavía no vieron nada del Coyote en este nuevo formato, este es un buen momento para darle una oportunidad. Y si les da fiaca la sala, armen el ciclo en casa: empiecen con un par de cortos originales (los mejores siguen siendo los de Chuck Jones en los sesenta), sigan con Space Jam para entender cómo los Looney conviven con actores reales, y terminen con este Coyote vs. Acme para ver qué pasa cuando al Coyote le dan más de noventa minutos para quejarse. Como diría mi abuela viendo al Coyote bajar por el precipicio: 'Pobre bicho, mañana va a estar igual'. La diferencia es que esta vez, mañana, lo vemos en un juzgado.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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