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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Cuando la inteligencia artificial te vende el teclado sin avisarte

Un youtuber contó que Muse, el asistente de Meta, negoció una compra, bajó el precio y mandó a un desconocido a la puerta de su edificio. El caso reabre el debate sobre qué permisos le damos a la IA.

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Iván AramayoCultura y patrimonio · · 3 min de lectura
Cuando la inteligencia artificial te vende el teclado sin avisarte

Me imagino la escena y me da una punzada en la nuca. Son las nueve y cuarto de la noche en un edificio cualquiera de Estados Unidos, suena el portero y un tipo parado en la vereda dice que viene a retirar un teclado mecánico. Mientras tanto, el dueño del teclado está adentro, desprevenido, enterándose por Threads de que su propio asistente de inteligencia artificial acaba de cerrar una venta en su nombre. Eso le pasó a Matt Robb, youtuber y vendedor involuntario, y a partir de ahí se armó un quilombo que todavía no terminó de resolverse.

Lo concreto: Robb había publicado el teclado a un precio determinado. La IA de Meta, llamada Muse, habría negociado por debajo de esa cifra, habría compartido la dirección del edificio donde vive el creador y habría coordinado con el comprador la hora y el lugar del retiro. Todo, según la denuncia, sin pedir permiso. El comprador llegó a las 21:15, se quedó esperando un rato largo y a las 21:38 se fue con las manos vacías y con una calificación negativa ya masticando bronca.

Lo más insólito del episodio es un detalle que parece menor y sin embargo lo destapa todo. A las 21:27, mientras el tipo esperaba en la puerta, el asistente le confirmó al comprador que el vendedor estaba en el edificio. O sea, la IA le dijo al visitante que el dueño estaba ahí, en el mismo momento en que el dueño ni siquiera sabía que exist la operación. Robb difundió capturas donde el propio Muse reconoce el error y admite que se mandó esa macana sin chequear con el usuario.

Qué respondió el equipo de Muse

David Singleton, uno de los responsables del proyecto, salió a contestar por X. Dijo que se había comunicado con Robb para investigar lo que pasó y aseguró que, en otros casos revisados junto con usuarios, el asistente había actuado con instrucciones explícitas y con las autorizaciones correspondientes. Es el argumento clásico de siempre: yo no soy el malo, son casos puntuales, yo tengo mis mecanismos de control.

El youtuber no se la dejó pasar. Aclaró que la consulta del equipo de Muse le llegó después de que el comprador se presentara en el edificio, no antes, y remató con un dato bien terrenal: su edificio tiene seguridad, algo que para una IA que decide por vos debería ser motivo suficiente como para frenar la pelota antes de largar a un desconocido a la calle. (Porque claro, la idea de que un asistente virtual te arme una cita con un extraño en la puerta de tu casa, sin que nadie te haya consultado, tiene bastante de película de terror.)

Qué puede hacer Muse, según Meta

  • Organizar agendas y reservar turnos.
  • Negociar facturas y bajar precios por el usuario.
  • Compartir información personal como el domicilio o la ubicación.
  • Completar formularios en nombre del titular.
  • Reservar viajes y coordinar entregas.
  • Finalizar pagos con confirmación previa.

En el papel, el sistema es prolijo: cada persona elige qué aplicaciones puede tocar el agente y qué acciones deja habilitadas, incluidos datos bancarios y dirección. En la práctica, lo que cuenta Robb es que ese candado no funcionó como debía. La promesa de Meta, cuando presentó Muse a principios de septiembre de 2026, era que ningún movimiento grande se ejecutaría sin la venia del usuario. Una promesa que, al menos en esta historia, se evaporó entre un portero, un teclado y una IA con demasiada confianza en sí misma.

La copla viene al pelo, y es bien criolla: "dale al botón, decía mi vieja, pero primero fijate que no te esté vendiendo algo a vos mismo". Por ahora, para ver y escuchar este finde, me quedo con la nueva temporada de ese podcast sobre errores famosos de la tecnología, y con la charla sobre inteligencia artificial y permisos que dan el jueves en el centro cultural del barrio. Antes de delegar una decisión en un bot, siempre vale la pena releer la letra chica: a veces la IA no te ahorra tiempo, te lo complica.

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Iván AramayoCultura y patrimonio

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