El arte de no claudicar: claves para que el propósito de año nuevo no termine en la banquina antes de marzo
La educadora en salud Vicki Griffin y el neurocientífico Karl Bailey, junto con la OMS, los CDC y la APA, marcan los puntos de fuga entre quienes sostienen un cambio y quienes lo abandonan en el intento. Una hoja de ruta posible para no quedar a mitad de camino.

Yo conozco a Mirta, una vecina del barrio de Belgrano que lleva tres años intentando dejar el cigarrillo y otras tantas veces lo dejó por un mes, dos semanas, a veces diez días, hasta que un asado con amigos la devuelve a empezar. Mirta, como tantas personas que encaré a lo largo de estos años como cronista de la vida cotidiana, me repite lo mismo cada enero: que esta vez va en serio, que la voluntad esta vez no le va a faltar. El problema, según la educadora en salud Vicki Griffin, no pasa por la fuerza de voluntad sino por la distancia que existe entre la intención declarada y la acción concreta de cada mañana. Mantener a la vista el propósito de fondo, dice Griffin, transforma una tarea trivial en un paso que vale la pena.
Metas con nombre y apellido
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, más conocidos por su sigla CDC, recomiendan traducir ese propósito en un plan con objetivos específicos, medibles y acotados en el tiempo. Una revisión publicada en la biblioteca de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos refuerza esa idea: cuando una meta se formula con precisión, el cerebro cuenta con un criterio claro para distinguir el avance del estancamiento, y eso reduce el margen para la excusa.
Sobre el tamaño del objetivo, la Asociación Estadounidense de Psicología, la APA, es tajante y propone dividir los cambios en tramos manejables, abordar un comportamiento por vez y no embarcarse en una reforma integral que termine agotando a la persona. La Organización Mundial de la Salud, la OMS, aporta una referencia útil para el movimiento: para los adultos, entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, aunque aclara que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna, incluso un corto paseo después de cenar.
Tropezar no es caer
“Los errores no deberían confirmar un fracaso, sino servir para revisar la estrategia. Un traspié aislado no es el final del proceso, es información para ajustar el plan.”Vicki Griffin, educadora en salud
La APA coincide con esa mirada: los deslices ocasionales son esperables y la clave está en retomar el plan sin convertir una interrupción en un abandono definitivo. La literatura sobre cambio de conducta también sugiere que cuando una meta deja de ser viable por una mudanza, un cambio de trabajo o una crisis personal, lo razonable es recalibrarla, no tirarla a la basura.
El entorno y el reloj, dos factores decisivos
El contexto pesa más de lo que solemos reconocer, y la APA subraya que involucrar a familiares, amistades o grupos de apoyo refuerza la motivación y crea una responsabilidad compartida que en soledad se vuelve cuesta arriba. Los CDC bajan esa idea al plano doméstico y proponen acciones concretas: compartir los objetivos con personas de confianza, caminar o cocinar en compañía y hablar abiertamente de los obstáculos cuando aparecen. A esa variable social se suma la del tiempo, porque para el neurocientífico Karl Bailey el cerebro conserva durante toda la vida la capacidad de reorganizar circuitos y acompañar nuevas conductas, siempre que se le conceda el plazo necesario para asentar cada hábito antes de sumar el siguiente. Los CDC cierran el círculo con un dato clave: repetir una conducta en horarios y contextos estables es lo que termina convirtiéndola en rutina, y por eso recomiendan anclar el nuevo comportamiento a una señal cotidiana, como cepillarse los dientes, tomar el primer café o regresar del trabajo.
Mirta, mi vecina de Belgrano, me confiesa que todavía no lo logra, pero que este año arrancó con un cambio pequeño y visible: dejó el paquete de cigarrillos en el balcón, fuera del alcance de la mano, y avisó a sus amigos del asado que está intentando dejar de fumar. No es la fórmula definitiva ni una promesa de garantizados, sino un recorte del trecho entre lo que se propone y lo que efectivamente hace cada día, que es, según todos los especialistas consultados, por donde empiezan los cambios que sobreviven al primer mes y al primer año.
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