Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Diario Quebrada

Créditos de fintech en mora: el sector defiende sus tasas y asegura que nueve de cada diez deudores ya tienen un plan de pago

La Cámara Argentina Fintech expuso ante Diputados que 2,4 millones de usuarios de bancos digitales y billeteras registran irregularidades; aclaró por qué las tasas anuales trepan hasta el 850% aunque el costo real de un crédito corto ronde el 9% y prometió refinanciaciones para evitar el efecto bola de nieve.

WG
Walter GuanucoMinería y Puna · 10 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

En la Argentina, donde cerca de 21 millones de personas tienen hoy acceso al crédito formal —una cifra que hasta hace una década parecía de imposible en un país acostumbrado a financiarse en negro o directamente en el colchón—, alrededor de 5,8 millones de individuos arrastran algún grado de irregularidad crediticia según los registros que manejan bancos, fintech y entidades de monitoreo. De ese universo preocupante, 2,4 millones tienen préstamos otorgados por fintech o billeteras digitales, una porción equivalente al 16% del total de los créditos en mora que circula por el sistema financiero argentino.

El número no es menor si se lo pone en contexto: hasta hace diez años, las promesas del sector fintech local hablaban de inclusión financiera masiva y de tasas accesibles para los sectores históricamente excluidos de la banca tradicional, y el crecimiento efectivamente fue explosivo; pero esa misma expansión dejó al descubierto, en tiempos de cepo, inflación y bolsillos flacos, una masa de deudores que se atragantaron con cuotas que en los papeles parecían chicas pero que, sumadas a refinanciaciones encadenadas, terminaron por golpear a dos millones de personas que hoy luchan por mantener al menos la puerta abierta de su historial crediticio.

Nueve de cada diez, con plan de refinanciamiento

Frente a ese cuadro, el sector salió a explicar públicamente, en el marco de la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados, que el 90% de esos deudores de fintech y billeteras digitales ya cuenta con algún esquema vigente de refinanciamiento, asistencia o alternativa de salida pensada para descomprimir la situación. La intención declarada, según transmitieron los voceros de la Cámara Argentina Fintech, es doble: por un lado, evitar que la deuda se descontrole y se convierta en una bola de nieve que termine arrastrando a familias enteras a la informalidad total; por el otro, preservar la posibilidad de que esas personas sigan construyendo —o reconstruyendo— un historial crediticio que les permita, más adelante, acceder a financiamiento para comprar un auto, refaccionar una casa o montar un emprendimiento.

Durante la exposición, las autoridades del sector aclararon un punto que, según reconocieron, suele generar ruido en la calle: las fintech y las billeteras digitales no prestan plata de sus propios usuarios, algo expresamente prohibido por la normativa vigente. Lo que hacen, en realidad, es tomar líneas de crédito de bancos tradicionales o financiarse a través del mercado de capitales, y luego girar ese fondeo hacia personas que, en muchos casos, apenas cuentan con un historial incipiente o directamente carecen de cualquier antecedente crediticio, y que además suelen carecer de garantías reales que puedan ofrecer a cambio. Esa combinación —mayor riesgo y fondeo más caro— termina impactando de manera directa en las tasas que se les cobran a los usuarios finales, una ecuación que desde el sector reconocen como virtuosa pero también incómoda.

Por qué una tasa del 850% no significa devolver diez veces lo pedido

Otro de los ejes centrales de la presentación fue, precisamente, la forma en que se leen y se comunican las tasas anuales, un terreno donde la distancia entre el dato técnico y la intuición del usuario se vuelve enorme y muchas veces termina sembrando pánico o directamente llevando a la gente a cancelar créditos sin medir consecuencias. El sector fue muy gráfico al respecto: un préstamo de cien mil pesos a devolver en catorce días implica, en los papeles, un pago total de 109.000 pesos, de los cuales 7.400 corresponden a intereses y 1.600 a impuestos, con un costo efectivo para ese período específico del 9%, una cifra que, en términos cotidianos, suena razonable y hasta accesible para alguien que necesita hacerse de plata rápida para pagar un arreglo, cubrir un mes de alquiler o comprar mercadería.

Ahora bien, al anualizar mecánicamente ese costo, la Tasa Nominal Anual trepa al 194%, la Tasa Efectiva Anual llega al 550% y el Costo Financiero Total Efectivo Anual —el indicador más completo— alcanza el 850%, números que vistos en soledad parecen de usura desbocada y que por estos días suelen aparecer en publicidades, comparadores y notas de divulgación sin demasiada explicación. Pero el sector insistió en que ese 850% no significa que quien pidió cien mil pesos vaya a tener que devolver 950.000 al cabo de un año; lo que realmente expresa es que, si ese mismo crédito se renovara una y otra vez durante un año entero, en forma encadenada, el costo acumulado teórico sería ese, una diferencia conceptual que, según reconocieron, todavía no termina de ser comprendida por una porción significativa de la población que compara tasas como si fueran equivalentes y no como lo que son: herramientas de comparación entre productos distintos.

  • Más de 2,4 millones de usuarios de fintech y billeteras digitales están en mora: representan el 16% del total de créditos irregulares del sistema.
  • El 90% de esos deudores ya accedió a algún plan de refinanciamiento, asistencia o salida negociada.
  • Un crédito de $100.000 a 14 días cuesta $109.000: interés efectivo del 9%, aunque la tasa anualizada puede llegar al 850%.
  • El sector aclaró que las fintech no prestan plata de sus propios usuarios: se fondean con líneas bancarias o del mercado de capitales.
  • La Cámara Argentina Fintech expuso ante la Comisión de Finanzas de Diputados y pidió que se mire el costo real, no solo las tasas anualizadas.

Como contrapartida, desde la entidad marcaron una diferencia tajante entre el crédito regulado —que ofrece contratos claros, supervisión oficial, derechos del consumidor plenamente vigentes y canales formales de reclamo— y el crédito informal, ese que florece en redes sociales, grupos de WhatsApp y de conocidos, donde las personas pueden terminar atrapadas sin ningún tipo de respaldo, sin posibilidad de refinanciar y, lo que es peor, sin herramientas legales para defenderse cuando la situación se desborda. Acá arriba, en las oficinas porteñas donde se cocina la regulación, la discusión que se viene pasa por cómo fortalecer la educación financiera de los usuarios para que entiendan qué están firmando, y cómo aceitar los mecanismos de refinanciación automática para que la mora no se transforme en una lápida sobre el futuro crediticio de millones de argentinos que, en definitiva, lo único que intentaron fue zafar del mes.

WG
Walter GuanucoMinería y Puna

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