Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Diario Quebrada

Diario Quebrada

Portada — Vida —

De la silla a la calle: cómo el trabajo con cargas puede cambiarle la rutina a una mujer que dejó de menstruar

La menopausia golpea al hueso y al músculo de manera silenciosa, pero una revisión de 80 estudios y el seguimiento con pesas libres durante 20 semanas muestran que moverse con una carga, aunque sea la del propio cuerpo, ayuda a sostener la densidad ósea en la columna y la cadera y a no resignar fuerza para las tareas de todos los días.

NS
Noelia SajamaComunidades y territorio · · 4 min de lectura
De la silla a la calle: cómo el trabajo con cargas puede cambiarle la rutina a una mujer que dejó de menstruar

Lo que me contaba Graciela, 52 años, en el consultorio de una endocrinóloga del barrio de Belgrano mientras esperaba su turno tiene más ciencia de la que ella misma imaginaba: "notás que te cuesta levantar la bolsa del supermercado, que las escaleras se vuelven una pelea diaria y pensás que es la edad". Esa percepción, que repiten cientos de mujeres en los grupos comunitarios de los centros de salud, tiene nombre técnico y consecuencia clínica: arranca con la caída de estrógeno, la hormona que durante años protege al tejido óseo, y termina cuando los huesos se vuelven más frágiles y la masa muscular empieza a mermar sin aviso.

Por qué la menopausia cambia el cuerpo desde adentro

La menopausia marca el fin de la menstruación y, con ella, la baja sostenida de estrógeno. Esa hormona, explican los manuales de ginecología consultados, cumple un papel clave en la remodelación del hueso: cuando se reduce, el equilibrio entre formación y resorción se rompe y el riesgo de osteoporosis, una enfermedad en la que los huesos se vuelven porosos y propensos a fracturarse, crece de manera significativa. En paralelo, el músculo también pierde volumen y calidad, lo que impacta de lleno en la autonomía.

Levantarse de una silla, cargar una bolsa del súper, subir el primer piso por escalera o sostener la postura frente a la computadora durante una jornada laboral son actos que parecen menores pero dependen, literalmente, de la fuerza que se tenga en las piernas, en los brazos y en el tronco. Cuando esa reserva cae, lo que antes era rutinario empieza a pedir ayuda.

Qué dice la evidencia más reciente sobre el entrenamiento con carga

Una revisión publicada en la revista Osteoporosis International, que reunió 80 estudios con 5.581 participantes posmenopáusicas, encontró un efecto favorable del ejercicio de resistencia sobre la densidad mineral ósea medida en tres puntos sensibles: la columna lumbar, el cuello femoral y la cadera. Los resultados se mantuvieron tanto en mujeres con osteopenia —una etapa previa a la osteoporosis, en la que el hueso empieza a perder densidad sin llegar a fracturarse— como en aquellas con osteoporosis ya diagnosticada, y no hubo diferencias significativas entre los programas supervisados por profesionales y los que cada mujer hizo por su cuenta.

El dato no es menor: quiere decir que no hace falta un gimnasio de lujo ni un coach presencial para empezar a proteger el esqueleto. Mover los músculos contra una carga —puede ser el propio peso del cuerpo, una banda elástica, una mancuerna o una máquina— ya genera un estímulo útil para el hueso y para el músculo, siempre que se sostenga en el tiempo.

Veinte semanas con pesas: lo que pasó con la fuerza en la mediana edad

Un trabajo complementario, publicado en BMC Women's Health, puso bajo la lupa a mujeres de mediana edad que completaron 20 semanas de entrenamiento con pesas libres. Las que terminaron el programa, tanto las que todavía menstruaban como las que ya habían pasado la menopausia, ganaron fuerza en ejercicios clave como la sentadilla y el press de banca. La masa muscular, en cambio, no se movió igual en todos los grupos: las mujeres posmenopáusicas mostraron cambios más modestos que las premenopáusicas, lo que confirma que, después de la menopausia, hay que sostener el estímulo de forma más constante para no resignar músculo.

  • Empezar por una evaluación clínica que descarte contraindicaciones y mida la densidad mineral ósea si hay antecedentes familiares de osteoporosis.
  • Combinar ejercicios de fuerza con trabajo de equilibrio para reducir el riesgo de caídas, un punto crítico cuando el hueso está más frágil.
  • Sumar caminatas, baile u otra actividad aeróbica moderada, idealmente entre 150 y 300 minutos por semana según las recomendaciones generales de la Organización Mundial de la Salud.
  • Adaptar la carga a la historia de cada mujer: empezar con bandas elásticas o el peso del cuerpo y subir de manera progresiva.
  • Trabajar la técnica con un profesor de educación física o un kinesiólogo antes de sumar peso, sobre todo en sentadilla y press de banca, para evitar lesiones.
  • Mantener una alimentación suficiente en calcio, vitamina D y proteína, porque el hueso y el músculo también se construyen desde la mesa.

El pedido de las comunidades que se acercan a los centros de salud es claro y lo resumo en la misma línea en que me lo plantea, cada vez que la cruzo en el club del barrio, Marta, la referente del taller de personas mayores: quieren poder seguir viviendo solas, sin tener que llamar al hijo o a la hija para destapar un frasco o para pararse de la cama. La recomendación que se repite desde los servicios de ginecología y de endocrinología apunta a que cada mujer hable con su médica o su médico de cabecera antes de empezar un plan con cargas, y que exija una evaluación de densidad mineral ósea si tiene antecedentes familiares de fracturas, menopausia precoz o tratamientos prolongados con corticoides: los especialistas consultados insisten en que la prevención empieza antes de la primera fractura, no después.

NS
Noelia SajamaComunidades y territorio

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo