Cuatro temporadas en el más allá, y una pregunta que nos persigue desde el living: ¿somos buenas personas?
La serie de Mike Schur convirtió la filosofía en chiste y el chiste en filosofía. Acá va por qué The Good Place todavía nos hace ruido, en una recorrida por sus protagonistas, sus dilemas y el lugar que se ganó.

El otro día, en la esquina de siempre, mientras esperaba el colectivo, escuché a dos vecinos discutir a los gritos si está bien morirse y que te toque el cielo por portación de apellido. No, en serio: uno le recriminaba al otro que "con la familia que tiene, ya tendría que haber entrado sin hacer fila". Me acordé de Eleanor Shellstrop, la protagonista de The Good Place, que es básicamente eso: una mujer que se muere, despierta en el barrio modelo del más allá y lo primero que piensa es "algo acá está mal, y el mal soy yo". La serie de Mike Schur (sí, el mismo de Parks and Recreation y Brooklyn Nine-Nine) se tomó cuatro temporadas y 53 episodios para responder, con humor y con, qué significa vivir como la gente.
(Lo que sigue tiene spoilers light y reflexiones varias, así que si no viste la serie, igual te va a servir: The Good Place funciona también como manual de supervivencia ética para cualquiera que haya tratado con un mal vecino, un familiar insufrible o un algoritmo de citas.)
Los cuatro que llegaron al lugar equivocado
- Eleanor Shellstrop (Kristen Bell): la protagonista. Vendedora de pañales descartables para ancianos, egocéntrica profesional, fanática de Arizona y de la cerveza en lata. Llega al Buen Lugar por un error administrativo y lo primero que hace es tratar de no ser descubierta. Es la prueba viviente de que nadie se cree bueno del todo.
- Chidi Anagonye (William Jackson Harper): profesor de filosofía y ética, senegalés-australiano criado en el barrio más pobre de Sídney, incapaz de decidir qué comer sin consultar a Kant. Es el que le da letra a las preguntas que la serie se atreve a hacer en voz alta.
- Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil): millonaria, filántropa, conductora de TV, amiga de la realeza y de la NASA. Nombre que significa "feliz y exitosa" en urdu. Llegó al Buen Lugar porque donó millones; el detalle es que donaba para ser más famosa que su hermana gemela. Pura apariencia.
- Jason Mendoza (Manny Jacinto): chico de Florida, ex jugador de fútbol americano mediocre, traficante menor y DJ amateur. Llegó al Buen Lugar por confundir la bondad con hacerse el boludo. Es el corazón de la serie y el que más enseña sobre la lealtad sin manual de instrucciones.
- Michael (Ted Danson): el arquitecto del barrio. Un demonio disfrazado de benefactor, con cara de ejecutivo de oficina y paciencia de santo. Es el que mueve los hilos y el que, capítulo a capítulo, se va pareciendo demasiado a los humanos que dice observar.
Como se ve, ninguno de los cuatro llegó al sitio que le correspondía. Eleanor fue un error de sistema; Chidi, Tahani y Jason son buenas personas, sí, pero su bondad tenía letra chica. Ese fue el truco: la serie no arrancó con el cielo ganado, sino con la sospecha de que ninguno merece estar ahí. Y a partir de ahí, cada capítulo fue un pequeño juicio oral.
Filosofía con chiste, chiste con filosofía
Lo mejor que tiene The Good Place es que nunca te hace sentir que estás en clase. Schur contrató a un filósofo de cabecera (el neozelandés Todd May, que además fue asesor de Breaking Bad, dato que siempre me deja pensando) para que cada guion tuviera al menos un hueso filosófico real. Y los huesos vienen con grasa: el utilitarismo de Bentham y Mill pelea con la ética del deber de Kant, mientras Jason pregunta qué pasa si uno se come el último alfajor. Es comedia del absurdo con bibliografía al pie.
“Que el elenco esté bien, pero Chidi intente explicarle a Jason qué es el imperativo categórico y Jason termine hablando de crocodiles es la mejor clase de ética que se puede dar por televisión.”Iván Aramayo
Por qué todavía habla de nosotros
La serie es del 2016 al 2020, pero su pregunta central no envejece: ¿una buena persona se hace o se nace? ¿Y se puede dejar de ser mala? Eleanor, Chidi, Tahani y Jason no llegan al Buen Lugar como monjes: llegan como gente común, con mezquindades, orgullos y vergüenzas guardadas. La serie propone que la bondad no es un diploma que se trampe la calidad, sino una práctica diaria, con tropiezos incluidos. Como decía mi abuela: "ser bueno es una tarea, no un título".
Y acá viene lo humano, lo que a mí más me mueve: la serie no habla del más allá. Habla del antes. De cómo nos tratamos en el colectivo, en la fila del banco, en la mesa familiar del domingo. Cada capítulo es un espejo chico que nos devuelve la pregunta incómoda: si mañana te morís y te toca el Buen Lugar, ¿te toca de verdad? Y si no, ¿qué hacés hoy con eso?
Qué ver este finde, si te quedó la duda
Si nunca la viste: arrancá por el piloto ("Everything Is Fine", temporada 1, episodio 1) y dejate llevar. Si la viste y querés revisitar: hay un podcast oficial donde Schur y el guionista Akiva Schaffer desgranan capítulo por capítulo, y se consigue en Spotify. Si querés algo para el domingo a la tarde, con la novela de las seis como ruido de fondo, las cuatro temporadas están en Netflix Argentina y se maratonean en un finde largo. Si lo que querés es leer en serio sobre las ideas filosóficas que toca la serie, el libro "El utilitarismo" de John Stuart Mill entra en un viaje de ida y vuelta a Mar del Plata. Y si querés reírte un rato sin culpa: "El Barco" de los mismos Bertrand Eccleston sigue siendo una joyita. Lo demás, lo hacés vos.
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