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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diez minutos para despedir el día: cómo armar una rutina de dormitorio que no se haga bola

Dejar el teléfono lejos, tener la cama lista y bajar la luz son pasos simples para cerrar la jornada. Especialistas coinciden en que la constancia vale más que la perfección y aclaran que no existe una fórmula mágica contra el insomnio.

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Noelia SajamaComunidades y territorio · · 3 min de lectura
Diez minutos para despedir el día: cómo armar una rutina de dormitorio que no se haga bola

A mí me pasa, y le pasa a buena parte de la gente que conozco: cuando apoyo la cabeza en la almohada, el cerebro todavía está pendiente del último scroll, del mensaje sin responder o de la luz fuerte del techo. Por eso, ordenar el dormitorio unos minutos antes de acostarse puede funcionar como una especie de señal de corte, una manera de decirle al cuerpo que el día, definitivamente, terminó. La clave, según los especialistas, está en sostener esa secuencia noche tras noche, no en buscar una solución mágica.

El celular fuera de la mesita

El primer enemigo del descanso suele estar al alcance de la mano: el teléfono. Tenerlo junto a la cama invita a una navegación sin fin y mantiene las notificaciones encendidas hasta el último minuto. Una investigación publicada en 2025 encontró que, en adultos, el uso diario del celular antes de dormir se asociaba con horarios de sueño más tardíos, con menos horas de descanso entre semana y con una peor calidad de sueño percibida. Ojo: asociación no es causalidad, pero la coincidencia es elocuente.

Por eso, las recomendaciones más simples son las más rendidoras: dejarlo fuera del alcance de la cama, silenciar las alertas o, directamente, reservar el dormitorio solo para dormir. No se trata de hacer un rito solemne, sino de cortar con la continuidad de estímulos que el mundo digital trae pegada a la piel.

El cuarto en modo avión

  • Tender la cama y dejar la ropa de dormir lista, para no sumar tareas cuando ya estés acostado.
  • Cerrar las cortinas o bajar la persiana, para limitar la luz de la calle.
  • Apagar la luz principal y reemplazarla por una lámpara de baja intensidad.
  • Alejar el celular, la tablet y la computadora del sector donde apoyás la cabeza.
  • Anotar los pendientes del día siguiente en un papel, para sacarlos de la cabeza.

Esas cinco acciones, dicen los especialistas consultados, ocupan entre cinco y diez minutos. El objetivo no es dejar el cuarto impecable, sino reducir los estímulos visuales y sonoros justo cuando el cuerpo necesita empezar a apagarse. La idea es que el dormitorio deje de parecerse a una oficina o a un living y vuelva a ser, sobre todo, un lugar para dormir.

Una hora antes, no a último momento

La preparación del ambiente puede integrarse en una transición más amplia, que arranque una o dos horas antes de meterse en la cama. Leer en papel, escuchar música suave o hacer ejercicios de respiración son aliados clásicos, aunque a algunos les puede servir una caminata corta o una ducha templada. Lo importante es elegir actividades tranquilas, que no activen todavía más la cabeza.

“No existe una secuencia obligatoria ni una respuesta definitiva para todas las dificultades de sueño. La idea es repetir acciones reconocibles que se ajusten a las obligaciones personales, sin convertir la noche en otra tarea extensa.”Especialistas en higiene del sueño

Como comunidad de lectores y lectoras que somos, lo que la gente que tiene problemas para dormir viene pidiendo es bastante claro: quiere rutinas realistas, que se puedan sostener con hijos chicos, con trabajos extensos o con los mil horarios que hoy se viven en las ciudades. A quienes nos cuesta apagar el cerebro de noche, el pedido suele ir dirigido al médico clínico, al especialista en sueño y, también, a uno mismo: un poco de constancia y paciencia con el propio cuerpo.

NS
Noelia SajamaComunidades y territorio

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