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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cafeína en la mochila: lo que los adolescentes consumen sin saber y por qué les cuesta dormir

Especialistas del Hospital de Niños de Yale repasaron las señales de alerta, los productos que suelen pasar desapercibidos y los horarios clave para cortar el círculo de cansancio, nerviosismo y pantallas que atrapa a cada vez más jóvenes en la Argentina y en el mundo.

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Noelia SajamaComunidades y territorio · · 5 min de lectura
Cafeína en la mochila: lo que los adolescentes consumen sin saber y por qué les cuesta dormir

Me lo crucé en la puerta de un colegio de Palermo, a las siete y pico de la mañana, con un vaso de plástico en la mano y los ojos entreabiertos: Mateo tenía quince años, se llamaba Mateo, y me dijo que no podía arrancar el día sin su lata energética porque a la noche se le hacía imposible pegar el ojo. Lo que me pasó en esa esquina es, exactamente, lo que vienen advirtiendo desde hace tiempo los equipos de sueño del Hospital de Niños de Connecticut, una rama pediátrica de la prestigiosa Universidad de Yale en los Estados Unidos: cuando un pibe o una piba tiene dificultades para dormir, está nervioso de manera sostenida o empieza con temblores que no tenían antes, conviene mirar con lupa cuánta cafeína está ingiriendo, porque ese puede ser el primer motor oculto del problema que se ve en la cama, en el aula y en el ánimo.

La neumonóloga infantil y especialista en medicina del sueño Sabhyata Agrawal, una de las voces más consultadas del equipo pediátrico de Yale, sostuvo que un consumo elevado de cafeína en la adolescencia no se limita a quitar el sueño: también puede disparar palpitaciones, molestias digestivas, una inquietud que no se va, ansiedad y un bajón marcado en el rendimiento escolar, tres señales que suelen aparecer juntas y que, vistas en conjunto, son una pista bastante clara para empezar a conversar en casa sobre lo que se toma y a qué hora. La Academia Americana de Pediatría, que es la sociedad médica de referencia para los pediatras de todo el continente, ya venía recomendando hace tiempo que los chicos eviten la cafeína como regla general, y desde Yale insisten en que esa indicación se cumpla de manera estricta antes de los dieciocho años.

Donde se esconde la cafeína que no parece cafeína

Otro de los puntos que más remarcan las investigadoras es que, para medir cuánta cafeína toma un adolescente, no alcanza con contar los cafecitos o los mates compartidos con los más grandes. La molécula aparece en bebidas energéticas que se publicitan como inofensivas, en las primeras gaseosas de la lista a las que muchos chicos se acostumbran desde la primaria, en el chocolate de la merienda, en chicles de distintos sabores y, sobre todo, en unos sobres saborizados que se consiguen fácilmente en quioscos y dietéticas, llamados popularmente sachets o polvos para preparar bebida, y que pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, un rango que, dependiendo del peso y de la sensibilidad del chico, ya entra en zona de riesgo. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría en el Departamento de Psiquiatría de Yale que sigue de cerca los patrones de consumo juvenil, explicó que los sabores dulces y frutales que dominan estos productos están pensados justo para tapar el amargor típico de la cafeína y para que los jóvenes los prueben sin pensar que están tomando algo estimulante.

“Los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden hacer que los jóvenes prueben estos productos sin dimensionar cuánta cafeína están incorporando”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale

El horario importa tanto como la cantidad

La advertencia sobre el horario es, para mí, el dato más prático para llevarse a la mesa familiar: según la doctora Agrawal, la cafeína empieza a hacer efecto entre treinta y cuarenta y cinco minutos después de tomarla, y entre cinco y seis horas más tarde todavía queda en el organismo cerca de la mitad de lo que se ingirió, por eso la recomendación concreta es evitarla después de las 13 o de las 14, ajustando ese corte al horario real en el que el chico o la chica suele irse a dormir. Ese efecto se cruza, además, con un cambio fisiológico propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y se vuelve más difícil levantarse temprano para el colegio, de modo que si al otro día el cuerpo está agotado aparece de nuevo la búsqueda de un estimulante, el alivio momentáneo vuelve a retrasar el descanso nocturno y se arma un círculo vicioso que se retroalimenta día tras día.

  • Prestar atención a señales combinadas: dificultad para dormir, nerviosismo, temblores y caída en el rendimiento escolar.
  • Revisar no solo el café: mirar también bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y sobres saborizados.
  • Cortar el consumo de cafeína después de las 13 o las 14, según la hora habitual de descanso.
  • Evitar las bebidas energéticas en niños y adolescentes por su alto contenido de cafeína y estimulantes agregados.
  • Acompañar la conversación sobre videojuegos y pantallas, ya que el consumo se mezcla con sesiones nocturnas y luz azul.

En el tramo final de la conversación con el equipo de Yale, la investigadora Jennifer Jiyun Park, del Departamento de Psiquiatría de esa universidad, dejó una frase que me parece clave para los adultos que tenemos chicos a cargo: las recomendaciones para adultos no se pueden trasladar tal cual a los menores, porque los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores, su cuerpo procesa la cafeína de manera distinta y, sobre todo, porque su sueño ya de por sí está siendo jaqueado por las pantallas. Y acá aparece el último punto, el que a veces se nos escapa: Park explicó que el consumo de cafeína durante las largas sesiones de videojuegos puede responder tanto al deseo genuino de mantenerse despierto como a una construcción de identidad, a una especie de código compartido con otros jugadores en línea, lo que vuelve todavía más necesario conversar, desde el rol de padres y de referentes adultos, sin pegar un sermón pero sin mirar para otro lado, sobre qué se toma, en qué vaso y hasta qué hora.

NS
Noelia SajamaComunidades y territorio

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