De Juana de Arco a Corleone: Filmin repone un mapa de clásicos para revisar sin apuro
La plataforma reúne títulos de Dreyer, Kubrick y Coppola, entre otros, y permite entrar al catálogo por género, director o elenco. Tres fichas para animarse a volver a algunas películas que suelen quedar relegadas.

Vayan a la esquina de cualquier bar de Boedo un viernes a la noche y pregúntenle al primero que pase qué vio de Dreyer, de Kubrick o de Coppola. Lo más probable es que cite El padrino, se acuerde del “phone home” de Spielberg y nada más. La memoria del cine grande funciona así: sobreviven dos o tres títulos por autor y el resto queda como paisaje. Por eso una movida como la de Filmin, que junta en su catálogo clásicos de distintas décadas y registros, sirve menos como ranking y más como recordatorio: hay un montón de películas notables esperando a quien se anime a darles play.
La selección que promociona la plataforma recorre dramas, sátiras, comedias y ciencia ficción, y permite organizar la búsqueda por género, por director o por elenco. Para no perderse, conviene arrancar por tres fichas bien distintas: un juicio del siglo XV, el miedo atómico de la Guerra Fría y una boda mafiosa en Long Island.
Tres entradas al catálogo
La pasión de Juana de Arco, de 1928, es la puerta más exigente. Carl Theodor Dreyer la pensó como un juicio y la rodó casi entera sobre los rostros de sus intérpretes. Maria Falconetti carga con la película en los ojos, secundada por Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y un Antonin Artaud que todavía no era el dramaturgo que sería después. Es cine mudo, sí, pero también una clase sobre cómo se puede contar una historia sin mover la cámara y dejando que las caras hagan el trabajo.
Si el dramatismo de Dreyer pide silencio y concentración, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de 1964, es exactamente lo contrario. Stanley Kubrick toma el pánico nuclear y lo vuelve sátira. Elenco de lujo: Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn se cruzan en una historia donde un general desquiciado puede mandar al mundo al tacho. La risa, acá, es un mecanismo de defensa, igual que en los mejores sketches de Les Luthiers, que también trabajaban el absurdo mientras la dictadura comandaba.
El padrino es la ficha más obvia y, por eso, la que más se subestima. Francis Ford Coppola armó una tragedia familiar con Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton, y de paso dejó una reflexión sobre el sueño americano que sigue vigente: esa idea de que con esfuerzo y un poco de suerte cualquiera puede trepar, aunque para trepar haya que pasar por encima de cualquiera. La película trabaja los contrastes de luz como si cada plano fuera un cuadro y estiliza la violencia hasta convertirla en un ballet oscuro. Si hace veinte años que no la ven, mirarla de nuevo con ojos de adulto es otra película.
El resto del recorrido
El catálogo no se queda ahí. Para los que quieran risa con truco, Buster Keaton aporta una comedia con elementos fantásticos que sigue siendo un milagro de física y de timing. Fritz Lang, en tanto, ofrece una pieza de ciencia ficción emparentada con el expresionismo alemán: esa tradición de sombras, ciudades distópicas y angustia existencial que después fue a parar a Blade Runner y al cyberpunk. Y para quienes prefieren el suspenso en formato compacto, Ida Lupino entrega una película de 71 minutos concentrada dentro de un auto, donde la tensión no sale nunca del habitáculo y la claustrofobia hace el resto.
(Dato al margen: Lupino es de las pocas directoras que aparecen en estas recopilaciones de clásicos. Vale la pena googlearla antes de verla y entender por qué se ganó el mote de “mujer de los B” cuando en realidad hacía películas mucho más interesantes que varios de sus colegas varones con presupuesto.)
“Más ruido hace un viejo verde que cien contadores.”Copla popular del Bajo Flores
Lo bueno de un catálogo así es que permite ir entrando de a poco, sin la obligación de maratonear. Una noche Dreyer, otra noche Kubrick y otra Coppola, con Keaton o Lang de postre. Y si el plan es compartir pantalla, cualquiera de las tres fichas grandes aguanta debate de sobremesa: si la Juana de Arco es mártir o hereje, si la guerra nuclear se evita por suerte o por estupidez, y si Michael Corleone es víctima o villano. Para el fin de semana largo que se viene, mi recomendación es arrancar por El padrino en familia, dejarse llevar por la boda siciliana y discutir después, café mediante, qué fue de los valores de esa familia. Después, si queda aire, ¿Teléfono rojo? y el miedo nuclear de hace sesenta años, que tampoco es tan distinto del de hoy.
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