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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El cerebro no se reparte en dos equipos: por qué creer lo contrario puede jugarnos en contra

La idea de que cada persona es del hemisferio izquierdo o del derecho lleva décadas circulando en la escuela, en la oficina y en las redes. Una investigación con más de mil participantes y la lectura crítica de la comunidad científica muestran que se trata de un mito con consecuencias concretas sobre cómo nos vemos a nosotros mismos.

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Noelia SajamaComunidades y territorio · · 4 min de lectura
El cerebro no se reparte en dos equipos: por qué creer lo contrario puede jugarnos en contra

A mí me gusta empezar estas notas por una escena cotidiana, porque ahí se ve cómo se instala un mito sin que nadie lo note. En una reunión de trabajo, un compañero dice con total seguridad que él es de cerebro izquierdo, porque es ordenado y le gustan los números, mientras una colega asegura que es de cerebro derecho, porque se pinta las uñas de dos colores distintos y se le ocurre una idea nueva cada dos minutos. Los dos se ríen, la conversación sigue, y nadie cuestiona lo que acaban de afirmar. Sin embargo, lo que acaban de repetir es algo que la ciencia viene desmintiendo desde hace años, y que sin embargo sigue funcionando como una verdad de pasillo en escuelas, empresas y hasta en cuestionarios virales de internet.

Un mito con fecha de nacimiento y poca investigación seria

Para entender de dónde sale esta clasificación hay que retroceder hasta las investigaciones con pacientes a los que se les seccionó el cuerpo calloso, una estructura que conecta ambos hemisferios, como recurso extremo para controlar crisis epilépticas muy severas. Esos estudios, realizados en condiciones excepcionales, mostraron diferencias entre las dos mitades del cerebro, pero en cerebros con lesiones y con circuitos alterados. Lo que nunca se pudo comprobar es que esa separación sirva para explicar la personalidad de una persona sana en su vida diaria. La psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic, lo resume con una idea que vale la pena repetir: que alguien sea bueno con los números o con la música no demuestra que una mitad del cerebro gobierne su manera de ser.

El problema es que, en castellano rioplatense solemos repetir frases hechas como si fueran hallazgos científicos. Decimos fulano es muy cerebral, o piensa con la lógica, o es puro corazón, como si el pensamiento y la emoción vivieran en compartimentos separados. Esa forma de hablar, que en la vida cotidiana resulta simpática, se vuelve peligrosa cuando se traduce en decisiones educativas o laborales, porque termina etiquetando a chicos y chicas como creativos o analíticos antes de que tengan tiempo de descubrir qué se les da bien.

Qué dice la evidencia más reciente

Un estudio publicado en la revista PLOS ONE se propuso ir a fondo con la cuestión. Analizó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años, una muestra amplia y diversa para este tipo de investigaciones. Lo que encontró fue que existen redes neuronales con mayor actividad en un hemisferio o en el otro, por ejemplo, áreas vinculadas al lenguaje en el izquierdo y redes de atención en el derecho, pero esas lateralizaciones son propiedades locales de circuitos específicos, no un patrón global que permita definir a una persona como diestra o zurra del pensamiento. En otras palabras, el cerebro no elige un equipo: trabaja en red, con ambos lados intercambiando información todo el tiempo.

Esa comunicación permanente ocurre a través del cuerpo calloso, un manojo de fibras nerviosas que funciona como una autopista de ida y vuelta entre las dos mitades. Por eso, incluso algo tan aparentemente simple como mantener una conversación exige procesar palabras, interpretar el tono de voz, leer gestos y manejar el contexto emocional al mismo tiempo. Si el cerebro dependiera de un solo hemisferio, no podríamos hacer nada de eso.

“La fortaleza individual en una tarea no prueba que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. Las personas usamos las dos mitades de manera integrada.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic

Por qué importa desarmar este mito en la escuela

La Unesco viene señalando que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Si un chico se autodefine como poco creativo por creerse analítico, o como desorganizado por asumirse artístico, termina alejándose de actividades que podría disfrutar y desarrollar. La etiqueta, aunque suene inofensiva, opera como una profecía autocumplida: hace que la persona abandone prácticas que, con entrenamiento, podrían convertirse en fortalezas.

  • La lateralización existe, pero es local: algunas funciones, como el lenguaje, tienen mayor representación en un hemisferio, aunque esto varía de persona a persona.
  • El cuerpo calloso mantiene una comunicación constante entre ambos hemisferios, por lo que la mayoría de las tareas requiere la integración de las dos mitades.
  • El origen del mito está en estudios con pacientes a los que se les seccionó el cuerpo calloso, una situación clínica excepcional que no representa el funcionamiento habitual del cerebro.
  • Un estudio con 1.011 participantes de entre 7 y 29 años no encontró un patrón global de dominancia hemisférica que permita clasificar a las personas.
  • La Unesco advierte que aplicar esta clasificación en la escuela puede limitar las expectativas y el desarrollo de habilidades en niños y adolescentes.
NS
Noelia SajamaComunidades y territorio

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