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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dos años de demora: la señal que los argentinos suelen confundir con los años

Una enfermedad silenciosa puede estar formando cicatrices en los pulmones sin que aparezca la falta de aire. Especialistas del Hospital de Clínicas y del Ramos Mejía explican cuándo hay que sentarse a charlar con el médico y qué estudios pedir.

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Celeste CondoríEducación y salud · · 3 min de lectura
Dos años de demora: la señal que los argentinos suelen confundir con los años

Son 700 mil las personas que, según estimaciones internacionales, conviven con fibrosis pulmonar en América Latina, y en la Argentina el camino hasta el diagnóstico puede estirarse hasta dos años. Lo advirtió la Sociedad Argentina de Neumonología, que reclama controles más finos en grupos de riesgo. La cifra no es un dato menor: cada mes sin identificar la enfermedad puede achicar la capacidad de respirar como si el reloj se acelerara.

La tos seca que no se va y la falta de aire al subir una escalera suelen adjudicarse al paso del tiempo. El neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer, del Hospital de Clínicas y especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, es tajante: cumplir años no normaliza la dificultad para hacer esfuerzos, aunque estas patologías golpeen más después de los sesenta.

Cuándo consultar y de qué manera

  • Falta de aire que aparece o se agrava en pocos días: consulta urgente, en guardia o con tu médico de cabecera.
  • Tos seca persistente durante semanas sin fiebre ni resfrío: turno programado con neumonología.
  • Diagnóstico reciente de una enfermedad autoinmune como esclerosis sistémica: pedir estudios pulmonares de base, sin esperar síntomas.
  • Factores de riesgo presentes (tabaco, exposición a polvo o medicamentos asociados): solicitar evaluación aunque uno se sienta bien.

El trámite es sencillo si uno llega a tiempo. El profesional interroga sobre antecedentes, exposiciones laborales y fármacos. Después pide estudios de función respiratoria y una tomografía de alta resolución, que muestra cicatrices invisibles para una radiografía común. En el consultorio, con el estetoscopio, el médico puede escuchar un crujido parecido al sonido del velcro que se despega: es una pista que él debe interpretar, no un veredicto en sí.

“Cuando la falta de aire se intensifica en pocos días o aparece ante esfuerzos mínimos, la consulta tiene que ser urgente. Atribuirlo solo a la edad es perder tiempo que los pulmones no devuelven.”Juan Ignacio Engelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas

Lo que falta en cada paraje

En el interior profundo, la situación se vuelve más áspera. La jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, Fabiana Montoya, describe lo que ve a diario en su consultorio: tomógrafos de alta resolución escasos, demoras de meses para turnos con neumonólogo y derivaciones que obligan a viajar cientos de kilómetros. A eso se suma la cultura de bancarse los males: en muchos pueblos todavía se naturaliza toser toda la noche o quedarse sin aire al cruzar la plaza.

La especialista advierte un punto ciego que la estadística argentina expone con crudeza: en una cohorte local en la que participó, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios. Dentro de ese grupo, el 40 por ciento mostraba una afectación extensa en la tomografía. Es decir, cuatro de cada diez estaban dañados en silencio. Por eso, en esclerosis sistémica la evaluación pulmonar arranca junto con el diagnóstico; en artritis reumatoidea, se concentra en quienes cargan factores de riesgo, como el tabaquismo o ciertas exposiciones laborales.

Mientras las fibras sanas se reemplazan por cicatrices que no dejan pasar el oxígeno, la detección temprana puede cambiar el pronóstico. Hoy, en la mayoría de los hospitales públicos del país, acceder al estudio clave sigue siendo una carrera con obstáculos. Cerrar esa brecha es, también, parte del tratamiento.

CC
Celeste CondoríEducación y salud

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